A veces trataban de hablar con sus adversarios, pero los estudiantes tenían un lenguaje distinto del de la gente de edad. Era una cuestión de palabras. Todos los estudiantes tenían orejas grandes, porque oían cada palabra y enseguida, como los cirujanos, la diseccionaban. Hacían continuamente la autopsia de las palabra utilizadas, y luego había informes de autopsia que requerían otras autopsias.
Emine Sevgi Özdamar, El Puente del Cuerno de Oro, tr. Miguel Sáenz












