Los hermanos recibieron una citación para que acudieran a la antigua mansión que todos compartieron años atrás, antes del final de la Umbrella Academy. Era raro reunirse de nuevo una vez más, en especial ahora que faltaban dos miembros del equipo y la familia. Pero más aún por las circunstancias que los reunía en la casa: Sir Reginald Hargreeves, padre por imposición y dictador a jornada completa, había fallecido. Ninguno sabía cómo sentirse respecto a ello, o al menos no coincidían en su modo de despedir “al viejo.”
Aunque si se acercaron a darle el adiós. Con la esperanza de que fuese el último.
Wanda entró como si fuera a dar una sorpresa a alguien, imagen muy diferente a la que se encontró en su interior: a nadie.
—¡¿Hola?! —Terminó diciendo, sintiendo que se le apagaba el gesto cada vez más—. ¿Mamá? ¿Pogo…?
Diego, al oír la voz de la pelirroja esbozó una sonrisa con gesto cariñoso nada propio de él. Caminó sigilosamente hasta la puerta que conducía al pasillo en la que se apoyó con aire chulesco.
La misma llave que se había tirado días mirando giró en la cerradura una vez más y Kiara se hizo paso de nuevo en la mansión de los Hargreeves.
—Genial —dijo para sí misma, seguido de un suspiro. No apreció señales de vida por ningún lado hasta que visualizó los rizos color fuego de Wanda, seguramente a una de las que más habría echado de menos—. ¿Wendy?
Siguió su primer instinto que fue estrecharle entre sus brazos con quizá más ímpetu de lo que cualquiera podría haber esperado de ella. No tuvo que escudriñar demasiado lejos para dar con Diego.
—Una persona que dice ser llamada igual que un pulpo gigante nos está mirando como si fuese la persona más interesante del planeta Tierra. ¿Es que no va a cambiar nunca? ¿De qué va vestido?
—Y la misma que se hace llamar “la sabia” no es capaz de adivinar que va vestido de payaso pero, oye, quién soy yo para juzgar nada.
Bellamy encogió los hombros con fingida inocencia y esbozó una sonrisa prieta, más incómoda que sincera. No sabía muy bien qué esperar de la situación en general.
Fiama llegó a tiempo para presenciar lo que prometía ser una escena cuasilacrimógena familiar. Número 5, que en algo tenía que parecerse a su mellizo, se quedó detrás de todos ellos observando el panorama en completo silencio. Cuando Bellamy terminó su introducción. Dio por subido el telón y apareció por su espalda. Sinuosa, como las serpientes, aplaudiendo pausadamente y sin demasiado entusiasmo.
—Wow. Bien hecho. Casi me creo que somos una familia de verdad. —Una sonrisa leve, pérfida, se dibujó en su rostro—. ¿Hemos terminado ya de fingir que os habéis echado todos mucho de menos? ¿Cuántas veces os habéis visto este tiempo? ¿Dos, si llega? En fin. Hay un entierro que organizar.
—Solo le interesa enterrar al fiambre para poder largarse o abrir la herencia. No estoy del todo seguro. —El brazo de Diego se abrió hacia el salón, donde todos conocían ya el mueble bar del viejo—. ¿Alguien quiere una copa? Porque yo me pido la botella.
Siguiendo el camino marcado por su hermano, Kiara se aclaró la garganta y lanzó algunas preguntas al aire, esperando que alguien supiese responderle.
—¿Y Uno? ¿Sabéis algo…? ¿Se habrá enterado?
—No sé nada de él —respondió Bellamy, suspirando con pesadez—. Supongo que Pogo se habrá molestado en avisar. Al igual que al resto. De todos modos, puedes hablar con él luego. Aunque si lo sabe… Me sorprende que no haya venido corriendo hasta aquí.
La casualidad quiso que sus ojos fuesen a parar en el retrato de Número 6; del mismo año en el que desapareció.
—¿Y de Drah? ¿Sabéis el resto algo? Ni siquiera sé si esperar que aparezca o no.
—Tengo un pálpito. Drahkon vendrá. Seguro —Fiama respondió a Bellamy, sin dejar que su mirada se desviase al retrato de su hermano. No había nada que pudiese reblandecerla, ni siquiera eso—. Uno igual se ha deprimido con la noticia y ha creado ríos de lágrimas en la Luna. Papi Reginald siempre es lo que más le ha importado, ¿verdad, Ki?
Las puertas del gran salón se abrieron de par en par, dejando ver al otro lado a un Klaus claramente demacrado y aún más alto. Sus ojos, enrojecidos debido a las horas llorando debido a la muerte del señor Reginald, se pasearon por todos sus hermanos en silencio, quedando fijos sobre Kiara. Habían pasado años desde la última vez que los había visto, y aun así en aquel momento solo pudo alzar la cabeza con la mirada gacha a modo de saludo.
—Al menos a mí me importa alguien —pronunció en referencia al comentario de Fiama—. ¿Acaso a alguno le ha importado cómo ha muerto papá, además de solo? ¿Si ha sufrido? ¿Cómo ha pasado y por qué?
Para su suerte, Klaus no cerró la puerta a su paso. Drahkon aprovechó que el grandullón le hiciera de telón y, de repente, por los laterales traseros del cuerpo de Uno se asomaron sus brazos, haciendo movimientos que emulaban los cuatro brazos de Shiva.
Poco le duró la payasada. Por todos los presentes era sabido que tenía un grave problema de incontinencia verbal.
—Eh, bro. No estás solo. De la que venía me preguntaba si le habría dado una erección post mortem y, la verdad, me cuesta creer que el viejo tuviera pito — exclamó, palmeando a duras penas el hombro de Uno, que le quedaba algo alto—. Bueno, ¿a cuánto tocamos de herencia? Me pido las pastillas del viejo.
Quien no se mostró contento ante la actitud de su hermano, aunque el resto de los presentes no pudieran notarlo, fue Ben. El comentario sobre los genitales de su padre le hizo esbozar una mueca de desagrado mientras negaba con los ojos puestos en Drah, el único que podía reparar en él. Desde que había muerto había ansiado el momento en que Número 4 se reencontrara con ellos, era su única oportunidad de volver a verlos juntos, pero acababa de tirarlo todo por tierra. Como siempre hacía.
—¿En serio? ¿El pito de papá? —Negó a la vez que rodaba los ojos y se apoyaba sobre la mesa—. La falda de Fiama ni siquiera te queda bien, por cierto. ¿Es que no puedes aguantar sobrio ni cinco minutos, Drah? ¡Venga ya!
Klaus se apartó de forma abrupta de la mano de su hermano, mirándole con gesto disgustado debido a sus comentarios.
—Te crees muy gracioso, ¿Verdad? —Miró a Drah, aunque en el fondo iba para todos los demás—. No os importa una mierda cómo murió, ¿verdad? ¿Para qué habéis venido? Si os hubiérais interesado, os habríais dado cuenta de que papá murió de forma extraña. Y de que su monóculo ha desaparecido. Nunca se lo quitaba, ¿Dónde está entonces?
—¿Y por qué iba a importarnos cómo murió el viejo? Ni que a él le hubiésemos importado mientras vivía. ¿No se te ha ocurrido a ti que no hay nada extraño, que ha muerto por viejo? ¿Cuántos años tenía, ochenta por lo menos? O, no sé, ¿igual porque el karma pone a todo el mundo en su lugar? Es increíble, ni La Luna te ha quitado el complejo de héroe.
—Ahora entiendo porqué me piré de aquí, ¿cómo la aguantábamos más de cinco minutos? Joder, que me duele la cabeza ya —reaccionó Kiara.
—¿Qué quieres que te digamos, Klaus? Posiblemente se le cayera mientras… ¿Qué demonios es eso…?
Los ojos de Número 7 fueron directos a los ventanales, donde varios objetos habían empezado a temblar y volaban en esa dirección como si de pronto la gravedad hubiese cambiado. Al otro lado de los cristales, el tiempo cambió como si avecinara tormenta y una luz blanca iluminaba el patio.
El resto de sus hermanos lo siguió, congregándose en grupo a unos metros prudenciales del extraño suceso.
—¡Ponéos todos detrás de mí! —Pronunció Klaus, situándose ante ellos como así pudiera protegerles, cogiendo la mano de Kiara por inercia.
—¿Qué está pasando? —gritó Wanda, cogiéndose al brazo de Bellamy con cierto temor, como si así pudiera sentirse protegida.
Un anciano se hizo presente al otro lado de la luz. Un anciano que, además, parecía estar rejuveneciendo en tiempo récord hasta que se desprendió de la anomalía y cayó de bruces contra el suelo.
—Chicos, ¿vosotros también veis a…? —dudó Drah.
—¿Seis? —dijo Diego, bajo completa confusión, tapándose los ojos con una mano para protegerse del polvo que se había levantado.
—En… Prepúber —añadió Kiara, cuando su pasmo mutó en expresión de júbilo. No habían sido los hermanos más cariñosos pero, tras creerlo desaparecido durante todos aquellos años, lo surrealista de la situación había provocado en Kiara esa inusual reacción.
—Bonita corbata —apostilló Fiama.
El aludido se puso en pie y alzó la mirada hacia sus hermanos, reconociendo a cada uno de ellos. Estaban crecidos, pero seguían siendo los mismos críos inmaduros de siempre. Se alegraba de verlos, por qué negárselo, hasta le alegraba ver la perpetua expresión de oler mierda de Fiama. Sin embargo, al agachar la vista hacia sí mismo y darse cuenta de que se había quedado atrapado en su cuerpo de la adolescencia, sus palabras de reencuentro no fueron otras más que:
Tras unos segundos atónitos ante lo que acaban de presenciar, Wanda no sabía si acercarse a él; habían pasado demasiados años, y no sabía cómo iba a reaccionar, aunque tenía unas indudables y enormes ganas de abrazar a su hermano, por lo que finalmente lo hizo.
Los ojos del Kraken aún seguían sobre su hermano desaparecido hacía eones para él, apartando a Wanda sin poder evitar acercarse para tocarle la cara y asegurarse que era Seis, tirando de una de sus mejillas sin cuidado alguno y toqueteando el uniforme sin ser capaz de creerse lo que tenía ante sus ojos. Sin tardar, Seis lanzó un guantazo contra la misma para apartarla por la fuerza y lo miró con un gesto completamente afilado.
—Realmente sigues siendo tan primate como siempre.
Bellamy, temiendo la reacción de Número 2, se puso entre medias de sus hermanos a fin de evitar una pelea.
—¿Procedemos con el funeral del viejo y lo juntamos con la bienvenida del mocoso? Puedo ir a comprar JB y globos para todos. Ahora ya estamos casi todos.
—Muestra un poco de respeto a tu padre.
—Era un viejo amargado que murió solo, como se merecía.
Fiama entornó los ojos ante la pequeña discusión que estalló momentáneamente entre Diego y Klaus, frotándose la sien en lo que buscaba esa poca paciencia a la que constantemente se aferraba para no matar o herir de gravedad a nadie. Número Tres, por su parte, se apartó de ellos y decidió centrarse en su hermano. No podrían recuperar jamás a Ben, pero Seis…
—Realmente tenemos que hablar de todo lo que ha pasado. ¿Después? —Al formular la pregunta le dejó algo de espacio y sumó el recordatorio—. Bueno, sí… Reginald está muerto. Bienvenido.
—¿Y bien? ¿Qué hacemos? —preguntó Número Cinco, con cierta urgencia—. ¿Vais a decir algunas palabritas de cariño o se os ha acabado el repertorio con el súper reencuentro? Si queréis empiezo yo, seré breve. Este es el momento en el que recibes el premio al padre más mierda de la historia, felicidades, merecidísima recompensa por toda una vida de dedicación. Hiciste de nuestras vidas un infierno, ahora espero que disfrutes tu estancia allí para los restos de los restos. ¿Siguiente?
—Joder, qué pesada, simplemente no puede parar —exhaló Kiki, solo para Wanda.
Bellamy acabó hastiado llegados a aquel punto. Acababa de volver Número 6 después de… ¿Dieciséis años? Y lo único que hacían era pelear entre sí. Así que, queriendo cortar de raíz la situación, se adelantó para coger la urna que guardaban las cenizas de su padre y las volcó en el jardín, cerca de la estatua homenaje de Ben.
—Descansa en paz, Reginald. Si es que sabes lo que es eso —pronunció sin más, antes de andar de vuelta a la casa.
—Hasta yo admito que algo de aire habría venido bien en este momento —agregó Seis, que no tardó en encoger los hombros con indiferencia y en mirar al resto de sus hermanos—. ¿Hay café?
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