Hace cinco años conocí al amor de mi vida.
Trabajo envidiable, camioneta, casa y familia perfecta.
Dios al fin había atendido mis oraciones.
Mi novio, mi amigo, mi futuro esposo. Mi todo.
Regalos, cenas caras, dos o tres viajes, chucherías, adaptarnos a sus tiempos, relojes, café, todo lo que el quisiera... encontraría la manera de que lo tuviera. Desde hacerle la tarea hasta pagarle la afinación de la camioneta, él lo merecía, merecía todo de mí.
Me prometió la casa, el perro y el jardín verde.
Me llevó a ver departamentos, me alimentó la fantasía del para siempre, porque él sabía que la necesitaba.
Yo comencé a estar loca, exageraba mis emociones, ellas solo eran amigas, mujeres necesitadas de un hombre como él, que las abrazara, que escuchara como sus novios las habían dejado, como habían abortado, como eran las amantes... él era el consolador de sus madrugadas, el salvador que curaba sus heridas y quizás, las besaba. No significaba nada. ¿Estaba conmigo, no?
Dejé que borrara mis ideales, pues él era demasiado bueno para ser real, valía cada desgaste mental, cada mentira que me decía, cada mujer nueva que llegaba a su trabajo.
Era insegura, celosa, no tenía autoestima... él me diagnosticó sin ser personal de la salud. Me mandó a terapia.
Seguía siendo el amor de mi vida.
Debía de cambiar, de entender que así era su estilo de vida, que yo debía de serle fiel, demostrarlo en cada acto, en cada red, en todos los espacios, pero no podía exigirle lo mismo, porque yo lo había provocado, yo lo había llevado con mis inseguridades a no ser merecedora de su amor.
Adiós a la casa, al perro, al jardín, lo eché a perder por idiota, porque no le puedo demostrar que valgo la pena.
Avienta el celular para no golpearme a mí, arroja limones a mi cara, a mis pies, para no darme con el puño, me menosprecia en público para no llorarle en privado.
Me compra mis flores favoritas, el celular del año, pero no puede estar con una mujer tonta como yo, que no tiene presencia, que no demuestra fortaleza.
Pido en terapia modificar todo lo que a el le molesta, me vuelvo lo que pedía... entonces ya no valgo nada, ya no sirvo, ya no le soy útil. Debo de aceptar que hay mujeres mejores que yo en su vida, por el simple hecho de tener una mejor camioneta, me lo dice en tono burlón.
Pienso en la muerte. En arrojarme del vehículo, el suicidio suena más placentero que seguir escuchando cómo es que soy insegura, mala mujer y que no valgo nada.
SOY LA PEOR PERSONA DEL MUNDO.
¿Cómo me atreví? Tantos años de relación, lo herí, le partí el alma, le destrocé el corazón, la vida. Merezco irme al infierno, me lo recordará siempre: no soy capaz de escuchar que otra mujer es mejor que yo y por eso exploto con violencia, necesito tratamiento psiquiátrico, necesito cambiar todo de mi, porque él no merece estar con una mujer como yo, el no merece esto, sabe cuanto vale y yo me he convertido en un monstruo.
Me castiga con semanas de silencio.
Pero sigue siendo encantador, sigue siendo una cortina muy costosa, muy hermosa; en público me envidian por cómo me trata, cuando me enfermo está conmigo, porque vivo con mis padres, porque mis amigos pueden enterarse del increíble novio que es. Pero tras bambalinas, es lo contrario.
Cuando dejo de mostrar en Instagram lo que me obsequia se molesta, me reprocha. Ya no le interesa estar conmigo en privado.
Necesito ir al ginecólogo, quizás sea un problema de ambos.
Nadie puede halagarlo, porque no es algo de presumir en redes sociales, le da igual el día, la hora o con quien vaya.
Le da igual el resultado.
Estoy loca y en el abismo.
Soy tonta, por no saber de su trabajo, por no conocer bien el tema de conversación, porque no conozco los términos. No importa que yo tenga un título universitario, que haya leído trescientos libros, todos mis diplomados, eso no vale, soy una ignorante, una burra, por ello no puedo ir con sus conocidos, aunque me haya empapado del tema, porque siempre hablarán de la misma cosa: aviones y mujeres.
Pero he leído los libros para hacerle sus trabajos, para que pueda crecer laboralmente.
No me debe nada, él lo hizo solo.
En menos de un mes consiguió una nueva novia, en menos de un mes presumió en redes a una mujer de las que habíamos hablado, a la cual me dijo yo no podía conocer, porque era SU AMIGA, NO MÍA.
Siento culpa. Yo lo cambié. Si hubiera tolerado, si hubiera tenido confianza ciega. Si hubiera...
Si hubiera sabido que salí con un NARCISISTA, me hubiera ahorrado cinco años de lágrimas, noches de insomnio, semanas de culpa y mucha violencia.