joaquín. flashback of a flashback
Simplemente asintió con una sonrisa en el rostro ante las últimas palabras femeninas, dispersándose hacia el lado que había mencionado. Para su suerte, no se había equivocado y la enfermería estaba justo a metras de él. Al no ver nadie en el lugar, decidió husmear y buscar las cosas por sí solo, tomando el alcohol y un gran pedazo de algodón antes de partir a buscar a la turca. En como mucho diez minutos lo devolvería al mismo lugar que anterior, así que no veía nada malo en tomarlo prestado sin avisar. “¿Zehra?” preguntó, entrando a uno de los lavabos del lugar antes de poder visualizar la figura de la fémina. “Oh, ahí estás” mencionó, acerándose y dejando ambos objetos a un lado. “Bueno, sacaste…algo” frunció el ceño observando el rostro contrario. “Pero intentaremos que no seas el chiste de toda Dinamarca y que tengas la cara como antes” mencionó, haciéndo énfasis en las palabras que la pelinegra había mencionado antes y empapando uno de los algodones en el químico, mostrándolo luego a la mujer. “¿Quieres que te ayude o puedes?”
Por el blanco lavabo se iba el agua manchada de negro y otros colores, además de pedazos de pintura que, en vez de deshacerse con el agua, simplemente se había caído. En el espejo podía ver cómo su rostro parecía arruinado de por vida, o esos pensamientos le asaltaban cuando su mirada se enfocaba en las distintas manchas sin demasiada forma que cruzaban su rostro. ¿Funcionaría? Esperaba que sí. Fue en ese momento que escuchó al otro y su atención, aunque aún masajeaba su rostro húmedo, se fijó en él. “Te dije que no sería para nada lindo,” rió, mientras se inclinaba nuevamente en el lavabo para hacer un último intento de deshacerse de la pintura de su rostro, aunque sabía que los pasos importantes de ese plan se llevarían a cabo con los materiales que el otro había ido a conseguir. “¿No te preguntaron qué harías con el alcohol?” cuestionó con humor mientras se pasaba una toalla por el rostro. “Me cuesta creer que presten su alcohol así como así,” comentó, mientras se acercaba al uruguayo, aún sacándose los excesos de agua. “Ayúdame, por favor, si no es mucha molestia. Si me miro por mucho tiempo más al espejo, creo que me inventaré una vida en la que vivo para siempre con el rostro manchado, esclava del maquillaje,” bromeó con una clara exageración que, de todos modos, no se alejaba de la realidad.















