EMPATÍA A LA REVOLUCIÓN.
“Todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros” Orwell. La visión de la igual como una estándar de medida desde donde la política, constitución y sociedad trata de consolidar la figura del ser humano. Pero como una tragedia griega después de nacimiento viene la desfiguración, un proceso dado cuando la “sociedad corrompe” el acto noble del ser, y es aquí cuando el poder se vuelve bueno en unas manos (gobernantes) y es malo para lo demás (gobernados).
Partimos de un lugar “donde el derecho y la libertad lo son todo, los inconvenientes no son nada” (Rousseau p.155), el pueblo es la voz de Dios; pero comienza el lavatorio de manos al mejor estilo de Poncio Pilatos, un acto que se ha vuelto necesario dentro de la política, la justificación del bien mayor en un ritual de sacrificio. El poder se antepone al pueblo, muere el idílico nosotros; “mientras menos se relacionan las voluntades particulares con la voluntad general…más debe aumentar la fuerza represiva” (Rousseau p.95).
En Colombia durante cada elección se verbalizan los proyectos con imaginar y soñar, la clarividencia como un requisito para las promesas del mañana donde cada político describe el utópico programa de gobierno. Es oficial cuando se pide soñar, “presents dreams as the one realm of free expression that endures when private life falls under state control. Under such conditions, the dreamer can clarify what might be too risky to describe in waking life” (Juchau, 2019), es más seguro imaginar que tratar de construir, prolonga la longevidad dentro de la
Las versiones oficiales son amplificadas por micrófonos que se alquilan al mejor postor; contar, decir, narrar no va más allá que un simple ruido que se va apagando mientras la pauta la paga otro. El discurso es acto que se vale de la censura que “puede ser útil para conservar las costumbre, pero jamás para restablecerlas” (Rousseau p.206), la costumbre nos ha mantenido cautivos mucho tiempo, desdibujando la realidad, esperando el mercado, tejas, tamales, ventiladores y plata, del próximo mesías con el que daremos el salto de fe, según lo acordado en la tradición.
Según el Contrato Social, el estatus dentro de una democracia cae en el cuerpo electoral, en donde la mayoría reclama el bienestar nacional como botín ganado en tiempo de elecciones, idílicamente en Colombia siempre llegamos al mismo punto de inflexión: escoger le menos peor. Un constante vilo que se gesticula, pero nunca se enuncia.
Vivimos en una realidad próxima que se hace en la medida que se ve cruzada por la pantalla, es un double checking, en donde “la televisión reduce el mundo a fantasma, y por tanto impide toda reacción crítica y toda respuesta operativa en sus adeptos” (Eco p,39).Estadísticas, datos, números, cubrimientos, que nos engargolan en una narración constante en donde los problemas siguen ardiendo, pero en otra Colombia, en otro lugar, en otro momento. Habitamos un espacio tiempo paralelo entre el televisor y la realidad.
La normalidad como un gen patológico que busca ser impuesto, busca crear una capa de empatía donde el bienestar es figurado o relativo, dependiendo del ojo observador, “la imagen es un puro fantasma procedente de un mundo que no le atañe”(Eco p.43), en la institucionalización del discurso del gran país, se presenta una crisis de identidad, el movimiento circundante de las palabras se vuelve antinatural en la medida que profana los cuerpos que enuncia.
En Colombia parecen que hay imágenes fijas, representaciones que miden dentro de una escala el bienestar del pensamiento colectivo. Es normal una fosa común, desplazamiento, sicariato, asesinatos, corrupción, desfalcos, compras de votos, narcotráfico; un panorama nacional con el que es fácil identificarnos, sencillos encontrarnos, una narración dada por la televisión y multiplicada por los paisanos. Personas en una rueda, corriendo, buscando una oportunidad, sencilla, simple, para poder llegar algún lado. Nos vendieron la meritocracia en una sociedad donde ser presidente es más cuestión de apellidos que de trabajo.
“Y pronto se vio cómo este pretendido reino del otro mundo se convirtió en el más violento despotismo dentro de este, bajo un jefe visible”(Rousseau p.212),alimentamos el ego del mesías con nuestros votos, y como de costumbre quedamos con los brazos al cielo esperando a que caiga la mana, pero ya somos invisibles, la figura se ha transformado en presidente y Colombia se ha vuelto una telerrealidad.
“Dreams offered a rare opportunity to restore a sense of agency” Juchau, es del sueño donde comienzan a germinar la necesidad de cambio, la no renuncia a poder vivir diferente, el anhelo que permite que el presente tenga solución. La palabra cambio se vuelve poliforme frente a cada necesidad y sujeto, sabemos que “si perdemos las esperanzas en una posibilidad de un mundo distinto, entonces no hay otra alternativa que afirmar el presente como presente absoluto”(Zuleta p.152),atreverse a ser un insurgente social.
Los disímiles tejen puntos de encuentro, la supervivencia se torna cada vez más pesada, lo antinatural toma fuerza, un estudiante reclamando sus derechos, un profesor reivindicando su labor, un líder social rogando protección, una madre pidiendo justicia, la memoria de los desaparecidos, los sueños de paz de un reinsertado, los bramidos de la desigualdad, la voz de la pobreza, los campos se hacen fecundos, “una vida sin conflictos es precisamente una vida no creadora, infecunda”(Zuleta p.153).
Las marchas, la protesta, la revolución, el acto vandálico ese poder temerario, el rechazo al símbolo, una forma política pura, cruda, visceral, sin filtro desde donde se le contesta al soberano, la fuerza que “en todos los pueblos del mundo, no es la naturaleza sino la opinión la que decide la elección de sus placeres”(Rousseau p.205).Cada intervención, significa cambio en la ruptura de lo establecido, una intervención legítima, clara y fuerte, el rescate en lo coloquial, “cuando la tirania es ley, la revolución es orden”.
La ruptura de una normalidad inexistente, y encontrar en el otro un igual, “es porque ha condensado en su propia vida los sufrimientos de toda la humanidad” (Zuleta p. 141). El hambre y la pobreza es la misma, los sueños, necesidad e ilusiones no son personales, son un ideal que parece transmitir vida en un árido terreno en donde las personas que parecen mediar sus vidas a través de las redes sociales, la búsqueda por aceptación de un modelo de vida que no más cercano a la distopía en la que viven.
“Las opiniones de un pueblo nace de su constitución” (Rousseau p.206) , cuando son dejados atrás por seguir el sueño del desarrollo, cuando les han “robado hasta el miedo”, cuando no hay respuesta a los acertijos: “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”. Partimos de Colombia para llegar a Polombia, un lugar imaginario en donde todo está bien, en donde es preferible marcha a trabajar que por el cambio, en donde los gritos de la revolución se apagan porque no somos iguales, porque el hambre no es la misma, porque los miedos son otros, porque el dolor es un invento para pedir cosas regaladas.
Estamos encerrados en un terreno, pero somos diferentes países, desarticulados por una narración en donde todos son mejores, en donde alguien más tiene la culpa; vamos cruzando la vida entre protestas y resignaciones, se quiebran los sueños, pero la generación futura los salva porque siguen siendo los mismos. Vivir en un constante vilo, porque la siguiente revolución tenga la fuerza necesaria. Se cae en cuenta que muchas de las arengas son las necesidades de los males de hoy, un virus arrincona la sociedad destartalada que le ha negado a la educación al cambio.
Cada vez llegamos a picos en donde hay pedidos que parecen ser innegociables, focos que parecen no ceder ante los epítetos negativos, realidad que no se pueden diluir en la pantalla, mentiras insostenibles, el castillo de cartas va cayendo, la meritocracia cada vez más pasa por mentirosa, las personas están ahogadas en la pila del progreso que los está desarticulando.
Las cosechas se han vuelto mezquinas, rehacías, se han vuelto contestarias, el tributo parece no estar listo para ser sopesado por el gobierno. Las mentiras del cambio caen en costal roto, las excusas van alimentando el fuego, el polvorín lo han puesto ellos y hoy parece que esa realidad es tan inevitable que sería imposible no televisarla. La caída de un imperio es el renacimiento de una república.
Bibliografía
Eco, U. (2003). Apocalipticos e Integrados. Barcelona: Editorial Lumen .
Juchau, M. (7 de Noviember de 2019 ). How Dreams Change Under Authoritarianism . The New Yorker, pág. 1.
Rousseau, J.-J. (2006). El Contrato Social . Bogotá: Panamericana Editorial.
Zuleta, E. (2000). Elogio a la Dificultad y Otros Ensayos . Cali: Fundación Estanislao Zuleta.











