Mujer, permíteme elegirte en todas tus vidas.
Jesús Márquez García
seen from Russia
seen from United States
seen from Saudi Arabia

seen from Germany
seen from Germany

seen from Singapore
seen from Singapore

seen from Singapore
seen from China

seen from Germany

seen from United States
seen from China

seen from United States
seen from Italy
seen from Greece
seen from United States
seen from United States
seen from Netherlands
seen from Türkiye
seen from Italy
Mujer, permíteme elegirte en todas tus vidas.
Jesús Márquez García
Cónoceme.
Conoce mis inseguridades.
Conoce las cosas que me dan miedo.
Conoce que comidas no me gustan.
Conoce todos los lugares que quiero visitar.
Conoce todas esas canciones que me hacen bailar.
Conoce mis talentos “ocultos”.
Conoce mis animales favoritos.
Conoce las partes que más me gustan de mí.
Conoce los temas que me parecen interesantes para hablar.
Conoce mis manías.
Conoce mis formas de decir te quiero.
Conoce mis metas.
Conoce mis sueños.
Cónoceme, conoce quien soy realmente.
-Una simple desconocida.
y en la noche la melancolía me abruma
mis pensamientos se disparan
no encuentro una salida, me consumen
creyendo que todo lo que hago, está mal
no saben lo jodido que se siente.
ca0smind
Ella era el amor al cual debía renunciar, porque en ocasiones te encuentras un amor que por más que lo desees, no lo podrás probar.
Una de tantas flores
Entre tú y yo hay una flor.
Una flor como esta.
Una flor de contrastes.
Una tierna flor.
Nuestra flor es muy sencilla, sin embargo, tan honda, que abarca nuestra dimensión entera desenvuelta en el tiempo. Una flor que, expresada en palabras, concretiza una forma de tantas en las que puedo pensarnos.
Una de tantas, una de tantas flores.
Muchas veces creí ser un tonto, porque me enamoré de quien no lo merecía, y sin embargo hoy mi corazón baila como el viento cuando se funde con la lluvia, y esto es gracias a ti, porque te encontré sin haberte buscado, o tal vez si te busqué, o nos encontramos porque nos buscábamos, que sé yo, y si esto es obra del destino, entonces le debo dar las gracias, por haberte encontrado.
Toodyk_
Inconscientes (COVID19)
—Dime, si ahora mismo pudieras tener lo que quisieras. ¿Qué elegirías? —¿Lo que fuera? ¿Cualquier cosa? —preguntó incrédulo. —Cualquier cosa que imagines. —¿Estás de coña? Renovaría el teléfono, el ordenador, me compraría un buen coche y, ¿por qué no? Sumaría una casa con vistas al mar. —Entonces, ¿cambiarías todo lo que tienes ahora por todas esas cosas? —lanzó ella. —¿Cambiarlo? ¿Por qué iba a cambiarlo? —replicó confuso. —Sí. Te he preguntado qué elegirías si pudieras tenerlo todo, cualquier cosa. Y tu respuesta únicamente han sido cosas materiales. No has pedido tiempo, para compartir con los tuyos. No has pedido salud, ni para ti. Ni siquiera has pedido un abrazo, una cerveza con la gente que quieres, o poder despedirte de alguien si, por desgracia, tiene que irse demasiado pronto. —¿Cómo voy a pedirlo? Todo eso que me dices ya lo tengo, no va a cambiar ni se va a ir a ninguna parte. Ni se me ha pasado por la cabeza. —Ahí está el problema —respondió ella—. Que vivimos tan pendientes de lo que nos falta, de objetos y cosas materiales, que siempre nos olvidamos de lo más importante. Damos por hecho que todo aquello que tenemos estará ahí, eternamente, esperándonos. Sin cambios. Por y para nosotros. —Estás exagerando… No seas tan extremista —replicó. —¿Te imaginas que el próximo año, de repente, llegara una enfermedad que arrasara con medio planeta? Tal vez con parte de tu familia, amistades, o cualquier otra persona conocida —preguntó ella. —Eso es totalmente improbable, estamos en el siglo XXI… La ciencia puede con todo. —Ponte, por un momento, en esa situación. ¿Cambiarías entonces tu respuesta? ¿Cambiarías tus preferencias? —Hombre, por supuesto. En ese caso, tan hipotético como improbable, claro que cambiaría mi respuesta. —¿Y qué elegirías entonces? —Elegiría que se parara el tiempo —respondió contundente—. Que toda la gente que quiero estuviera a salvo, lejos de cualquier enfermedad. —¿Y si estuvieran totalmente aislados en un hospital, pendientes de un hilo, y no pudieras verles, ni tocarles? —Entonces desearía dar marcha atrás, poder darles tantos besos y abrazos como pudiera. Decirles que les quiero, dejarles claro lo mucho que me importan. Querría disfrutar con ellos de cada momento. Aprovecharía hasta el último segundo. —¿Y realmente has necesitado que me invente una enfermedad tan improbable para darte cuenta de tus verdaderas prioridades? —Tienes toda la razón —confirmó él—. ¿Por qué esperar a mañana? Siempre esperamos a mañana. Somos idiotas… —No somos idiotas, sólo terriblemente inconscientes.