Hoy lo vi, y estoy casi segura de que él también me vio. Por un instante sentí que nuestras miradas se encontraron, pero luego pareció huir. Cuando volví a buscarlo con la mía, ya no estaba ahí. Eso me decepcionó… o tal vez me deprimió. Sentí que su ausencia decía más que cualquier palabra y me hizo pensar que quizá ya no siente nada por mí. Y dolió. Me sentí ridícula por haber creído que aún existía la posibilidad de volver a hablar, por seguir aferrándome a algo que tal vez solo vive en mi cabeza.











