Soneto de Entrañas y Flores Negras
Un Dios Vivo de garras doradas.
Un bosque abyecto y espeluznante, como trazado por El Bosco. En sus ramas cuelga una cuerpo destrozado que imita la figura del Arcano Número Doce.
Una niña mutilada desaparece en la dimensión que se abre dentro de una casa abandonada.
Estos son algunos elementos que conforman Nuestra Parte de Noche, el opus literario de Mariana Enríquez. Sin embargo, más allá del horror sobrenatural que se arrastra por las páginas malditas de este volumen, el gran sigilo que se encarna en la mente del lector es el visceral trasfondo de trauma y violencia familiar, así como las implicaciones históricas de la dictadura Argentina. El dolor, la crueldad y la oscuridad son los ejes principales en esta historia.
Juan y Gaspar se presentan como nuestros personajes centrales. Dos almas desgarradas por más de una herencia maldita. La primera es la relación padre-hijo manchada por la violenta unión que tiene Juan con La Oscuridad, una deidad cósmica que le exige estar siempre en contacto con "Su Parte de Noche"; parte que Gaspar lleva en su ADN y de la cual será inevitable escapar. La segunda es el mórbido y cruel culto satánico de la familia de Rosario, la madre muerta de Gaspar. Y la tercera es la gigantesca brecha de dolor que separa a ambos. Como si el más espantoso y profundo vacío fuera esa herida gigantesca que le impide a Juan ser un buen padre con Gaspar.
El Dolor es aquel gran monstruo que destruye y moldea a nuestros personajes. El fenómeno del dolor físico, como las migrañas que le hacen ver a Gaspar flores negras en el cielo, o la gran herida que atraviesa el pecho de Juan por su condición cardiaca. Pero es también la fisura palpitante en el alma de los individuos la que conduce sus decisiones y determina el porvenir. La terrible depresión de todos los personajes. La pérdida de Betty. Un conjunto de figuras trágicas que habitan en una dimensión donde pareciera no existir la felicidad o la familiaridad.
El imaginario sobrenatural Nuesta Parte de la Noche funciona como el amplio escenario de un teatro de la crueldad para que jueguen todas las tragedias de los personajes. La omnipotente sombra de La Orden que se reúne en una señorial mansión en Misiones es el mejor ejemplo. Un culto satánico regido por Tres Brujas Supremas, fundado hacia siglos sobre los cadáveres de niños secuestrados y mediums explotados, como es el caso de Juan. Esta terrible secta busca convocar, a través de infligir dolor, a una Entidad Reptante que devora todo a su paso llamada simplemente La Oscuridad. Y es que es esa Oscuridad el vacío del dolor, la depresión, la crueldad y la maldad, la principal fuerza que rige el cosmos de esta historia.
La novela transita en distintos escenarios inspirados en la vida real magistralmente retratados por la pluma de Enríquez. Recorremos la estrambótica vida de los padres de Gaspar en los agitados años setenta. Rosario y Juan viven, junto a otros hechiceros, como elegantes vampiros rodeados de un imaginario pre-punkiano, en el que las circunstancias horripilantes y sobrenaturales ensalzan la ya extravagante atmósfera. También vemos la indómita región sobrenatural de la Argentina contemporánea en donde los cultos paganos a deidades reales como San La Muerte sitúan al lector en un contexto cercano y aterrador.
Entre estas situaciones extraídas de la realidad se encuentran también las implicaciones históricas de Argentina durante 1960-1990 que juegan un papel fundamental que enaltece el valor de la narrativa. La crueldad propiciada por el Estado y las élites adineradas, los desaparecidos, los sepultados, las madres que buscan, la crisis del SIDA. Todas estas circunstancias atraviesan el hilo narrativo de la novela, encontrándose con los elementos sobrenaturales y empapándoles de un contexto que los vuelve aún más crudos y viscerales. La maldad de las prácticas satánicas entonces se contrapone con la maldad del mundo real, aquella maldad que desaparece civiles, asesina infancias e ignora a los enfermos.
Los tintes de la novela coagulan con la influencia de la tradición sobrenatural en Latinoamérica, el conocimiento hermético/alquímico y las referencias a obras maestras del género como El Gran Dios Pan de Arthur Machen, que pareciera la inspiración directa de La Oscuridad, el Dios central de la pieza. Relatado en partes como narración omnipresente, registros de diarios íntimos y en una ocasión como texto periodístico, recuerda a la cualidad documental de Drácula de Bram Stoker.
Estos elementos de referencia, en conjunto con muchos otros que surgen del imaginario personal de Mariana Enríquez, catalizan el mundo vertiginoso, macabro y profundamente melancólico de Nuestra Parte de Noche; una novela que se vuelve como las entrañas de un gigantesco monstruo que pareciera habernos tragado. Y es que no hay otro camino para escapar de los viscosos rincones de este universo lleno de aparecidos y des-aparecidos, de rituales orgiásticos y maldad absoluta, que atravesándolo completamente hasta abrir la puerta que, tal vez, nos deje en la certeza de la familiaridad o, probablemente, nos aparte aún más allá de ella.














