<<—Las relaciones hay que cuidarlas si no quieres que se vayan directas a la mierda. >>
❄️El invierno de tus besos (Disponible en Wattpad). Podéis pedirme link si queréis leerla gratis.
$LAYYYTER
Cosimo Galluzzi

Janaina Medeiros
occasionally subtle

@theartofmadeline
NASA

#extradirty

shark vs the universe

pixel skylines

oozey mess
Lint Roller? I Barely Know Her
Xuebing Du
Sweet Seals For You, Always

⁂
Mike Driver
One Nice Bug Per Day
DEAR READER
Claire Keane
RMH
will byers stan first human second

seen from United States

seen from Mexico

seen from United States

seen from Singapore

seen from Malaysia

seen from China

seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Türkiye

seen from Singapore
seen from United States

seen from United States
seen from Brazil
seen from Malaysia

seen from United States

seen from Singapore

seen from Mexico

seen from United States

seen from Canada
seen from United States
@fuckingsecretsinabox
<<—Las relaciones hay que cuidarlas si no quieres que se vayan directas a la mierda. >>
❄️El invierno de tus besos (Disponible en Wattpad). Podéis pedirme link si queréis leerla gratis.
❄️ El invierno de tus besos.
📚 Ya disponible en Wattpad.
❄️ Ya disponible en Wattpad ❄️
El invierno de tus besos (Wattpad) ❄️🤍
¿Cuál es el precio de la felicidad? ¿A qué renunciarías por tratar de alcanzarla? ¿Crees en el amor verdadero, en las h...
📚 ¡¡ ESTRENO EN WATTPAD !! 📚
Y tú, ¿te atreves a soñar?
Súmate al invierno. ❄️🤍❄️
📖 SINOPSIS 📖
¿Cuál es el precio de la felicidad? ¿A qué renunciarías por tratar de alcanzarla? ¿Crees en el amor verdadero, en las h...
¿Cuál es el precio de la felicidad? ¿A qué renunciarías por tratar de alcanzarla? ¿Crees en el amor verdadero, en las historias de una vez en la vida? ¿Hasta dónde llegarías por tratar de aferrarte a la tuya?
Claudia está atrapada en la rutina. Se da cuenta de que, con el tiempo, se ha ido perdiendo a sí misma, y todo lo que un día había soñado. Lleva en la mochila una relación que ya no la hace feliz. Pronto decidirá romper las cadenas que la oprimen, retomar las riendas de su vida y volver a darse la prioridad que merece. Su vida se pondrá patas arriba. En medio del caos conocerá a Marc, un fotógrafo que pertenece a un mundo totalmente opuesto al suyo, y con él descubrirá un amor hasta ahora desconocido. Por primera vez, siente que todo cobra sentido. Pero no será tan sencillo. Su poderoso padre, y su ex, no aprobarán esa decisión, y no descansarán hasta destruir su nueva relación. Claudia tendrá que ponerse a prueba a sí misma, y el amor que siente por Marc, para enfrentarse a todos los que tratan de arruinar su felicidad. Incluida su propia familia. Marc, para enfrentarse a todos los que tratan de arruinar su felicidad. Incluida su propia familia.
¿Link? ❄️🤍❄️
#romance #adulto
📚 ¡LANZAMIENTO EN WATTPAD! 📚
❄️ Dicen que hay amores de una sola vez en la vida. Trenes inesperados que solo pasan una vez por la estación. Historias capaces de dejar una huella tan profunda en el alma, que todo tu mundo parecerá volverse loco, en el mejor de los sentidos. De ti dependerá aferrarte a cada segundo, luchar con uñas y dientes por tu propia felicidad, aún teniendo todo en contra. Aún perteneciendo a mundos totalmente diferentes. Y tú, ¿desafiarías cualquier límite y barrera solo por una persona? ¿Serías capaz de enfrentarte a cada obstáculo, aunque eso implicara luchar contra tu propia familia?
❄️ El amor, a veces, duele más que una daga directa al corazón. Y el hielo, aunque no lo creas, también puede quemar.
❄️ 22/09/22 estreno en Wattpad de #ElInviernoDeTusBesos
❄️ Súmate al invierno. ❄️🤍
Te olvidaste de ti.
Lo hiciste lo mejor que pudiste, no te quepa duda. Aguantaste como nadie, tratando de romper cada límite, barrera, u obstáculo que se interponía entre vosotros. Esperaste, más de lo que hubieras imaginado, más de lo que nadie hubiera esperado por ti. No te rendiste, nunca, incluso cuando todas las señales indicaban que tal vez era mejor dar media vuelta. Seguiste ahí, de pie, sin importar cuantas veces terminaras en el suelo, sin importar cuántos golpes y heridas fueran grabándose en tu corazón. Relegaste la memoria a un segundo plano, la hiciste callar, le prometiste que todo saldría bien, que sólo sería cuestión de tiempo. Te repetiste, una y otra vez, que tendría un buen final, que llegaría ese día en el que podrías decir que todo habría merecido la pena. Te ilusionaste como no habías hecho antes, soñaste más de lo que hubieras llegado a pensar, volaste tan alto que apenas podías rozar el suelo con los pies. Seguiste luchando, enfrentándote a cualquier adversidad, siempre en primera línea de batalla. Dibujaste mil historias de papel, fuego y pólvora, y anhelabas que se hicieran realidad. No fallaste, ni una sola vez, pese a haber tenido motivos para marcharte lejos y no volver. Te alejaste del rencor, de la rabia, y de cualquier pincelada oscura que pudiera empañar aquella bonita historia. Caminaste siempre tras los pasos de tus latidos, llevando encima un único mapa cargado de sentimientos, honestidad y verdad. Creíste que podrías ser el bote salvavidas de algo que, por mucho que costara aceptar, no sólo dependía de ti. Hiciste más de lo que cualquier persona hubiera estado dispuesta a hacer. Quisiste sin medida, sin peros, sin dejar de intentarlo hasta el último día. Te echaste la culpa varias veces, te llenaste de preguntas y explosiones de recuerdos inconclusos. Pero no, tú no tenías el timón de ese barco. A decir verdad, sabes que nunca fue tuyo. Entregaste cada minuto, hora, sonrisa y lágrima. Trataste de hacerlo lo mejor posible. Y lo hiciste. Diste todo lo que tenías, incluso más. Pagaste un precio muy alto, aunque no te importara. Te fuiste haciendo de hielo y metal, poco a poco, sin apenas darte cuenta. Defendiste con uñas y dientes aquello que querías, siguiendo las normas que dictaba tu corazón. Lo intentaste, demasiadas veces. Pero te olvidaste de una cosa, la más importante. Te olvidaste de ti.
Enséñame a decirte adiós.
Enséñame a marcharme, a escapar, a tener el valor de salir corriendo sin mirar atrás. Enséñame a protegerme, a que no me haga daño, a forjarme un escudo a prueba de bombas, emociones y sentimientos. Enséñame a huir de las tormentas de recuerdos, de los puntos suspensivos, de las canciones que aún llevan tu nombre. Enséñame a no ser la parte que siempre se queda esperando, aún después de tanto tiempo, por algo que no va a poder ser. Enséñame a cruzar la línea, a que todo me dé igual, a no seguir reabriendo heridas que no quieren cicatrizar. Enséñame a pasar página, a seguir adelante, a romper este bucle infinito que siempre me lleva al mismo punto. Enséñame a hacer callar al corazón, a detener cada latido, a transformar en hielo el fuego que aún arde por mis venas. Enséñame a levantar muros, tan altos y fuertes como sea posible, a cubrirme de imponentes fortalezas, a labrarme una armadura en la que no tenga cabida la palabra amor. Enséñame a mantenerme lejos, aún queriendo estando cerca, a cortar ese maldito hilo rojo que no deja de llevarme siempre a ti. Enséñame a escribir puntos finales, a borrar cada página de ese viejo libro del que no he conseguido desprenderme. Enséñame a no ser siempre la pieza que pierde, a no seguir echándote de menos. Enséñame a apagar la llama de la esperanza, a matar las ganas y hacer pedazos la ilusión que aún guardo sin querer. Enséñame a saber responder todas y cada una de las preguntas sin respuesta, a obviar los silencios, a entender que, a veces, no es necesario entender. Enséñame a hacer trizas el papel, a dejar que se seque la maldita tinta, a no insistir más en darle un bonito final a un cuento que ni siquiera yo sé si tiene sentido. Enséñame a alejarme, a no pensarte, a no seguir sonriendo cada vez que mi memoria decide traicionarme. Enséñame a no sentirme tan idiota cada vez que trato de volver a ti. Enséñame a empezar de nuevo, a creer que sólo eres un imposible, a ver que, lo que más quise, será algo que nunca podré tener. Enséñame a transformar tu indiferencia en rabia, tu frialdad en distancia, tu falta de tiempo en argumentos. Enséñame a no seguir luchando por ti, por nosotros. Enséñame a recoger mis pedazos, los restos de aquel naufragio, y llevármelos tan lejos como pueda. Enséñame a ver la realidad, tu realidad. Enséñame a escapar de esta prisión que no deja de causar dolor. Enséñame una salida. Por favor, enséñame a decirte adiós.
Cuando pase la tormenta.
Hay días, momentos, etapas, en los que no sabes qué camino o dirección tomar. Tu mapa se vuelve abstracto, confuso, y comienzas a perderte, una y otra vez, mientras la espesa niebla se empeña en seguir tus pasos. Tu cabeza se convierte, sin querer, en tu peor enemigo, y terminas cayendo de cabeza a un pozo en el cual no ves salida. Nubes de recuerdos, nostalgia, problemas, tristeza y caos, colisionan entre sí, sin descanso, sin tregua, formando una verdadera tormenta de oscuridad que te arrastra, sin previo aviso, a lo más profundo de sus entrañas. Dejas de ser, de sentir, y comienzas a dejarte llevar por la más pura inercia. Caminas sin sentido, sin rumbo ni dirección, hacia ninguna parte. Tu vida se sume en un bucle continuo de todo y nada. Intentas avanzar, escapar, salir corriendo, pero tus pies permanecen inmóviles. Un muro de hielo y piedra recorre tu piel, guardando en su interior un océano de nudos de garganta, silencios, y lágrimas por escribir. Protegiendo los últimos latidos que han logrado sobrevivir al incendio. Las paredes de tu habitación se convierten en la cárcel que, cada noche, guarda los secretos de tus heridas. El miedo se ha acostumbrado a susurrarte al oído, y la inseguridad pasa a convertirse, poco a poco, en tu mejor amiga. Te convences de que nada puede salvarte, de que no eres capaz, suficiente, de que no tienes valor. Te culpas, de todo, y decides convertirte en un cero a la izquierda. Crees que nadie te entenderá, que nadie podrá ponerse en tu lugar. Te equivocas. Te avergüenzas de estar así, de sentirte así, de no poder encontrar una salida. Vuelves a equivocarte. Gritas, lloras, callas, dejas que la desesperación tome otra vez el control, y, de nuevo, eliges fallarte. Comienzas a descuidar la parte más importante de la historia, a despreciar la pieza clave. Comienzas a perderte a ti. Si supieras los océanos de dolor que esconde cada sonrisa, si pudieras ver lo iguales que somos, pese a tantas diferencias. Si pudieras entender que eres la llave, y no el obstáculo. Que eres la solución, y no el problema. Tal vez no sepas cómo, dónde, cuándo, o por qué. Tal vez no tengas nada, o a nadie. Pero te tienes a ti. Tienes lo que has sido, lo que eres, y todo lo que puedes llegar a ser. Eres papel, tinta y magia. No lo olvides. Eres la historia que aún está por escribir. No te pongas límites, no te pongas barreras. Deja de señalarte con el dedo. Recoge todos los pedazos y haz un escudo inquebrantable. Recoge cada pieza, cada lágrima, y desilusión. Cose cada sueño y promesa que abandonaste porque no creías en ti, o porque simplemente te hicieron ver que nunca podrías. Que tus latidos sean el incendio que haga arder, de nuevo, las llamas de la ilusión. No te apagues. No dejes que te borren. Sigue adelante. Ponte en pie. Vuelve a caerte. Sigue levantándote. Busca el modo de alzar el vuelo, rompe el muro que te separa de todo aquello que un día quisiste, escapa de tu propia prisión. Aprende a quererte, a cuidarte, a darte el lugar que mereces. No te sientas culpable cada vez que falles. Rómpete de nuevo si es necesario, y, luego, vuelve a reconstruirte. Jamás olvides que tú, y nadie más que tú, eres el rey o reina de tu propio cuento. Nunca olvides que, mientras sigas respirando, no habrá metas imposibles. Busca tu mejor ejército tras el espejo, saca tus armas más fuertes, y espera. Pronto amainará, pronto será tu momento. Prepárate. Es tu turno. Cuando pase la tormenta.
Empiezo proyecto en Wattpad (link abajo). Podéis seguirme allí también.
I start a new proyect on Wattpad (link below). You can follow me there too.
Fisioterapeuta. A veces, me da por escupir emociones en forma de palabras. Otras, directamente escribo. Me gusta plasm...
Quererte no fue elección.
No elegí que llegaras, sin avisar, sin esperarte, sin haberte estado buscando. Ni que decidieras marcharte sin previo aviso. Tampoco elegí construir, de la nada, una historia que lograría marcarme para siempre. Un capítulo que, a aún día de hoy, sigo echando de menos. No elegí crear momentos únicos, mágicos, extremadamente bonitos. Ni que llegaran a convertirse, con el paso de los años, en simples tormentas de recuerdos y nostalgia. No elegí que dos desconocidos consiguieran romper las reglas del tiempo y la distancia, y que pudieran llegar a sentir tanto, en tan poco. No elegí que fuéramos intensidad, locura, ni los kilómetros que separaban ambos cuerpos. No elegí que nos diera igual cualquier circunstancia, que decidiéramos dejarnos llevar, que fuera inevitable no poder dar marcha atrás. No elegí cada promesa y sueño que pusimos en común, ni todos los que nunca llegamos a hacer realidad. No elegí que no saliera como hubiéramos imaginado, ni que, aún ahora, lleve encima una mochila de silencios y preguntas sin respuesta. No elegí que te fueras alejando, poco a poco, sin dar explicaciones. No elegí quedarme aquí, con la llama aún prendida, creyendo que todo podría volver a ser como antes. No elegí que todavía me duela, que aún me duelas. No elegí que fueras diferente al resto, que me hicieras sentir de un modo que nadie más ha podido. No elegí escribirte, hablarte, con cualquier excusa o pretexto, cada vez que mi corazón necesitaba saber que seguías bien. No elegí querer saber de ti, aún después del último adiós. No elegí continuar guardándote en un sitio bonito. No elegí seguir con esperanza, ganas, e ilusión. No elegí intentar marcharme, para volver, de nuevo, siempre al punto de partida. No elegí que fueras la persona por la que más he sentido, ni que, cuanto más trataba de separarme, con más fuerza volvía a ti. No elegí ser el fuego en medio de tus muros de hielo. No elegí estar ahí, querer estar ahí, siempre que fuera necesario. No elegí ser la parte que esperaría por algo que nunca iba a llegar. No elegí ser la mitad que, aún en este preciso instante, sigue sigue sintiendo la necesidad de dedicarte sus letras. No elegí las heridas, ni cada una de las cicatrices. No elegí que no tuvieras el valor de hablarme con el corazón. No elegí no poder olvidarte. No elegí enamorarme de ti. Así que no. Quererte no fue elección.
Todo lo que quieras ser.
Demasiadas preguntas, dudas, miedos. Demasiadas tormentas de silencio encerradas en rutinas color gris. Demasiadas ganas de todo, y de nada al mismo tiempo. Minutos, horas, días, tirados a la basura pensando en todo lo que nos gustaría ser, y en todo lo que nunca seremos. Sueños obligados a romperse por el simple hecho de creer que no podemos, sin tan siquiera dar un paso al frente para intentarlo. Apagamos las ganas, matamos la ilusión, y, de nuevo, volvemos a convencernos de que no somos capaces. Seguimos caminando por inercia, dejándonos llevar por ese “ya llegará” que, realmente, nunca llega. Prisioneros de nuestras propias sombras, esclavos del temor a lo desconocido, a todo aquello que no podemos tener bajo control. Pensar que no somos suficientes se convierte en un comodín automático que, sin apenas darnos cuenta, va mermando nuestras ganas de soñar. Pasamos a ser nuestro peor enemigo, nuestra propia zancadilla, el mayor obstáculo a lo largo del camino. Cambiamos la luz por oscuridad, los “tal vez” por “seguramente no”. Cambiamos lo totalmente factible por improbable. Nos agarramos a lo imposible como forma segura de disculpar el no habernos atrevido a saltar y probar suerte. Somos verdugos de nuestras propias alas. Y, de pronto, un día te das cuenta de que ya no queda tiempo. La vida se ha escapado y, en apenas un suspiro, se perderán para siempre todos nuestros “quizás algún día”. Pero, afortunadamente, ese día no ha llegado. Aún hay tiempo. Aún puedes dar un golpe sobre la mesa, cambiar la partida, decidir cómo y cuándo empezar a ser. Olvida la excusas, planta cara a las inseguridades, al miedo, a todo aquello que trate de ponerte freno. Respira hondo, coge tanto aire como puedas. Es el momento, es ahora o nunca. Corre hacia el espejo, aprende a respetar y querer cada centímetro de reflejo. Trata de ser tu mejor escudo, tu mayor arma de protección, el pilar fundamental en cada idea, sueño e ilusión. Date la mano, siempre. Pon un voto de confianza en cada paso, olvida las circunstancias, defiende con uñas y dientes eso que tú consideras felicidad. No importa cuántas veces toques el suelo. No importa cuántas puertas se cierren. Sigue. Confía. Levántate de nuevo. Empieza las veces que sea necesario, no te rindas, no abandones. No dejes que se apaguen tus ganas. Es tu vida, tu camino, tus normas. Porque nadie, salvo tú, tendrá el poder de llevarte donde quieras. Pelea, lucha, defiende con constancia y honestidad aquello en lo que creas. Trabaja, esfuérzate, aprende y trata de hacerlo mejor cada día. Visualiza la meta, pero, sobretodo, aprende a disfrutar como nunca del camino. Confía en ti, más que en nadie, más que nunca. Porque, ese día, llegará. Y ahí, justo ahí, probarás el sabor de la verdadera libertad. Y entonces serás, todo lo que quieras ser.
Inconscientes (COVID19)
—Dime, si ahora mismo pudieras tener lo que quisieras. ¿Qué elegirías? —¿Lo que fuera? ¿Cualquier cosa? —preguntó incrédulo. —Cualquier cosa que imagines. —¿Estás de coña? Renovaría el teléfono, el ordenador, me compraría un buen coche y, ¿por qué no? Sumaría una casa con vistas al mar. —Entonces, ¿cambiarías todo lo que tienes ahora por todas esas cosas? —lanzó ella. —¿Cambiarlo? ¿Por qué iba a cambiarlo? —replicó confuso. —Sí. Te he preguntado qué elegirías si pudieras tenerlo todo, cualquier cosa. Y tu respuesta únicamente han sido cosas materiales. No has pedido tiempo, para compartir con los tuyos. No has pedido salud, ni para ti. Ni siquiera has pedido un abrazo, una cerveza con la gente que quieres, o poder despedirte de alguien si, por desgracia, tiene que irse demasiado pronto. —¿Cómo voy a pedirlo? Todo eso que me dices ya lo tengo, no va a cambiar ni se va a ir a ninguna parte. Ni se me ha pasado por la cabeza. —Ahí está el problema —respondió ella—. Que vivimos tan pendientes de lo que nos falta, de objetos y cosas materiales, que siempre nos olvidamos de lo más importante. Damos por hecho que todo aquello que tenemos estará ahí, eternamente, esperándonos. Sin cambios. Por y para nosotros. —Estás exagerando… No seas tan extremista —replicó. —¿Te imaginas que el próximo año, de repente, llegara una enfermedad que arrasara con medio planeta? Tal vez con parte de tu familia, amistades, o cualquier otra persona conocida —preguntó ella. —Eso es totalmente improbable, estamos en el siglo XXI… La ciencia puede con todo. —Ponte, por un momento, en esa situación. ¿Cambiarías entonces tu respuesta? ¿Cambiarías tus preferencias? —Hombre, por supuesto. En ese caso, tan hipotético como improbable, claro que cambiaría mi respuesta. —¿Y qué elegirías entonces? —Elegiría que se parara el tiempo —respondió contundente—. Que toda la gente que quiero estuviera a salvo, lejos de cualquier enfermedad. —¿Y si estuvieran totalmente aislados en un hospital, pendientes de un hilo, y no pudieras verles, ni tocarles? —Entonces desearía dar marcha atrás, poder darles tantos besos y abrazos como pudiera. Decirles que les quiero, dejarles claro lo mucho que me importan. Querría disfrutar con ellos de cada momento. Aprovecharía hasta el último segundo. —¿Y realmente has necesitado que me invente una enfermedad tan improbable para darte cuenta de tus verdaderas prioridades? —Tienes toda la razón —confirmó él—. ¿Por qué esperar a mañana? Siempre esperamos a mañana. Somos idiotas… —No somos idiotas, sólo terriblemente inconscientes.
Aunque no diga nada.
Me pregunto si estarás bien, si todos los tuyos estarán bien. Me preguntó cómo estarás llevando estos días grises, diferentes, duros, cómo estarán soportando tus sueños este maldito encierro entre cuatro paredes. Me pregunto si tendrás miedo, si la intranquilidad se acostumbrará a visitarte por las noches, cuáles serán tus mayores temores en este momento, si realmente podría hacer algo por ti. Me pregunto si tú también pensarás en mí, si te preguntarás cómo me estará tratando la vida, si se está siendo generosa o demasiado cruel. Me pregunto qué echarás de menos en este preciso momento, qué recorrerá tu mente y en qué se bañarán tus pensamientos ahora mismo. Me preguntó si han llamado los recuerdos a tu puerta, si durante esta etapa complicada, en algún momento, has usado nuestra historia como refugio. Me pregunto si sabes que sigo aquí, y que siempre estaré si así lo necesitas. Me pregunto qué hemos hecho mal para que, en una situación como esta, ni siquiera tengamos el valor de escribir un simple mensaje, de preguntar, de tendernos la mano. Me pregunto si aquella fue nuestra última conversación, si finalmente la distancia ganará la partida y estaremos condenados a ser dos simples desconocidos. Me pregunto por qué te fuiste, por qué ni siquiera pudiste despedirte, o decirme que no ibas a volver. Me pregunto por qué tantas promesas rotas, por qué tantas palabras vacías, por qué tantos silencios si ya sabes lo que duelen. Me pregunto si soy un punto seguido, una coma, o ya formo parte de tus puntos finales. Me pregunto por qué ni siquiera podemos llamarlo amistad, por qué desapareces más de lo que estás presente, por qué levantaste tantos muros que nunca he llegado a comprender. Me pregunto por qué sigo aquí, por qué te sigo llevando tan dentro, guardando en mis mejores letras, por qué sigues siendo tan imprescindible, importante, inalterable. Me pregunto por qué no puedo ser como tú. Por qué tengo que ser yo la parte débil. Me pregunto si tal vez no soy suficiente, si tal vez nunca lo fui. Me pregunto cuánto durará esta falsa fortaleza, cuánto hasta volver a hacerme, de nuevo, pedazos. Me pregunto tantas cosas, y todas me llevan a ti. Aunque no diga nada.
Carta de despedida.
Me costó entender que ya no me querías. Me costó aceptar que, lo que yo entendía como cuestión de tiempo, no era más que una falsa ilusión, algo que jamás iba a acabar sucediendo. No te culpo, eso está claro, no podemos elegir de qué modo queremos, ni cuánto, ni siquiera cuándo se va a terminar eso que sentimos. Digamos que, tu fecha de caducidad y la mía, no estaban destinadas a seguir el mismo camino. Me costó darme cuenta de que no ibas a cumplir cada una de las promesas que me habías hecho, que sólo eran palabras vacías, antídoto peligroso que aumentaba mi esperanza. Me costó ver que no se trataba de miedo, ni de algo temporal que finalmente tendría solución, sino de un nuevo capítulo exactamente igual al anterior. Me costó dejarme la piel, dar tanto como pude, e incluso más, y quedarme esperando demasiados inviernos. No por ti, ya que lo volvería hacer, sino por mí. Por pensar que todo lo que estaba haciendo acabaría por fin con aquel esperado final feliz. Por pensar que todo eso, tendría su recompensa. Tal vez nunca me planteé que, todo lo que yo sentía, quizá estuviera ya en proceso de extinción dentro de ti. No te lo reprocho, como bien dije antes, no elegimos qué sentir. Pero, siendo honestos, si pudiera volver atrás sí te pediría algo. Una cosa muy sencilla, al menos bajo mi punto de vista. Te pediría valentía. Honestidad y, sobre todo, valentía. Te pediría que no te hubieras guardado nada, que siempre me hubieras disparado con la verdad, por mucho que me doliera, por muchas heridas o daño que me hicieras. Me habrías ahorrado tiempo, me habrías ahorrado sueños rotos, me habrías ahorrado volverme un muro de frío y piedra. Me habrías ahorrado decepción. Tu mayor miedo. Mi mayor golpe. Sobra decir que aún te quiero, por extraño que parezca, sino jamás estaría escribiendo estas letras. Sobra decir que aún te espero, aunque ya no sé por cuanto tiempo. Sobra decir que, pase lo que pase, siempre tendrás mi puerta abierta, y siempre estaré aquí, disponible, para todo lo que necesites. Lo sabes. Lo sé. Pero también sabes que ya he hecho demasiado, que he tirado por los dos en este carro que ha perdido por completo el rumbo. No me culpes por ahogarme en esta lucha en solitario. No me culpes por haberme quedado aquí, luchando sin descanso, a pesar de tantos silencios. Me han podido las preguntas sin respuesta. Me han podido tus ausencias. Me han podido los mensajes en el aire, mientras yo no podía dejar de pensar en cómo estabas. Aún me rompo en pedazos escribiendo estas palabras. Aún vibro con tu nombre. Con nuestros recuerdos en común. Pero sabes que ya he tocado fondo, que ya he hecho demasiado. Ahora te paso el testigo, ahora queda en tu campo el destino de este barco. Haz lo que estimes, lo que creas oportuno, pero con sinceridad. Te dejo mis letras, mis textos, mis mejores momentos. Te dejo todas y cada una de las sonrisas que me lograste arrancar. Te dejo lo que sólo ambos sabemos. Tú verás qué hacer con ello. Guardo una llave de repuesto aún en el corazón, por si decides volver y utilizarla. Por si decides querer entrar. Pero, por favor, ven con cuidado y no lo rompas. No le hagas daño. Quédate o márchate. Haz lo que quieras, lo respetaré. Corre lejos o vuelve. Lo que sea. Pero hazlo. Tal vez tú tengas el salvavidas que ambos necesitamos, o tal vez seas la llama que confine todo a ruinas. Mi más sincero te quiero, y mi carta de despedida.
No faltes en agosto.
Qué rápido pasa el tiempo, ¿verdad? Hace años que nos encontramos en el camino y, aún hoy, sigo esperando por ti. Ya no suelo pensar tanto cómo antes en qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes, tampoco trato de adivinar con la misma frecuencia qué estará pasando por tu cabeza, o qué lugar ocupo en tu vida, supongo que, a lo largo del camino, he aprendido que quizá eso no sirva de mucho. Te quiero con la misma intensidad, y de la misma forma, sigo con la llama de la esperanza totalmente prendida, con las ganas y la ilusión guardadas en el cajón del por si acaso, pero ya no me pregunto por qué. He dejado de echarle la culpa a la distancia, al fin y al cabo son kilómetros, miles de metros que se convierten en nada en un siglo donde todo puede estar al alcance de tu mano, de una u otra forma. Si deseas hacerte sentir cerca, puedes estar tan cerca como imagines, y, si no, la distancia destrozará todo a su paso y se hará aún mayor. También he comprendido que quien quiere, puede, y quien no quiere, jamás va a poder, independientemente del resto de factores. También he logrado entender que la valentía es un requisito imprescindible para todo lo que consideras importante. Ser valiente significa no callarte jamás las cosas bonitas, no tirar la toalla por miedo a que algo pueda salir mal, ponerte en primera línea para recibir los golpes con tal de proteger a los tuyos. Ser valiente es apostar, arriesgar, y, sobre todo, tener la maleta siempre llena de honestidad, aunque a veces causes un daño inevitable. No han sido pocas las veces que he pensado en retirarme de la partida, cancelar el juego, irme lejos y esperar a ver si vendrías a buscarme. Pero nunca lo he hecho, no sé si quererte tanto era el principal motivo, o puede que el pánico ante la posibilidad de comprobar que no ibas a venir, y perderte para siempre, estuviera detrás. Lo cierto es que me quedé, elegí quedarme, y sabes que no me arrepiento. Supongo que no soy de esas personas que pueden marcharse sin acabar de escribir el libro que aún no hemos podido terminar. Por eso te escribo hoy, para decirte que estoy aquí, que sigo aquí, aunque yo ni siquiera sepa dónde estás. Finjo que no me importa mientras te imagino sonriendo, disfrutando, feliz, así la incertidumbre se hace menos dura. ¿Autoengaño o realidad? Supongo que me da igual. Prefiero pensar que todo te va bien, que saber que no es cierto y no poder hacer ni decir nada. Seis años, exactamente setenta y dos meses, se dicen pronto, pero créeme, han sido más largos que cortos. Creo que ha llegado la hora de seguir escribiendo, de saber qué dirección tomar, de conocer tu respuesta. Sabes que he esperado lo que hiciera falta, sin preguntas, sin nada más que silencio. Pero es hora de continuar el siguiente capítulo, tú decides si te gustaría escribirlo conmigo. Siempre tendrás mi puerta abierta, aquí te espero, como los últimos 6 años. De ti depende. Coge el corazón en una mano, pregúntale si también me quiere, o si necesita dejarme ir. Dímelo en el próximo abrazo, dímelo más pronto que tarde, pero dímelo. No te pido más. Necesito verte. Necesito saber. Necesito respirarte. No tengas miedo. No guardes silencio. No faltes en agosto.
De nada sirve querer.
De nada sirve querer. De nada sirve tener la intención de dar todo por alguien si, al final, no vas a terminar haciéndolo. De nada sirve prometer, llenar innumerables cofres cargados de promesas vacías, condenadas a apagarse, porque simplemente no vas a hacer nada por llevarlas a cabo. De nada sirve agotar los minutos pensando en esa persona, en cuánto la quieres, en todo lo que te gustaría construir con ella, si te vas a dejar llevar por el silencio y no vas a tener valor de decirle nada. De nada sirve que imagines una y mil veces los abrazos que te gustaría darle, los besos que quedaron pendientes, si no tienes intención de armarte de coraje y dárselos. De nada sirve que te quedes esperando al día perfecto, al momento perfecto, porque, sinceramente, eso nunca llegará, no hay ocasión más perfecta que el aquí y ahora. De nada sirve que enciendas ilusiones, que las dejes arder entre llamas brillantes, si no vas a luchar por mantenerlas vivas. De nada sirve que sueñes, que tengas expectativas y planes, si no vas a mover un solo dedo para que puedan hacerse realidad. De nada sirve lamentarse por perder, si no te has puesto en el frente de batalla para intentar evitarlo. De nada sirve sentarse a ver cuándo llega la primavera si no eres capaz de disfrutar también de los días de invierno. De nada sirve arrepentirte, si al cabo del tiempo vas a volver a hacer exactamente lo mismo. De nada sirve que alguien sea imprescindible, irremplazable, extremadamente importante en tu vida, si no vas a recordárselo cada día. De nada sirve querer romper la distancia, sea física o de cualquier otro tipo, si no empiezas a dar pasos para hacerla más pequeña. De nada sirve que tengas ganas, si no las llevas a la práctica. De nada sirve que lances canciones al viento, o escribas cientos de cartas, si no eres capaz de entregarlas a su destinatario. De nada sirve que anheles que otros den el primer paso, si tú no te atreves a hacer exactamente lo mismo por ellos. De nada sirve que recibas oportunidades si no sabes o no quieres aprender a aprovecharlas. De nada sirve que te culpes, una y otra vez por todo lo que has hecho mal, si no te pones en pie y le plantas cara al miedo para hacerlo mejor la próxima vez. De nada sirve dibujar corazones si no eres capaz de dejar latir el tuyo con total libertad. De nada sirve querer dejarse la piel por una historia si no eres capaz de arriesgarlo todo por hacer extraordinarios sus capítulos. De nada sirve querer ganar, si el temor a perder consigue dejarte inmóvil. De nada sirve que no quieras que se vaya, mientras, sin darte cuenta, le estás obligando a hacerlo. De nada sirve que te quieran, si no son capaces de hacer que lo sientas, de dejártelo claro. De nada sirve el amor si es en un solo sentido. Así que no, de nada sirve querer.
Mañana serás más fuerte.
Nueva caída, ¿verdad? No has podido tan siquiera darte cuenta y ya estás ahí, de nuevo, de rodillas en ese pozo frío y oscuro. Hacía tanto tiempo que no visitabas ese incómodo lugar que ya no recordabas el duro tacto de sus paredes, la ausencia completa de luz, esa bomba de relojería anclada al pecho. Te quedas mirando las malditas manecillas del reloj con esa perfecta ilusión de que, tal vez, en unos cuantos golpes más se produzco un giro en el guión. Pero no pasa nada, absolutamente nada, salvo unos cuantos tic tac más en tu cuenta de segundos perdidos. A nadie le gusta dar pasos atrás, estrellarse con la realidad y tener que volver a levantarse del suelo para, acto seguido, volver a estrellarse otra vez contra él. No queremos, nos negamos, no creemos que podamos soportarlo. Nos infravaloramos. Nos quedamos como estatuas, completamente inmóviles, presas del pánico, paralizados por el miedo, rotos y convertidos en polvo. No entendemos, no llegamos a comprender. Y seguimos ahí, a la espera de quién sabe qué. De nuevo, nos infravaloramos. Nos olvidamos de que no es nuestra primera visita a ese lugar, de que, conscientes o no, ya hemos estado ahí antes, muchas más veces de las que nos gustaría. Respiración entrecortada, bombas nucleares dentro de nuestra cabeza, pensamientos desbocados que no dejan de girar en sentidos opuestos, descontrol total de todo y de nada. Lágrimas contenidas en un patético intento de hacernos los valientes, tan absortos en el caos que ni cuenta nos damos de que, tarde o temprano, terminarán brotando igual. Momentos de luz que dejamos escapar porque no somos capaces de ver más allá de las cuatro paredes del muro que nos atrapa. Bandadas de sentimientos y emociones que revolotean estrellándose de pleno contra nuestra cabeza, desilusión, decepción, vacío existencial que no sabe cómo volver a llenarse. Un mapa en blanco. Ganas de nada, salvo de salir corriendo en cualquier dirección que rompa el bucle. Te preguntas una y otra vez por qué no cambias, por qué narices no puedes cambiar, pero antes de enunciar la primera letra, ya conoces la respuesta. No vas a hacerlo, por más que te rompan, por más que te caigas al suelo, por más pedazos en los que te fragmentes, no lo harás. No puedes hacerlo. Aunque duela, aunque te hagan verdadero daño, aunque jures una y otra vez que lo intentarás. No vas a cambiar. No debes hacerlo. Cada batalla, cada guerra, cicatriz y golpe, lo has superado gracias a ti, a lo que eres, a lo que siempre has sido. Cada vez que has logrado volar y dejar atrás la oscuridad. Cada vez que has salido y derribado la maldita puerta que separa ambas partes. Todo gracias a ti. ¿Qué te hace pensar que esta vez será diferente? ¿Qué te hace pensar que necesitas algo que no seas exactamente tú? Hay tantas cosas que te consideran importante, hay tantas personas que darían lo que fuera por verte bien. No les des la espalda, no les hagas pagar el castigo que le corresponde a quien pinta tus heridas. En pie, esto no termina aquí. Vamos, ya lo has hecho antes. Resiste, no tires la toalla. Mañana serás más fuerte.