¿Martha, qué nos ha pasado? -Rev2
¡Ay que j@d$rs#! ¡Qué bruto soy, que impresentable analfabeto! ¡A estas alturas!... Lo reconozco con vergüenza, se me había pasado, no lo conocía, no me había fijado en él. ¡Bruto, bruto, bruto!
Con lo que me gustan a mi estas historias de jóvenes talentosos, revolucionarios de arte y obra cuya religión es el romanticismo, su bandera la utopía y su destino el exilio y una dramática muerte...
¡A estas alturas, digo, descubro a mi artista favorito!
“Estoy a favor de los paraísos artificiales, ya que no existen los paraísos naturales. Todo arte es finalmente un intento de reemplazar el paraíso perdido por la inclemencia divina, por uno otorgado por la gracia del arte. Por eso cada cual debería disfrutar únicamente de un arte que lo eleve a una especie de embriaguez” (Heinrich Vogeler).
Sigo conociendo a este tipo que, casualmente también me ha dibujado un "Mata-dragones".
Fue muy a principios del Siglo XX cuando una colonia de hippy... digo, de jóvenes artistas alemanes, rebelados contra los academicismos y dispuestos a enfrentarse a la naturaleza en su propio campo, se establecieron en los llamados "Pantanos del Diablo", en Worpswede, cerca de Bremen...Allí trabajaron, se enamoraron, saborearon el éxito... A la vera de una tierra bárbara, desarrollaron teorías estéticas y sociales, conmovidos por la dureza de las condiciones de vida de los miserables campesinos de la ciénaga.
Allí casó el poeta Rilke y fue madre la vanguardista Paula Modersohn-Becker, de allí partieron a la muerte en las trincheras de la primera guerra mundial muchachos de talento; pero lo que más me conmueve, aún más como "aviso a los jóvenes corazones" es la gran traición cometida contra quién fue el más activo y comprometido de sus artistas, Heinrich Vogeler, cuya ideología socialista y pacifista fue sometida a la humillación del aplastante triunfo nazi en la zona en las elecciones de 1933. En el exilio, tuvo que ver como su paraíso utópico era convertido por sus condiscípulos en la joya de la corona de la cultura alemana en ese negro periodo.
A Heinrich su papá le dejo en herencia una casa en los alrededores de Bremen, o dinero para adquirirla, a comienzos del siglo pasado... El, modernista seguidor de William Morris (¿recordáis mi muro en verano?), decidió convertir esa vivienda en su obra total: la reformó, diseño sus muebles, decoró con hermosos murales, pero, ante todo, la abrió a sus muy artísticos amigos. Allí mismo se enamoró perdidamente de quién fue su primera mujer, Martha. A ella la retrato de frente, de perfil, de espaldas, sola meditabunda, en alegre compañía, vestida, desnuda... Martha era el objeto de su pintura.
Pero este periodo feliz terminó: a su regreso del frente y tal vez a causa de su radicalización ideológica, convertido en enemigo del estado desde su posición de artista del pueblo, Martha le abandono y encontró un nuevo amor. Finalizaron los días envueltos en risas y leyendas medievales, terminaron las bellas ilustraciones de hermosos cuentos.
Llegaron nuevos tiempos, oscuros años 20 y 30 en Alemania. Vogeler volvió a casarse, con "Sonja", la concieciadísima hija de Julian Marchlewski, colaborador de Rosa Luxemburgo y fundador del Partido Socialista Polaco y del Auxilio Rojo Internacional. El mundo invadió la vida del pintor, parece ser. (Heinrich murió en el exilio, en alguna congelada república soviética, durante la II Guerra Mundial).
¿Cómo sujetar mi alma para
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.
Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
(Letra, R.M. Rilke, músic... digo arte, H.Vogeler)
Estas etapas míticas del arte, en las que se juntan unos y otros para pasar juntos sus años de plenitud... Quién pudiera mirar por el ojo de la cerradura o pasar al otro lado del espejo...
"He rezado por mi niñez, y ha vuelto a mí..."
Siempre estamos a tiempo de rectificar, de asumir una carencia y de "tapar un agujero". Durante muchos años yo había ignorado todo aquello que tuviese aroma infantil en mis gustos, seguramente un complejo de iletrado. Si había que leer, tenía que ser algo sesudo, de Mann o Proust para arriba, por favor. Si había que admirar una obra de arte, que menos que Klee o Schiele. Al madurar, suponiendo que eso sea algo que yo haya conseguido, y al ser padre, claro, me he abierto mucho a esa parte de mi personalidad que no ha disfrutado como es debido de los gustos simples de los niños, para descubrir que son la base de todo y que no hay historia más compleja y sabia que un buen cuento.
El mayor éxito de Heinrich Vogeler fueron sus tempranas ilustraciones para cuentos populares (las bellas durmientes y los modernistas cuentos de Oscar Wilde, las serpientes draconianas de los Nibelungos, claro, cosas que ya sabéis, disfruto como un niño). Hoy me escapo de nuevo al Museo de Salamanca, donde permanecen expuestos algunos de sus grabados con princesas coronadas y caballeros armados.
"...y siento que sigue siendo tan pesada como antes, y que no ha servido de nada hacerme mayor". (¿Ya he mencionado que Rilke y Vogeler fueron amigos del alma?).
Voy a dejar a Vogeler que se asiente en la parte de mi cabeza donde le he hecho un hueco; solo una cosa más, un pensamiento un poco amargo que me ronda desde que lo descubrí tardíamente: su viaje desde la juventud, el primer amor, la bohemia comunidad de artistas, la guerra, la adquisición de una más radical conciencia política, el exilio, nuevamente la guerra y finalmente su fría y olvidada muerte... Todo esto se reflejo en la evolución de su estilo, desde sus románticos dibujos para ilustrar cuentos infantiles, sus diseños modernistas y, posteriormente, un radical expresionismo, en el que cambia (puede verse en la exposición abierta en Salamanca un tomo de cada, separados por veintitantos años) a "El Ruiseñor y la Rosa" por "La Conquista del Pan", a Wilde por el proto-anarco-comunista Kropotkin... ¿Será una traición que la emoción de su obra me llegue por sus obras de juventud, o por un más tardío pero cándido retrato de una muchacha, más que por toda su lucha posterior? ¿Serán mis gustos "socialmente irrelevantes"?
No puedo dejarlo así... una última observación antes de cerrar el libro definitivamente... Una foto de familia: os presento de nuevo al joven utópico Heinrich Vogeler;retratadas por él, a su amada Martha, unos años antes de afiliarse al Partido Nacional-Socialista Alemán y a Sonja Marchlewska, su segundo amor y compañera de fatigas revolucionarias y a Vogeler en su exilio Comunista ruso. Ya podéis imaginar cómo evoluciona el mundo por las expresiones de los retratados.
P.D. Buscando información sobre estos muchachos, he descubierto decenas de referencias a artistas de su entorno que desconocía... Voy a tener un invierno muy entretenido.
“Estimado Sr.:Me dirijo a usted con la intención de reprobar su cruel comportamiento, impío y orgulloso, para con mi persona. Usted me juzga, así lo he podido entender, en una de esas publicaciones cursis y parciales que realizó hace unos años en esta red social, dándoselas de erudito y glosando la carrera de mi ex-marido Heinrich. Me acusa usted en estas desdeñosas líneas de haber abandonado nuestro idílico matrimonio por un nuevo amor. No debería explicarle estas cosas, me es usted indiferente; sin embargo, alguien más le habrá leído, por lo que debo expresar mi realidad:
Mi temprano amor murió en las trincheras, durante la primera guerra mundial, si no antes. Él era un hombre luminoso que se fue oscureciendo a medida que avanzaba el siglo y Europa se sumergía en su propia negrura. Yo amaba su optimismo, su gusto por el mundo natural, por el romanticismo que emanaba de nuestro amor a esta tierra devastada que llamamos “El Pantano del Diablo” y a sus endurecidas gentes… Nos disfrazábamos de princesas y caballeros andantes, Nuestro buen Rilke componía poemas para nosotros que recitábamos en alta voz al Sol del atardecer; ¡Ilustrábamos cuentos de hadas!. Nuestro amor dio frutos, tres hermosas niñas que fueron las tres joyas que orlaron mi corona… ¿Cómo podría traicionar este amor, si no hubiese él antes olvidado su cuidado? Podría usted entenderme a través de las obras de mi marido: ¿acaso no se distancia usted mismo de su gusto por su trazo y color cuando avanza hacia el compromiso con el socialismo, no descubre también que ha perdido su luz, que es un alma sumida en la congoja? Yo era una mujer joven que no podía acompañarle en este viaje a las simas del alma.
Me dolió menos su segundo reproche: ¿Qué si me convertí en musa del Partido Nacional Socialista? Según usted, otra traición personal a la memoria de mi matrimonio: En aquel tiempo yo tenía el carnet del partido Nazi, efectivamente… Mi ex-marido, sin embargo, era un colaborador activo del gobierno de Stalin… ¡Debería usted condenarnos a ambos! Él pagó con sufrimiento su compromiso, fue utilizado por los bolcheviques mientras la ilusión le cegaba, después murió miserablemente abandonado… Yo sobreviví a la Guerra, ¿me hace eso más culpable a sus ojos? La perspectiva de Himmler sobre el arte coincidía superficialmente con nuestras premisas, con el lirismo Romántico de nuestro pequeño grupo de Worpswede y nuestro éxito también era una golosina para el régimen, que nos exhibía orgulloso sin importarle nuestra verdadera aportación al Arte Alemán: el compromiso con la vanguardia. Coincidirá conmigo en que fuimos los cimientos Die Brücke y todos quienes vinieron después. Pero sí, yo tuve el carnet maldito: en el tiempo en el que mi marido se sumergía en el pozo comunista yo creí encontrar un camino al optimismo, una escalera al cielo en las promesas del partido; todo se truncó. Por supuesto usted, en su futuro de superioridad moral, lo sabe bien. ¿Sabe que estuve en el punto de mira de la Gestapo y que en 1943 fui expulsada de su infame militancia? Dicen que a ello contribuyo mí decidida defensa de la obra de Heinrich…No espero de usted una rectificación, tan solo espero que medite sobre todo ello, sobre la facilidad de juzgar sin saber, de emitir sentencias sin conocer los hechos, de publicar atrocidades en sus redes sociales como panfletos acusatorios carentes de la mínima compasión. Su falta de empatía resulta repugnante, señor Martín… ¿Se cree usted mejor que yo?
Fdo. Frl. Martha Vogueler”