Philadelphia Eagles Offensive Line - ESPN Body Issue 2019
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Philadelphia Eagles Offensive Line - ESPN Body Issue 2019
photographed by Andrew Hetherington
“Esta noche, a las 23:40 habrá un traslado. Dentro del furgón 045 se encuentra Ralph Brooks. Carretera secundaria. Norte de la ciudad.”
El corazón del profesor se disparó al leer la nota. No sabía quién la había enviado, quizás era una trampa. Pero, siendo la vida de su hijo, no le importaba. Merecía la pena correr el riesgo. Por supuesto, no estaba solo. No cuando Jessica y Scott estaban tan desesperados como él por encontrar al más pequeño de los Brooks.
Así que, los tres hermanos se encontraban en esa carretera. Unas luces a lo lejos les indicaron que era la hora.
—Pase lo que pase, nadie se queda atrás —aseguró el telepático.
Scott asintió y pulsó el botón de su traje para reducirse al tamaño de una hormiga. En cuanto el furgón estuvo lo suficientemente cerca, Jessica salió de su escondite y se situó tras el mismo, agarrándolo con ambas manos y levantándolo en peso para obligarlos a detenerse. El conductor, atónito, se asomó por la ventanilla.
—¿Se puede saber qué cojones es esto?
Antes de que pudiera salir del vehículo, Jessica cerró la puerta con tanta fuerza que la dejó inutilizada. Aun así, la tarea no sería sencilla y a la vista quedó cuando el copiloto sacó un arma y apuntó a la detective. Al igual que varios hombres armados bajaron.
Brandon, desde la lejanía, fijó su atención en ellos y se adentró en sus mentes. “Soltad las armas y marchaos a casa. No queréis estar aquí.”
—Voy a soltar mi arma y a marcharme a casa. No quiero estar aquí —repitieron todos al unísono. Haciendo exactamente lo que Brandon les había ordenado telepáticamente.
Mientras tanto, Scott se coló sin ser visto dentro del furgón y se adentró en la parte trasera. Donde volvió a un tamaño normal y se quitó el casco, buscando a su sobrino.
—¿Ralph? ¿Ralph? ¿Eres tú? Soy yo. Soy Scott, el tío Scott. ¿Dónde estás?
El niño, al reconocer la voz, sacó una mano de la jaula donde estaba metido. Al alcanzar a su tío lo agarró con miedo y desesperación, como si temiera perderlo en cuanto lo soltara. Tenía el rostro completamente demacrado.
—¿Dónde está mi padre? —preguntó—. Quiero ver a mi padre, por favor. Quiero ver a mi padre. Quiero a mi padre.
—Eh, eh, campeón. Tranquilo, ¿vale? Tu padre está aquí, y la tía Jess. Hemos venido a por ti. Se acabó Ralphy. Estás a salvo, te lo prometo.
Gracias a sus conocimientos durante sus años como ladrón, Ant-Man no lo tuvo difícil para forzar la cerradura y sacar a su sobrino con cuidado, al que abrazó con todas sus fuerzas, al borde del llanto. Justo en ese momento, un ruido a sus espaldas puso a Scott en sobre alerta. Colocó al niño tras su espalda y se giró hacia la puerta, dispuesto a plantar cara.
Hasta que vio que se trataban de Jessica y Brandon, que, una vez finalizada su tarea telepática, se había inyectado el suero para poder moverse.
Sin tardar, corrió hacia su hijo y lo rodeó entre sus brazos con todas sus fuerzas, apretándolo contra él con desesperación. Era como volver a respirar después de mucho tiempo.
—¿Por qué has tardado tanto? ¿Por qué has tardado tanto en encontrarme?
—Lo siento mucho. Lo siento mucho, cariño —respondió, con el corazón en un puño y la voz rota—. De verdad que lo siento. Pero estoy aquí ahora. Estoy aquí y te prometo que nunca dejaré que te aparten de mi lado. Lo siento mucho. Te quiero más que a nada en el mundo, Ralph.
Ralph miró a su padre por unos segundos y, sin previo aviso, dejó escapar un torrente de lágrimas impropio de él. Cediendo finalmente a sus instintos y dejando que lo cogiera en brazos mientras se aferraba a él con todas sus fuerzas.
Scott, emocionado, agarró la mano de su hermana. Jessica no se había dado cuenta, pero tenía el rostro desencajado. Su sobrino le recordaba demasiado a ella.
El telepático, ajeno a cualquier pensamiento, se giró hacia sus hermanos y sonrió con gesto agradecido. Pero en especial con alivio.
—Volvamos a casa.
| Rescate de Ralph Brooks Jr.
Brandon, Ralph, Scott y Jessica; @heroesmarginados
Carta anónima: @xxxmystique
Oh yeah, that’s my O-line. Well, most of them. JP was having none of this. *g*
Top 100 NFL players for 2020 as voted on by the players. (91-100)
IG:nfl
Guys Night Out
Braden took Caleb out for a guys night out at 8 Bells. It’s as good a place as any to hang out. Except for all these odd people, who come in talking about some Mother or something. Weirdos.
QB Nick Foles and G Brandon Brooks (http://www.zimbio.com/photos/Nick+Foles/Super+Bowl+LII+Philadelphia+Eagles+v+New+England/K0w3zmZeO3O)
Como un fin de semana cualquiera en la escuela, los alumnos del telepático deambulaban por los pasillos del centro y los exteriores mientras él, hasta arriba de trabajo, se encerró en su despacho para terminar con el papeleo pendiente. Quizás, con un poco de suerte, acabaría a la hora del almuerzo y podría dedicar la tarde a sus hijos o hermanos, pudiendo así disfrutar de unas horas en familia. Últimamente tenía la impresión de que apenas pasaba tiempo con ellos, quería ponerle remedio.
Nada auguraba que, pasado el mediodía, todo cambiaría para siempre dentro de aquellas paredes. Apenas tuvo tiempo de reaccionar para levantar la mirada cuando el “bing” de una cuenta atrás sonó y, de seguido, todo se volvió negro.
No supo cuánto tiempo transcurrió desde que cerró los ojos hasta que los volvió a abrir. Simplemente, cuando lo hizo, todo estaba tan oscuro como al principio. Por unos minutos, desorientado, no pudo hacer más que removerse entre los escombros sin ser consciente de que estaba atrapado entre ellos. En su cabeza se había instalado un fuerte zumbido que ensordecía todo a su alrededor hasta que, una vez cesó, dio paso a cientos de pensamientos de terror, agonía y desesperación.
Ante la abrumadora sensación, Brandon emitió un grito sordo y se llevó las manos a la cabeza en un desesperado y vano intento de acallar las voces. Algunas se hacían más fuertes, otras, simplemente, se extinguían con el pasar de los minutos.
—¿Alguien… alguien puede oírme? ¿Hola? ¿ALGUIEN PUEDE OÍRME? ¡Ralph! ¡Kala! ¡TARA!
No hubo respuesta más que la misma avalancha de pensamientos que amenazaban con dejarlo en estado de trance, teniendo que hacer acopio de fuerzas para dejar en un segundo plano las voces.
En cuanto su vista se acostumbró a la oscuridad comprobó con pavor qué había sucedido: la escuela, su hogar, el sueño de su vida, reducido a escombros y cenizas. Sin siquiera saber por qué. Un nudo prieto se instaló en su estómago con tal fuerza que, durante los segundos siguientes, amenazó con hacerle tener un ataque de pánico, incapacitando su capacidad de respiración.
Un sudor frío cayó por su frente y su corazón se aceleró hasta la taquicardia. ¿Dónde estaban sus hijos? ¿Dónde estaba él mismo? ¿Qué había sido de sus alumnos? De todas esas vidas que él mismo juró cuidar y proteger.
Desesperado, trató de usar la fuerza de sus brazos para moverse e intentar encontrar una salida. Él, y no otro, debía ponerles a salvo. Sin embargo, no tardó en comprender que varios amasijos de hierros inmovilizaban sus piernas. De no ser por la lamentable situación incluso habría visto la ironía del asunto: sus piernas. Las que, de por sí, no podía mover.
—¡KALA! ¡TARA! ¡RALPH! Dios, por favor, por favor, decidme que estáis bien. Decidme que estáis bien. Por favor, mis hijos no. Mis hijos no. ¿Podéis…? ¿Podéis oírme?
Comprendiendo que, mientras no pudiera moverse, mientras no pudiera ponerse a sí mismo a salvo, tampoco podría hacer nada por asegurar el bienestar de todos aquellos a quienes quería, no pudo hacer más que dejarse abrumar por los agónicos pensamientos de sus amigos y alumnos mientras las lágrimas emanaban sin descanso de sus ojos.
—Lo siento… Lo siento muchísimo. Lo siento.
En silencio, en completa soledad, se despidió de su sueño, de su escuela. Un hogar destruido que había dejado cientos de corazones rotos.
El sueño de Brandon Brooks se vio perturbado en mitad de la noche, la escena de un pájaro envuelto en llamas lo hacía agitarse agobiado sobre la cama, sudoroso, mientras murmuraba de forma inconexa. Hasta que un grito infantil lo despertó.
Alarmado, se pasó rápidamente a la silla de ruedas y se aventuró por los pasillos de la escuela. La mayoría de sus alumnos se encontraban fuera de sus camas, mirando a la misma dirección: la habitación de la pequeña Kala.
—Está bien, no hay por qué alarmarse —se apresuró a poner orden—.Volved todos a vuestras habitaciones, mañana tenéis clase. Solo ha tenido una pesadilla, ya sabéis que le cuesta controlarlo.
A medida que avanzaba, el ambiente se iba sobrecargando, como si la energía de concentrase hasta hacer más denso el aire. Al abrir la puerta, se encontró con la mayoría de los objetos levitando, incluso las paredes y las ventanas se desintegraban.
—¿Kala? ¿Estás bien?
Sin llegar a responder, se sentó en la cama con gesto asustado y los ojos llorosos. Todos los objetos se cayeron de golpe, pero el aire del profesor se cortó. Sus pensamientos se entrecruzaron con los de su hija, y lo que era peor, con los del fénix.
Seguía ahí, en un rincón de la frágil mente de Kala, aun dispuesto a perturbar su existencia y la de todos los que la rodeaban.
—¡KALA!
Al oír el grito de Brandon, la aludida se sobresaltó de tal manera que algunas cosas a su alrededor estallaron por la carga de energía.
—¡Ha sido él! —se excusó rápidamente—. ¡Ha venido a por mí! ¡El pájaro de fuego! Por favor, no quiero irme de aquí. Me gusta vivir contigo.
Al oír esas últimas palabras, el telépata se apresuró a negar con gesto afligido y se terminó de acercar, inclinándose hacia ella a la vez que llevaba una mano a su pelo y lo acariciaba con suavidad para calmarla.
—No vas a irte a ninguna parte. Ya te lo dije, si rompes algo, yo lo arreglo.
—Pero estás preocupado, lo he visto. Yo no quería romper nada, el pájaro me ha obligado. Te lo prometo. Fue él.
Se quedó en silencio unos segundos, consciente de que todo lo que dijera, ya lo habría visto Kala con antelación en su mente. Cualquier excusa, cualquier mentira, cualquier intento por calmarla. Todo sería en vano, igual que la última vez.
—Estoy preocupado, sí —confesó finalmente. Tras ver el rostro de sorpresa de la pequeña, tratando de ser más cercano, se pasó a su cama para sentarse junto a ella—. Ojalá pudiera decirte que solo ha sido un sueño y que todo está bien, pero no puedo mentirte. Kala... ese pájaro en llamas, tiene un nombre. Es el fénix y forma parte de ti.
—Pero yo no quiero que esté conmigo. Me da miedo.
—Lo sé, a mí también. Pero, ¿sabes qué? Creo que no deberíamos tenerlo, nunca más. Creo que él debería tenernos miedo a nosotros, en especial a ti.
—¿A mí?
—Sí, a ti. ¿Quieres saber por qué? Porque eres la mutante más poderosa que he conocido y que conoceré nunca, y no tiene nada que ver con tus poderes, sino por esto de aquí. —Posó un dedo sobre su pecho, a la altura de su corazón —. Siempre quieres con todas tus fuerzas a las personas que hay a tu alrededor y harías lo que fuera por ellas, por ponerlas a salvo. Por eso mismo sé que no importa que tan malo sea ese pájaro o que tanto miedo te de, sé que mientras esté contigo, siempre harás lo que sea por detenerlo. No tiene nada que hacer contra ti.
La pequeña mutante, mientras lo escuchaba, frunció el ceño. A medida que el profesor Brooks hablaba, podía ver las imágenes de una chica mayor que ella, sacrificándose por todos para protegerlos del fénix. No se identificó con ella, pero de algún modo supo que lo haría de ser necesario. Por mucho miedo que tuviera.
—¿Y qué pasará si no puedo pararlo? No sé cómo hacer que se calle. Siempre que estoy sola me habla. Me dice cosas feas.
—Eso es lo que él quiere hacerte creer Kala pero, ¿acaso no lo ves? Tú no estás sola. No lo estarás nunca. No mientras yo esté aquí.
El silencio inundó la sala durante lo que parecieron minutos. La respiración de Brandon se detuvo mientras ella lo miraba a los ojos, pudiendo percibir sus pensamientos. Él quería protegerla, igual que un padre protegía a su hija.
Aun en silencio, se puso en pie sobre la cama y se abrazó al cuello del mutante, cerrando los ojos.
—Te quiero, papá.