“...– Hola, ¿está Elin? –pregunté con sonrisa tímida.
La chica me miró, en lugar de responderme se quedó cayada, inclinó ligeramente su cuerpo hacia la derecha y levantando las cejas en señal de saludo me hizo un gesto para que mirara hacia atrás. Yo estaba tan nerviosa que me quedé mirándola fijamente sin entender lo que me decía. Entonces noté que alguien me tocaba, me giré rápidamente. Era Elin, ya había visto la flor y sabía de sobra que era para ella, pero aun así preguntó:
– Hola, ¿me buscabas? –
Intenté parecer lo más natural posible, a pesar de que estaba temblando. Extendí mi mano y le entregué la rosa y la nota.
– Hola Elin, solo quería darte esto –
Ella la cogió con la naturalidad de quien está acostumbrado a que le regalen flores. Sin esperar a que me marchara sacó la nota del sobrecito, la leyó tan despacio que parecía que le hubiese escrito todo un párrafo en lugar de dos líneas. Me cogió de la mano y acercándose a mí, me dio un beso en la mejilla, tan lentamente que sentí que un escalofrío me recorría todo el cuerpo...”
© Tras la ventana; María Las Heras, [2020]








