Me provoca una enorme tristeza pensar que esto lo está leyendo una persona con quién tendría una química y conexión inigualable. Una persona que se conmueve con la misma escena de una película que otros encuentran lenta e intrascendente. Una persona que se emociona con los mismos acordes que yo. Una persona que ha suspirado en los mismos párrafos en los que yo he dejado latidos y aliento. Una persona con la que podría compartir ene coincidencias y gustos, mientras nuestra interminable lista de diferencias nos enriquecería las vidas eternamente.
Me hace feliz sentir su existencia, saber que mientras lee esto se reconoce como la persona. Es una situación agridulce. Ambos entendemos que seríamos una sinfonía excelsa, pero desconozco quién es y ella desconoce quién soy, jamás nos hablaremos ni nos encontraremos.
Lo sentí, lo pensé y lo escribí porque sé que ahora lee lo que ella había sentido, reconoce su reflexión, sonríe y comparte mi tristeza. Tal vez hemos compartido otras sonrisas sin saberlo, pero de ahora en adelante sabremos que esta es nuestra.
El diario vacío, Ave Literaria.
Solo tú...














