Esa horrible sensación de estar con la persona adecuada y no poder hacer más que lastimarlo. Que la distancia nos mata poco a poco, que nos destruye, nos tira abajo sin cuidado, que nos mate lentamente.
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@casualidadcausal
Esa horrible sensación de estar con la persona adecuada y no poder hacer más que lastimarlo. Que la distancia nos mata poco a poco, que nos destruye, nos tira abajo sin cuidado, que nos mate lentamente.
No eliges en que instante explotarás de tristeza. De la misma manera que es imposible tener un día completo de felicidad. A veces acumulamos y otras veces los sentimientos nos atacan en manadas sin motivo aparente, tirándonos más abajo de lo imaginable o subiéndonos a la cima del mundo haciéndonos sentir inmensos y eternos. La melancolía es inevitable, nos tiñe a su antojo sin que nadie la llame. El tiempo nos mata, el tiempo nos apura, nos corre, nos pone límites, nos mortifica. A veces nos acostamos felices y levantamos con un sol que solo puede ser buen augurio y aún así no podemos, es más fuerte que nosotros.Estamos tristes y punto. O felices, ¿quién lo sabe?
Anastasia Traveller
Y es que no lo entiendes. No importa cuan grandes sean tus demonios o cuan roto estés, yo te amo. Y nada puede cambiar eso, mi corazón será caprichoso, torpe, le costará abrirse, pero sabe que te ama y nada puede cambiarlo. A veces... mentira, siempre me gustaría saber que significa tu silencio, cuando callas, cuando te ausentas, cuando te tengo a a{os luz mientras estamos lado a lado- Te amo y no hay monstruo ni rotura que lo cambie.
Anastasia Traveller
Esa necesidad de querer expresar tanto y que las palabras se te enrieden, se confundan, te confundan y no sabes ni donde estás parado. Pero sabes que una cosa es segura, lo amas.
Anastasia Traveller
Los libros son como las personas. Sé que no cualquiera puede entenderlo, pero si alguna vez abriste un libro y te perdiste entre sus páginas, seguro puedes entenderme. Enamorarse de ellos puede tomar un segundo o una vida. Podemos odiarlos, amarlos, serles fieles o indiferentes. Hay incluso algunos que nos atrapan, nos llaman una y otra vez, aunque los sepamos de memoria. Los maltratamos, los atesoramos, los adoramos, nos dormimos con uno en la mano, nos acompañan, nos enseñan, nos dan consejos. Tienen ese poder de aislarnos, de regalarnos experiencias y recuerdos. Nos hacen vivir. Lo interesante es como cómo una mirada puede ser suficiente o podemos necesitar leerlos un sinfín de veces porque no tenemos química. Me sucede que en ellos he encontrado excelentes amigos, gente que jamás conoceré y no por eso son menos reales. Ya decía Hemingway que si logras escribir en primera persona, la gente realmente creerá que vivió lo que escribiste. Los libros son eso, son vidas. Vidas reales, vidas inventadas, vidas intervenidas, vidas trágicas, vidas fantásticas. Vidas y punto. Pueden ser mágicos. Son mágicos. Todos a su manera. En la desgracia, en la felicidad, en la soledad, en la tristeza y en el amor. Pero no cualquier persona congenia con cualquier libro, no señor. Los libros son muy caprichosos y no lo olvides, son ellos quienes nos eligen.
Anastasia Traveller
Anastasia Traveller
A veces solo necesitas un abrazo que te haga creer que todo estará bien
Anastasia Traveller
Esa manía que tiene el cielo de arrastrarnos en su melancolía cuando llora...
Anastasia Traveller
Anastasia Traveller
No importa cuanto lo intente, nadie lo valora. Es frustrante ver que intentas todo para que esté equilibrado: amor, facultad, familia, amigos y aún así sentirte bien, es prácticamente imposible. No pido que sea perfecto, pido paciencia, no que todos me reclamen constantemente, es como si no les importara que también tengo sentimientos, propósitos, sueños, intenciones. Me molesta ser predecible, que la gente espera que sea así ,que elija un libro, una foto o una canción determinada porque me conocen. A veces parece que incluso ellos me conocen mejores que yo misma. Estoy cansada. ¿Qué pasa si de repente mañana me levantara y empezara a tomar decisiones espontáneas? ¿Qué si de repente sin pedirle permiso a la rutina, decidiera escaparle y cambiar mi rumbo?
Anastasia Traveller
El infinito significa infinito y punto. Puede tener más significados pero siempre seguirá siendo infinito. El problema es que hoy en día el infinito como signo sufre de un efímero momento de infinidad, está en la cima, cualquier lo lleva en su piel, en una imagen, en una frase y a la vez nadie lo lleva del todo. Solo es un dibujo bonito, un ocho acostado, un número vago que no encontró fuerzas para levantarse y enfrentar la vida. Y sin embargo no pierde su complejidad. En matemática lo infinito no tiene límite. En la realidad, el infinito de muchos dura lo que un suspiro. Lo que muchos es para siempre, para otros expiró antes de empezar. Cuando la gente dice por siempre o infinitamente mienten ilusamente, piensan que con decirlo basta, como si fuera una palabra mágica que nos asegurara el futuro, pero no llegan a ver que dependen de ellos cuanto dure su infinito, su para siempre, no ven que están condenados antes de siquiera pensarlo. A la gente le gusta decir que sus sentimientos son infinitos. Que aman infinitamente. Que su tristeza es infinita. Incluso yo lo hago. Pero no así. No digo que las cosas no puedan ser infinitas, no me confundas. El universo en si es imposible de delimitar, es infinito, inmenso, interminable… pero solo desde nuestra posición, nadie puede probarlo. No todavía. Pero lo que realmente creo que es infinito son los momentos, los estados momentáneos, que no durarán más que un segundo y son justamente esos segundos acumulables los que hacen que las cosas valgan la pena, ese instante de infinidad, que todo lo vale. El signo no tienen principio ni fin, es como un ciclo, y así también es la vida, un ciclo constante de rutinas o no rutinas, donde es imposible no sentir que un momento lo pasaste dos veces, donde la rutina nos abruma o las nuevas experiencias no paran de sorprendernos. La magia de esos momentos es lo que los convierte en infinitos. Y eso es lo importante. Ese segundo en el que soy feliz. O río. O lloro. Sola. En compañía. Sola entre la multitud. Acompañada solo de un recuerdo. En la calle. En la playa. En mi cuarto. De día. De noche. Bajo la lluvia. En un atardecer. O en un mediodía común. No importa. Es ese instante que acaba de irse y nunca será dos veces igual. Por eso insisto en que la gracia, la atracción fatal de lo infinito está en su naturaleza efímera, en su ciclo que se repetirá desigualmente un sinfín de veces. Ser infinito es vivir, es un suspiro.
Anastasia Traveller
Porque te amé y te amo y nada puede cambiarlo.
Anastasia Traveller
Ese ímpetu absorbente que te pide a gritos un viaje, una escapada, salir a recorrer, a caminar, a buscarme y encontrarme.
Anastasia Traveller
La felicidad que te causa ver bien a quien quieres y la melancolía de no poder estar cerca para darle un abrazo. Esa necesidad inmensa de atravesar el mundo en un suspiro, porque después de todo ¿qué son las distancias? Esa envidia sana de querer estar en su lugar, de sentirse en el lugar equivocado. Esa contradicción de amar a alguien y tener objetivos diferentes. Ese tire y afloje entre querer quedarse en casa por mis seres queridos y esa vital necesidad de salir a recorrer el mundo, de explorar, de conocer, de escapar, de encontrar, de encontrarme. Esa sonrisa con lágrimas en los ojos que no sabes si es por ti o por ellos. Ese sentimiento culposo de no poder ser plenamente feliz con ellos, porque para sentirme plena necesito viajar y a la vez en cuanto pongo un paso en ello, siento que los necesito y tengo que volver. Porque no sé a donde voy ni donde estoy. ¿Estoy acá? ¿Estoy allá? ¿Física o mentalmente? ¿Quiero irme o necesito irme? ¿Puedo ser feliz quedándome? ¿Puedo soportar irme? ¿Sentimientos o necesidad? ¿Es solo una necesidad creada en mi cabeza o es para lo que nací? ¿Experiencia de vida o destino? ¿A dónde voy? Esa incertidumbre pre-viaje que no deja de plantearte dudas o posibilidades, saber que no quiero echarme atrás pero que mientras tanto pierdo mucho. Te pierdo a ti, a mis amigos, a mi familia. ¿Y todo eso para qué? El mundo es un lugar enorme y quiero conocerlo, recorrerlo, empaparme de él, llenarme, encontrarme. ¿Pero que si mi lugar está acá y no pude verlo? No puedo saber si me equivoco si no lo pruebo y a la vez los miedos de intentarlo me llenan, me destruyen, me derrumban, soy como una represa a punto de estallar y siento que cuando lo haga, o tendré compasión ni nada podrá contemplarme por un rato. ¿Y qué si destruyo todo a mi paso? ¿Seré capaz de reconstruirlo? ¿O tendré que empezar de cero? Miedo y ganas de aventura, esa necesidad incontrolable de ser feliz, de sentir que las mejores oportunidades nos golpean la puerta en los momentos menos adecuados y aún así ser kamikaze y arriesgarnos, porque después de todo ¿qué tenemos que perder?
Anastasia Traveller
Anastasia Traveller
Anastasia Traveller
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