El camino de la Necesidad
En el camino de la necesidad existe un primer movimiento, que sin duda se vuelve el primordial: el sentirse necesitado. Quien no logra ese primer momento difícilmente puede hacer camino de necesidad a lo largo de su vida. Dios aparece en la vida de los hombres como lo que es; un dios completamente misericordioso, no distante tampoco es un dios escondido en lo recóndito de una trascendencia perpetua. Dios se hace presente en lo que nos acerca a los demás, en la humanidad más humana (humano demasiado humano); allí encontramos a la divinidad más trascendental. Dios permite encontrarnos con el hombre y al encontrarnos con éste, nos permite encontrarnos con su Rostro. En ese rostro encontramos aquellos que tienen como intención hacerse hermano, padre, amigo, hermano, novia, hacerse complementario a esa misericordia, que tiene sentido únicamente en ser plenitud para otro. (Nosotros de la misma manera somos transmisores de una imagen de Dios, pero es cuasi imperceptible para uno mismo, para que hagamos experiencia de dios con el otro. Ese vacío que Dios nos deja en el centro de nuestra existencia debe ser llenado, sólo con experiencia de Dios, nada logra llenar un espacio donde sólo cabe lo infinito y trascendente.) Dios mismo se hace presente en toda la creación, no desde un panteísmo, ni de un fideísmo; sino es encarnación desde donde cada humano que quiere donar-se al otro, que quiere que ese otro sea liberado. La liberación del que sufre, del que necesita es lavar el rostro de Cristo desfigurado por los azotes del imperio (¡!). Se lavan los rostros de Cristo buen Pastor; aquel que no abandona a nadie que se le confió al cuidado, sino que comprende la realidad completa-ulterior del ser con el pobre, la viuda el huérfano. Comprende las nuevas realidades-sociales-existenciales y comprende los nuevos pobres, viudas y huérfanos, comprende a los nuevos “pecadores y endemoniados”. Comprende a la persona que se suicidó, al que amó a otro de su mismo sexo, comprende a la prostituta, comprende al que dentro de su vida tuvo que abortar y sacrificar una vida, comprende al drogadicto, al que vive en la calle, comprende al alcohólico, comprende al ladrón, comprende a los exiliados, comprende y se compadece de los ateos, comprende al cura-religioso que no vivió su castidad. Comprende a todos. (Dios nos lava el rostro, y nos abate un dolor existencial único, sabemos que dios es Dios y sabemos que estamos delante de él, nos sabernos pecador y aún así y todo Él de igual manera se hace presente en el amor más puro. Dios NO condenó-condena-condenará al pecador). Por mucho tiempo fuimos hijos del dios moral. Dios no es moralidad, es amor. Dios no es un compendio-histórico moral (Deus mor est), sino Dios nos regala su existencia misma en Jesucristo, haciéndole entrar en razón a lo largo de su historia que es el Hijo y por ende que es amor. Allí nace y se funda la concepción cristiana fundamental (Deus caritas est). Hablo sobre dios, pero el dios que hablo es sólo una imagen de Él. Sólo Jesús comprende quien es Dios, sólo él nos hace una aproximación humana de quien es Dios. Pero a lo largo del evangelio de Jesús nos encontramos que él condena muchas actitudes. Condena la idolatría, condena el engaño mediante el espíritu santo, condena el maltrato a los humildes a los niños, adolescentes. Condena la usura mediante el sistema mercantil económico cuando se descontrola con los vendedores del templo, Jesús condena la condición de pecado, aquel que se transmite y daña. La liberación de las ataduras del pecado y la muerte van de la mano con la condición de amor-misericordia que estamos llamados a transmitir. Esta condición no es una cuestión netamente “espiritualoide”, sino todo esto tiene que ver con la liberación del hombre en su dimensión histórica-salvífica. Es desde este punto donde nosotros como creyentes hacemos opción de anunciar a Dios que no tiene nada que ver con un dios juez castigador, sino tiene que ver con un Dios que es misericordia. Un Dios que se manifiesta en la mediación histórica. Para sentirse liberado, es necesario la necesidad de el.












