Yo los quiero a los dos (ideas acerca de la despenalización del aborto).
COMENTARIO IMPORTANTE: Este artículo fue escrito muy al principio del debate sobre la despenalización del aborto. Como todo debate social y cultural, todo el tiempo se incluyen nuevas consignas, nuevos ejes de discusión, nuevos enfoques. La dinámica del tema en particular, y de la influencia de los medios de comunicación en general, hacen que mucho de lo que puse acá sea incompleto, o mejorable. Pero decidí dejarlo igual. La idea de fondo, es la misma: creo en la vida desde la concepción, y me encantaría que hayan cada vez más maneras de cuidarlos a todos, sin olvidar un segundo la compasión por las víctimas de abuso y violación.
¿Por qué tengo ganas de escribir acerca de la despenalización del aborto? Hay muchas respuestas posibles. Una, quizás, puede ser que conozco personas que abortaron desde mi adolescencia, y que este tema me “llegó” desde la realidad, y no de la tele o las, en aquel tiempo inexistentes, redes sociales. Ya sé que es un tema difícil, pero me le voy a animar, veremos que sale.
Una de las cosas más difíciles de entender acerca de la despenalización del aborto es que es una discusión que involucra diferentes tipos de realidades, o en tiempos de liquidez, múltiples verdades. Está la realidad biológica, determinada por la ciencia. La realidad legal, determinada por las convenciones del derecho. La realidad social, compuesta de problemáticas reales, su apropiación y definición por ciertos grupos, y cómo toma mayor o menor visibilidad. La realidad política, que se juega en todos los otros ámbitos, pero confluye finalmente en el lugar donde se toman las decisiones (poder ejecutivo y legislativo, por lo menos). Y por último la realidad religiosa, que es la determinada por algún código de fe consensuado por un grupo, que tiene alguna medida de determinación de lo bueno y lo malo de las cosas. Todos los que me conocen, y leen este blog, saben de mi convicción religiosa. Pero estoy convencido de que es fundamental comprender y manejar otras realidades para hacer un aporte a esta discusión que tanto ruido hace por estos días. Si yo quiero hablar español donde uno habla inglés, otro francés y otro alemán, no se concretará la comunicación. Intentaré aunque sea pisar un poquito esas otras realidades, hablar esos otros idiomas. Así que si en la lectura de estas líneas algún lector/a quiere taguearme, reducirme, sacarme de la conversación (no leer más que éste párrafo, o leerme pero no considerar una sola de mis ideas por encasillarme) por “religioso”, no me ofende (ojos que no ven…), pero hablará más por el que lee que por el que escribe.
En un asunto tan clave, hay que tener claro en principio cuáles son los intereses, y qué es lo que se está haciendo al respecto. En el campo virtual, los que están a favor de la despenalización, y los que están en contra, se aplauden entre sí, y reparten “likes” y “compartir” a sus propias publicaciones . Permítanme ser honesto: nadie está convenciendo a nadie de otra cosa que la que ya cree, no está habiendo ningún diálogo entre las partes. Y muchas veces el interés ni siquiera es político, es de orgullo personal. Un sector de la economía que debe estar expectante es el de los laboratorios, que producen los fármacos utilizados para los abortos, como el misoprostol. Pueden tener intereses de “dejar todo así porque garpa”, pero seguramente en la legalización encuentren un negocio estatal impensado sin las modificaciones que se buscan con todo esta gesta. Pero hay un campo que es en mi opinión el más relevante en todo este asunto, que es el campo social. Éste, que incluye pero trasciende al virtual porque se mueve en la calle, lleva a cabo una función mucho más legítima: irritar a través de los medios, las ONG y algunos partidos a la política para que el debate llegue al campo político, a las cámaras, y los representantes perciban que su caudal electoral está en mayor o menor grado en juego según lo que decidan. Acá se llega a dos posibilidades: ley o no ley. Este es el final de todo el hilo.
Vivimos en el mundo de la posverdad, donde la verdad es una opinión. Donde, por ejemplo, un presidente loco puede decir “para mí el cambio climático es mentira”. Yo le llamo la “dictadura del paramismo”. En este mundo, es factible que se de este diálogo:
Uno: -Para mí la luna es un queso gigante
Otro: -No, en realidad la luna es el único satélite natural de la Tierra…
Uno: -Ok, eso es para vos, lo respeto, pero es tu verdad, no es mi verdad”.
En este mundo, el uso de la semántica nunca fue tan evidente para la rosca política. Una ex presidenta habló de los “goles secuestrados”, un presidente vigente habla de “normalización”, “sinceramiento”, etc. En un país con nuestra historia, la palabra “desaparecido” debe usarse con cuidado, por su enorme carga simbólica, pero se usa con un descuido descomunal. En el marco de una discusión acerca del aborto y su despenalización, están quienes hablan del mismo como un “asesinato” o como “la interrupción de un embarazo”. Como decía un sociólogo francés, Pierre Bourdieu, el poder es el poder de definir la realidad, de ponerle nombre y lograr el mayor consenso sobre cómo son las cosas. El mismo Estado que pone en una publicidad de cigarrillos “Si fumás matás a tu bebé” podría llegar a promulgar una ley que permita matar a ese embrión si los pro-despenalización logran su cometido. Las palabras y los significados importan.
Las estrategias se repiten en todo el mundo cuando se presenta un tema de estos en la agenda política de un país: inflar cifras; y decir que la única forma de oponerse es desde la religión (o sea, anular todo diálogo posible). Se utiliza la narración de historias de vida traumáticas (reales o ficticias) que desemboquen siempre y sí o sí en que la única solución es “interrumpir el embarazo”. Escuché en un programa de televisión a un invitado de los “pro-vida” decir respecto a esto que “interrupción del embarazo” es un eufemismo para lo que él define como filicidio (una misma cosa, diferentes interpretaciones). Según esta idea, “ahorcar es interrumpir la respiración”, lo cual revela que existe un acto natural, que es la vida, que se protege o destruye y punto. Vivimos un tiempo de luchas por la ampliación de derechos, y múltiples minorías obtienen amparo, visibilidad, libertades nuevas, y lo celebro. Pero todos los derechos conquistados y por conquistar vienen a posteriori del derecho a la vida, el primer derecho humano. Por eso, para mí, el tema central es cuando comienza la vida. Si la vida comienza con la concepción, un niño por nacer a las 2 semanas de gestación tiene igual dignidad que uno de 2 años, y es sujeto de derechos. Si esto es así, hablar de aborto como solución es tan injusto como hablar de matar enfermos terminales para bajar el gasto en salud, o a los mayores de 80 años para hacer sostenible el sistema jubilatorio.
Según datos oficiales, el 14% de los nacimientos son de mujeres menores de 19 años, casi 100 mil casos por año. Entre las adolescentes de 10 a 19 años seis de cada diez embarazos no son intencionales. Dentro de esos “no intencionales” están las víctimas de violación, de las cuáles el 90% se dan dentro del ambiente familiar. Uno de los proyectos que leí por ahí dice que la víctima podría abortar sin denunciar al violador (nada de su realidad se vería alterado cuando vuelve a su casa).
Para enfocarnos en aborto, veamos algunas cifras. Se escucha por todos lados que se hacen por año más de 500 mil abortos, y que “muere una mujer por día por esta causa”. En la página chequeado.com encontré que, según cifras del Ministerio de Salud de la Nación, en el 2016 murieron unas 43 mujeres por abortos (entre inducidos y espontáneos), muy lejos de los 365 postulados. Hay que dejar en claro que es muy difícil cuantificar lo “clandestino”, que es lógico que falten datos y que los que hay sean sospechosos de ser inexactos. Pero más allá de esto, si se trata de reconocer un problema público simplemente desde los números, más de 170 mil mujeres mueren por año, y por ejemplo, 3000 de ellas lo hacen en accidentes de tránsito. En el mismo año 2016 murieron más de 500 por deficiencias nutricionales. No quiero pecar de ingenuo, tampoco de conspirativo pero… ¿cómo se vuelve de pronto un tema tan movilizador en detrimento de otros? Para aclarar (maldito mundo jodido para hablar sin tener que aclararse todo el tiempo): cuando hablamos de números, en realidad hablamos de personas, de vidas, de historias, de nombres y apellidos, cuya participación en una fría estadística no considera los múltiples factores que la llevan a estar donde está. No es que si son 500 mil son un problema, y si son 43 no, sólo me estoy preguntando por la rosca mediática y social de este tema, frente al silencio de los otros.
El ministro de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein dijo que “en los países que legalizaron el aborto, la mortalidad materna bajó drásticamente” (OBVIO). En el mundo hay 60 países que permiten legalmente el aborto por voluntad o solicitud de la mujer. El problema más grande es que no hay claros datos sobre la cantidad de abortos que se producían en los países que tenían legislaciones prohibitivas o que presentaban obstáculos para los casos no punibles. En España y Portugal el número de abortos cayó en términos absolutos y relativos desde que se legalizó esta práctica en 2010 y 2007 respectivamente. La ley argentina permite el aborto (no es punible) en casos de violación o de peligro para la vida y la salud de la mujer.
Hasta acá los datos que aporto. Al dar este mínimo panorama, aparecen mencionados todos los temas que vienen aparejados en este asunto tan crítico. Claramente la solución más inmediata es el aborto, lograr que un día no haya mujeres queriendo abortar, ni muertas por abortos clandestinos, toma generaciones y muchísimas más respuestas. Postular que hay que legalizarlo porque “simplemente se hace” y “se va a seguir haciendo igual sino”... ¿Es buena esta idea? Si algo está mal pero se hace…, ¿Se sigue que deba convertirse en ley? Tema de otro artículo y para gente mucho más capacitada que yo. Vamos al tema central.
EL TEMA CENTRAL: ¿HAY VIDA O NO HAY VIDA? ¿CUÁNDO?
Leo sobre el tema, le pregunto a médicos amigos (hay una “casi” en casa), busco información, y desde el punto de vista de la ciencia, la embriología y la biogenética la vida humana comienza en el momento en el cual se unen el gameto masculino (espermatozoide) y el gameto femenino (óvulo), dando lugar a un nuevo ser con material genético propio y un sistema inmunológico diferente del de la madre. Este hecho ocurre independientemente de las condiciones en las que hayan estado las dos personas en cuestión, si hubo amor, si hubo sorpresa, si hubo violencia, abuso o un simple descuido.
Legalmente, nuestra Constitución Nacional protege la vida “desde el embarazo” en el artículo 75, inciso 23. La Convención Americana de Derechos Humanos dice en el artículo 4 dice “a partir del momento de la concepción”; y la Convención de los Derechos del Niño (Unicef) habla de el niño como sujeto de protección legal “tanto antes como después del nacimiento”. Búscalos, leélos, no más que decir de este punto.
Desde el aspecto social, esto es real: hay gente que muere en abortos clandestinos. Es real y triste. Pero si la ciencia, la embriología, la biogenética y la ley tienen razón, una mujer que muere practicándose un aborto, muere cometiendo un acto injusto sobre una vida que no es la suya; es víctima y victimaria también. El derecho de cada uno sobre su cuerpo es real y válido pero, otra vez, si convenimos que eso que está ahí es “otro ser” entonces hay derecho sobre el cuerpo propio, pero no sobre el otro. Algunos, en su búsqueda de justificar que una persona en estado embrionario no es una vida hasta cierta cantidad de semanas, citan a Aristóteles y su distinción entre “potencia y acto”. Esto se mal-entiende desde este punto: una semilla es en acto una semilla pero en potencia un árbol. El bioeticista Gabriel Ballerini completó y refutó esta mirada diciendo que según Aristóteles “nada pasa de la potencia al acto si no es por obra de lo que ya está en acto”. Entonces, una semilla no es potencia de un árbol porque “no puede pasar por si misma a acto del mismo”. Para que haya una vida en potencia es necesario un acto dador de vida. El único acto con éstas características es la fecundación. O plantar esa semilla en la tierra. Por eso es pura posverdad, y discurso ideológico, decir que de pronto, una cosa que “no es”, de pronto “es”, y que siendo así, si la interrumpimos antes todo bien.
Pff... que complicado. Con mi esposa arrancamos con las ecografías al mes de embarazo, y ya hablábamos de “nuestro hijo/a en camino”. La pregunta al ecografista y al médico era ¿Cómo está nuestro bebé? Que se yo… ¿Será que ahora deberíamos prepararnos para otro uso de términos? ¿Una “cero hora” en la que celebremos el paso de embrión a feto o que se yo qué termino que designe que ahora de pronto hay persona o ser con derechos? ¿Se vienen los festejos de un primer cumple intrauterino?
Sintentizan muchas de mis ideas las palabras de Alberto Sánchez, Doctor en Derecho y Profesor de Ética de la Universidad Austral quien escribió “Este es el debate que debe darse en serio: el de encontrar los medios eficaces para que toda mujer pueda llevar adelante un embarazo que no deseó, preservando la vida del niño por nacer. El aborto, lejos de solucionar algo, agrava todo. Después de un aborto, la mujer seguirá siendo vulnerable, o sumida en la pobreza, o víctima de la inseguridad, o ajena a una educación sexual responsable, con el añadido de que cargará con esa traumática experiencia. La solución está siempre en atacar las causas, no los efectos. La solución está siempre en curar la enfermedad, no en aliviar el síntoma. La educación, la contención y la erradicación de la pobreza que oprime es el camino. El aborto es el peor atajo”.
Pregunto: ¿No podemos pensar ideas copadas que ayuden a la persona que sufre sin adicionar víctimas a la ecuación?
IDEAS PARA LOS SUJETOS EN PUGNA
Ahora. Más allá de todo esto, quiero con la misma gracia y verdad hablarle a los que piensan como yo y a los que no. Van algunas ideas que quizás ayuden a la conversación que tenemos que mejorar, o entablar.
Toda compasión es incompleta
Muchas personas quieren la despenalización porque sienten compasión por esas mujeres. Y esa compasión es totalmente legítima, pero como toda compasión, es incompleta. Nadie tiene compasión por todas las dolencias, todos los males, todas las formas de sufrimiento. Eso explica que haya personas involucradas con las necesidades de otros, pero que ninguno lo hace con todas: hay quien sufre por los pobres, pero no por las víctimas de bullying. Otros sufren por las víctimas de trata, pero no sienten la misma compasión por la tercera edad. Lo interesante es que cada compasión puede ser atendida por aquellos que se sienten movilizados por ella sin poner en desmérito la compasión por otro tipo de sufrimiento: enfocarme en los viejitos no le hace mal a los pobres. En este caso de la despenalización del aborto asistimos a un acto de compasión sobre unas (las mujeres) que sólo se puede realizar con una ausencia total de compasión sobre otros (los niños por nacer).
Es muy común descargar enojos con la persona equivocada. Hay que enseñar, capacitar, prevenir las relaciones abusivas, tener herramientas para identificar y decidir, encontrar al culpable, castigarlo, y etc… ¿Tiene que pagar el niño? Personas que quiero y respeto muchísimo defienden las causas de las mujeres y tienen mi apoyo, espero que me permitan no acordar en esto: canalizan mal su enojo. Justamente, para que no se enojen conmigo, me parece importante dejar algo claro: discutimos ideas, pero no personas; podemos disentir sin convertirnos en enemigos. Yo no tengo enemigos, ni quisiera que nadie me sindique como su enemigo. Tenemos que aprender a conversar.
Todos tenemos que aprender
Los que profesan alguna fe, y se enojan mucho, quizás podrían moderarse y tener más compasión, sin ser por eso ingenuos respecto a la diversidad de intereses que tienen los que piden la despenalización. Los que están a favor de ésta: ¿Tienen ganas de conversar? ¿Puede ser que se equivoquen en algo? ¿Puede ser que estén perdiendo toda objetividad y lo único que hagan sea adhoquear todo? (cuando una hipótesis no tiene la suficiente fuerza por sí misma se le ponen al lado hipótesis que ayuden a que la primera tenga el sentido que le falta por sí misma).
Los derechos humanos primero se conquistan, después se defienden.
Si hay un derecho humano que defender, que se defienda. El asunto que es que los dos grupos en disputa tienen una diferencia sustancial en el asunto: los que están a favor de la despenalización defienden el derecho a la vida de las mujeres, y no consideran al feto como sujeto del mismo derecho; los que están en contra de la despenalización defienden el derecho a la vida de la mujer, y también al del feto. Uno de los dos grupos está siendo más inclusivo de lo que el otro grupo piensa.
Para conversar, está bueno reconocerse y hablarse bien
Todos los que conversan tienen que reconocer al otro en la discusión, cuidarse de utilizar chicanas, y tratar de entender lo que el otro entiende con lo que se dice. Cuando unos dicen “asesinos”, “vos mataste”, etc, a la persona que abortó la agrede y la hiere. Cuando se le dice a la que simplemente manifiesta su postura, se ataca su libertad de expresión. Hay que entender los grises: la inmensa mayoría de los que están a favor de la despenalización no está a favor del aborto, no lo considera como algo bueno, no lo practicó, ni lo practicará. Todos coinciden en defender la salud de la mujer. Tenemos que cuidarnos de taguear al otro. Cuando uno dice “a favor de la vida”, es incompleto, y suena ofensivo para los pro-despenalización, porque pueden decir con lógica “nosotros también estamos a favor de la vida”. La realidad es que los que estamos en contra de la despenalización pensamos que el Estado debe cuidar al niño por nacer y a la madre, proteger la salud de ambos.
Generar consignas propias
“Ni una menos” es una consigna instalada por los movimientos sociales y políticos que buscan protección y defensa de los derechos de las mujeres, en reacción al enorme y creciente número de femicidios. Es una consigna lograda, popular, y que tiene sustento. Cuando se la “parafrasea” para extender el “Ni una (de ellas)” a “nadie”, se desestima esa consigna de lucha y se la usa para otra, donde no son iguales las adhesiones. Utilizar ese eslogan no ayuda al diálogo con esos sectores.
UNA REFLEXIÓN FINAL (Y UNA POSTURA EN LIMPIO)
Es válido estar en contra del aborto, pero en absoluto considero conducente ponerse en contra de las mujeres que abortaron o que quieren hacerlo. Considero al niño/a por nacer como sujeto de derecho, por lo cual considero el aborto como una solución absolutamente injusta, lo cual no niega todas las otras injusticias posibles, como ser pobreza, explotación, abuso, violación, falta de información, y cualquier tipo de desigualdad. Quisiera poder conversar del tema, no tanto con los que piensan como yo, como con los otros. Quizás de una buena conversación, una vida pueda ser salvada alguna vez. Pero para cualquier diálogo, en el campo en el que nos toque estar, se requiere firmeza, pero también amor. Usando las palabras del maestro, hacen falta “gracia y verdad”. Cuidarse de los dogmatismos, dejar que el amor nos permita dudar. Y si vamos a equivocarnos, hacerlo para el lado de la gracia.
Pero esto veo yo: una cosa que no entienden los que están a favor de la ley, es que si hay una vida humana, hay alguien a quien defender. Entonces, para quien ve vida, es totalmente inadmisible. Para quien ve vida intrauterina desde la concepción, y no le va a celebrar el cumpleaños feliz intrauterino al inicio de la semana 15 cuando "eso" tenga de pronto dignididad y derechos, HAY ALGO a lo que oponerse.
No estoy con los que quieren legislar la vida de otras personas. No me parece de ninguna manera meterme en esta discusión porque me molesta lo que haga mi vecina con su vida, con los derechos que un Estado que debe ser laico le otorga. Pero no hay contradicción en mi discurso: veo a un otro, y a ese hay que proteger. ¿Cuál sería una muy buena razón para tomar la vida de alguien? TODO dirían "ninguna". Si hay "alguien", no hay razón.
Pero aún así, pelá esta cuestión de ese punto. Establecé un acuerdo de que no hay vida, no hay persona, no hay nada. Podríamos reparar en el verdadero efecto de esta política en la vida de las mujeres, podríamos ver la manija de organizaciones proabortistas en el mundo que financian campañas y hacen negocios con esto, podríamos ver el gasto descomunal e insostenible que esto le produciría al país (y la curiosidad de que los que saben esto, y lo apoyan, a la vez marchan contra el FMI), y ver qué se gana y cuánto se pierde. Pero insisto. Veo lo económico, lo social, lo estadístico, veo todo. Pero veo una vida (ciencia, no maldita posverdad), y entonces entiendo que hay algo que defender.
Como en casi todos los temas de este mundo complejo en el que vivimos, más que nunca hay que informarse, hay que prestar atención, hay que hablar con paciencia y respeto. Hay que mejorar la charla de sobremesa familiar, la del bar con amigos, la del mundo virtual. Y no renunciar jamás a la calle. Si hay un derecho que conquistar, hay que pelear. Para mí, en este caso, hay un derecho que defender. Nada invalida las campañas, la comunicación, la instrucción, los grandes procesos. Pero para mí, son vidas las que están en juego, la del niño, y la de la madre: cada una de ellas requiere toda la fuerza legítima que se pueda hacer para su defensa. Una canción que escuché hace poco lo dice de esta manera: “Yo los quiero a los dos”. ¿Puedo querer lo mismo yo?