«Supongamos que se nos dice algo como consecuencia de lo cual llevamos a cabo cierta acción; por ejemplo, podemos ser soldados que obedecen a la voz de mando. La física estudia las ondas sonoras que atraviesan el aire hasta llegar al oído; la fisiología estudia el suceso consiguiente que ocurre en el oído, los nervios y el cerebro hasta el momento en que oímos el sonido; la psicología estudia la sensación auditiva y la volición consiguiente; la fisiología reasume luego el estudio del proceso y considera la cadena de sucesos que va del cerebro a los músculos y los movimientos corporales que expresan la volición; a partir de este punto, lo que sucede forma parte nuevamente de la esfera de la física. El problema de la relación entre la mente y la materia, uno de los problemas corrientes de la filosofía, surge en la transición de los sucesos que ocurren en el cerebro a la sensación, y de la volición a otros sucesos que se producen en el cerebro. Es, por ende, un problema doble: ¿cómo afecta la materia a la mente en la sensación, y cómo afecta la mente a la materia en la volición? No me propongo considerar este problema en esta etapa; sólo lo menciono para mostrar la relevancia de ciertas partes de la fisiología para cuestiones que debe examinar la filosofía.»
Bertrand Russell: El conocimiento humano. Ediciones Orbis, págs. 51-52. Barcelona, 1983
TGO
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