Reseña "tenemos que hablar de Kevin"
TENEMOS QUE ESCUCHAR A EVA
Hablar de ser madre en general siempre será un tema complejo, no es cuestión solo de una pareja de enamorados que pretenden materializar su amor, que podría ser la visión más romántica, se trata de encajar en el arquetipo de “LA MADRE”, la madre entregada, fiel a su pedacito de carne, buena, amorosa, la que en su lista de prioridades primero deben de estar las necesidades de sus hijos, esa que parece que antes de parir no era nadie, todo debe pasar a segundo plano, la regla dicta que para ser señalada como “buena madre”, tus senos deben de estar rebosantes de leche de calidad, para la cual debes cambiar tu alimentación, y sacar la teta a libre demanda al mínimo chillido del cachorro indefenso, tener todo un menú equilibrado para el sano crecimiento de la pequeña promesa rumiante, también tener un ingreso estable para darle la mejor y más cara educación al brillante Einstein, hacer lo imposible por conseguir diferentes cuentas de buen historial crediticio para ser candidato a la visa que te dará acceso al reino de “nunca jamás”, mismo que debe existir evidencia en los álbumes familiares enmarcando lo estúpido que te veías con grandes orejas de ratón, para al final, lograr que la pequeña eminencia logre regalarte su título universitario, esperando que no terminen de gerente de un Copel todos tus miles de pesos que comenzaste a invertir desde la primera prueba de embarazo.
No pretendo herir los egos de nadie, solo dejar claro como la imaginación de una mente pobre de criterio y lleno fantasías prefabricadas en Hollywood pueden transformar la vida de una madre, en todo un infierno.
Así es como Eva, el personaje principal de la novela escrita por Lionel Shriver en “Tenemos que hablar de Kevin”, nos platica sus emociones y sentimientos acerca de ser madre, el libro es un cumulo de cartas escritas a su marido Franklin a lo largo de seis meses, desde muy temprano en el libro sabemos que su primogénito Kevin es el autor de la peor de las masacres estudiantiles en la historia de USA haciendo a la “La Gran manzana” su entorno principal.
Carta a carta te vas empatizando con la agonizante Eva, una mujer independiente, exitosa, viajera del mundo y con un gran sentido crítico de la política de su país, una mujer enamorada y que se siente dichosa de haber encontrado el amor de su vida en Franklin, trata de comprender al hacer un recuento de su vida en pareja ¿Dónde estuvo el error?, ¿Qué salió mal?, ¿Por qué su hijo lleno de privilegios, atenciones y ciudadano del país de la libertad, se había convertido en el adolescente más despiadado hasta el momento?.
El sentimiento de culpa que la invade crece alrededor del carente gen de “la buena madre”, ese que les platique en un principio, ese gen que las mujeres “modernas” nos atrevemos a desafiar, por rebeldía o por la simple deconstrucción de la teoría, la historia te engancha, los reproches a franklin por el amor ciego a su primogénito varón son recurrentes en todo el libro, los matices que le dan vida al personaje de Kevin son en torno a una personalidad solitaria, agresiva y desafiante, no hay situación embarazosa donde no te nazcan ganas de darle unos buenos zapes al petulante y malcriado Kevin, la cosa es que los incidentes van subiendo de tono con forme las cartas avanzan, no hare espoilers en esta reseña pero están jodidos muy jodidos, en algún momento te das cuenta que esperamos lo pero para reaccionar y poner en orden el asunto, la recurrente negación de aceptar el deterioro de la salud mental es parte de la vida de todos, como dicen por ahí “ahogado el niño tapamos el pozo” ósea el prozac entra a la salvación, este tema se toca de manera ligera en la historia haciendo entender que es parte del procesos del mal estar emocional de Kevin, por ahora lo dejare aquí, en la video reseña le daré mucho más énfasis por su contenido delicado y extenso.
La cosa es que a Eva se le juzga de mala madre, y la pregunta recurrente de los personajes aleatorios es ¿Por qué lo hizo? Señalando con el dedo la razón más evidente, su falta de compromiso hacia el rol de madre, y es que… para juzgar a una madre terrenal se necesita ser la virgen Maria o de plano mejor hay que cerrar la boca, no existe madre creo yo, que no se haya preguntado ¿que hice mal? en algún momento de la vida, desde la madre de Donald Trump hasta Silvia Pinal.
Mi propia madre, en alguna época de mi adolescencia se hizo la misma pregunta… cuándo entre mis cajones encontró un inofensivo cigarro de mariguana, y es que la vida no es una película de Disney, y los hijos nos guste o no, tienen vida propia, así llenemos de grandes y orgullosas palomitas en la check list de “la buena madre”, el que es hijo de puta, lo va a ser y punto, aunque siempre ayudaría una rutinaria visita al psicólogo de cabecera (citas conmigo), el ser humano es un completo enigma que vive reflejando el aprendizaje de su entorno, le recomiendo leer “el hombre en busca de sentido”.
Así pues la obra amasa diferentes temas que hacen un perfecto pastel homogéneo entre leyes armamentistas permisivas, un país ignorante y falso, un estereotipo ya muy desgastado pero defendido ranciamente por mujeres y hombres temerosos de descubrir una paternidad conjunta, el libro es muy llevadero, interesante, fácil y estrujante, léalo y escuche a Eva que necesita hablar de Kevin.
PD: La película es buena, los actores son de gran calidad igual que sus interpretaciones, pero es una pequeña pincelada confusa de la verdadera historia.