Una salida en familia. Un paseo de domingo. El after después de un partido de fútbol. La gente que hoy salió a ocupar Paseo de la Reforma puede ser todo menos una marcha. Evidenció, de una u otra manera, el México dividido y roto en el que vivimos. Que las calles le pertenecen a quienes salen a manifestarse por los derechos de los otros y no a los que un día amanecieron con su patriotismo hinchado de orgullo. En las marchas que incomodan a todos hay caos, conflicto, claxonazos, gritos, arengas, sudor, encapuchados, redadas y diversidad. En la marcha de hoy fue evidente el orden, los tímidos banderazos, los agentes de protección civil, el camioncito de derechos humanos, los manteles blancos y el incómodo silencio de quien no sabe qué hacer cuando la marcha termina. ("Me dijeron que aquí íbamos a cantar el himno a las 2:00 pm. ¿Si es cierto?"). Banderas de la UNAM, de la UACM y del Poli se vendían "a diez pesitos la pieza, a diez pesitos la bandera" junto con otras que tenían frases como "Fuera Peña", "Fuera Trump" o el logotipo impreso de la marca de la marcha: #VibraMéxico. El selfie stick, por ser un artículo fundamental para la marcha, también se vendía pero a $15 pesos. No vaya a ser que falte. Al final, cuando todos llegaron al Ángel de la Independencia, ni Grito de Dolores ni Plan de San Luis. Una cuenta regresiva en punto de las 2:00 pm dio el banderazo de salida para que todos los presentes (o por lo menos todos los que no se fueron después de la 1:35 PM) balbucearan el himno nacional. Ni en la victoria más miserable de la selección nacional se ha escuchado un himno más sordo y mediocre. Después del último "sonoro rugir del cañón" la gente se dispersó ("¡Ojalá así aprenda Donald Trump!", gritaron algunos) mientras los agentes de seguridad corrían a los vendedores ambulantes que acompañaron la marcha desde AuditorioNacional. Misión cumplida. Como el vecino que cree que toda la colonia tiene problemas excepto su casa, así los mexicanos que hoy pasearon por Reforma demostraron que es más fácil encontrar culpables allende nuestras fronteras a expiarlos en casa. Porque para limpiar la casa hay que darle la vuelta, ponerla "patas arriba", y eso implica romper el orden que conocemos. Muchos de los asistentes salieron a la calle arropados en ese nacionalismo vetusto, de oropel, cargado de patrióticas frases de las dos únicas estrofas que conocen del himno nacional: que mexicanos al grito de guerra por aquí, que el extraño enemigo por allá. Un señor de unos 60 años lo resumió diciendo: "qué bonito es salir en familia a defender lo nuestro". (Supongo que cuando dijo "lo nuestro" también se refería a cuando su generación salió a defender los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, o el derecho de los homosexuales a formar su propia familia. O al derecho de los migrantes sudamericanos a cruzar territorio nacional. Ellos también son nuestros). La marcha dará mucho de que hablar pero también, por lo menos, puede sugerirnos reflexiones. Propongo tres: 1) Nuestro gobierno no tiene la fuerza para convocar a la unidad porque en lugar de procurarnos nos ha dividido. Incluso nosotros también hemos dejado de cuidarnos a nosotros mismos. Si la marcha ha fracasado es porque no tenemos razones para creer en quien convoca ni ánimos para escuchar al de junto. La solidaridad se construye, no se impone. 2) No faltará quien quiera "agua para su molino". En vísperas de elecciones federales todos quieren robarse los reflectores y la marcha es el perfecto escenario para hacer un monólogo. "Acuérdense de cómo defendimos al país en aquella memorable marcha de febrero". "Nosotros siempre hemos estado del lado del pueblo. La marcha es nuestra". "La salvación del país está en quiene no asistimos. Nosotros somos la voz". 3) ¿Qué es la unidad nacional? ¿Existe la unidad nacional? ¿Quién y qué es la nación en México? Trump logró despertar el patriotismo mexicano pero no así la tan anhelada unidad. El enemigo es uno pero los problemas son muchos. Tal vez la pregunta es más elemental pero no por ello más sencilla: ¿Quiénes somos y contra qué estamos unidos? Corolario: duele/molesta que la Universidad Nacional Autónoma de México, nuestra máxima casa de estudios, saliera como nunca a las calles: con protección civil, acompañados por el Rector Graue, desfilando alegremente contra un enemigo que pocos entienden pero del que todos hablan.