Historias patriarcales de mi padre o el arte perdido de escucharlo.
Mi padre es un personaje interesante. Ha tenido sus caídas en la vida pero también ha tenido períodos de abundancia de los que históricamente no supo tomar mucha ventaja. Es algo muy fácil de comprobar cada vez que pregunto si hay herencia para mí. Hoy día es un persona usualmente muy correcta, devota y respetuosa y aunque con la fuerte sombra del patriarcado, es de buen corazón. Siempre altivo aunque ya más aplacado quizás un poco por su edad y otro poco por realidad. Tiene ese carisma para conectar con otros que no se donde dejó a la hora de engendrarme. Lo guardó todo para él seguro, el muy egoísta. Es pulcro y horriblemente ordenado. De nuevo, otro talento que no pude heredar. Tenemos una buena relación a pesar de los problemas que la emancipación de dogma pueda generar entre generaciones. Nunca aprendí a jugar billar como él. Encontraba tedioso eso de echarle esa arenita al palo en medio de un ambiente enrarecido con primos olorosos que nunca alcancé a conocer, gracias a dios. Sujetos que eran en esencia depredadores. Cualquier cerveza y cualquier morcilla rancia desaparecían en manos de estos personajes extraños que solo murmuraban entre ellos. Nunca aprendí a pescar tan bien como mi padre. Intentó enseñarme. Me vestía como él con mi chaleco pescador y salíamos a conquistar el río. Su paciencia para colocar una sola carnada en ángulo perfecto no se comparaba con la masacre de lombrices en mi anzuelo. Recuerdo bien mi torpeza para lanzar el nylon que pasaba por fortuna desapercibida por la falta de testigos interesados. Nunca aprendí de chico a manejar el auto y conocer realmente de mecánica como él. Me hablaba de los tiempos del motor y yo asentaba mi cabeza, dócil y mentiroso. Soy perezoso para manejar y no cuido el carro ni el arranque ni la gasolina, No tengo idea que es un radiador, un pistón o un cigüeñal y menos cuando debo cambiar las llantas. No desciendo en segunda todo el tiempo y aparento ser muy civilizado al dar las curvas para no afectar el cada vez más frágil sistema nervioso de mi padre.
- Padre, ¿Qué será que el carro tiene un ruidito en la parte de atrás?
-¿Desde cuando le esta pasando, hijo? Hay que ponerle atención a los sonidos del carro. Las personas hoy día si viven en las nubes.
- Le estoy poniendo atención y por eso le cuento. No recuerdo hace cuanto, padre. Seguro fue hace algunos días que salí a andar fuera de la ciudad. Y por cierto, ¿Qué hay de malo en vivir en las nubes?
-Ay mijo, usted si es muy descuidado. Siempre pensando en viajar y pasar bueno.
- Padre, el sonido comenzó antes de empezar a pasar bueno. Y yo realmente paso bueno es en la ciudad, Solo que a veces quiero desconectarme. Los pueblos aunque usualmente aburridos logran ese efecto.
- Pero entonces, no entiendo ustedes que necesidad tienen de viajar.
- No estoy de acuerdo con el plural de ustedes. Solo soy yo. Solo siento que a veces ni siquiera conozco el patio trasero de mi casa como dicen, padre. Es bonito conocer. En alguno de esos huecos en la vereda seguro algo se desajustó en el carro.
- ¿Qué necesidad hay de irse a buscar problemas a otro lado? A mi no me venga con cuentos raros de desconectarse. Uno es de donde es.
- Me gusta viajar, Padre. No solo a pueblos. Lennon decía Imagine there's no countries, una filosofía a la que sigo adherido.
- Usted solo debería creer en la gracia de nuestro señor. Esos bitles eran raros. Yo no necesito viajar, no necesito lujos. Tengo el mismo par de zapatos hace 15 años. Cada vez que se me dañan voy a la remontadora y me los dejan como nuevos.
- Pero padre, hay que ponerse algo nuevo de vez en cuando. ¿Porqué hay que estar en permanente estado de sufrimiento para demostrar ser buen padre? A propósito, ¿Donde hay remontadoras? Yo nunca he visto una.
- Yo fui criado como lo enseña mi dios, con lo necesario, sin lujos. Aún recuerdo con orgullo mis zapaticos panam. Esos si eran los mejores zapatos.
- Pero padre, ponerse un buen par de zapatos no debería tener connotación religiosa. Y lo de panam es cuestionable, padre. ¿Quizás ayudó que no había más marcas que comprar?
- Usted si no cree en nada. Dios nos da las cosas necesarias. Yo le respeto sus cosas, ¿pero en que momento perdió el camino, mijo?
- No he perdido el camino, padre, por el contrario quiero encontrar algunos más. Con ganas de volver a México, a Madrid, Chicago. Son tantos caminos que recorrer, padre.
- Por dárselas de avispado, está como está. Qué diosito no lo castigue. Yo si jamás voy a ir a otro país, de solo pensar en estar sentado tantas horas en un avión, No se ustedes como pueden soportar eso. Yo necesito mi tienda de la esquina para ir por el tintico.
- Padre, ¿pero para ir a la tierrita no son acaso 10 horas de malos olores, huecos, montañas llenas de curvas, tractomulas con ganas de estrellarlo y uno que otro guerrillero con ganas de ajusticiar? ¿Acaso eso no es aún peor?
- Qué ocurrencias. Claro que no. A uno pobre y honrado, dios lo protege. No hay nada como tener los pies en la tierra. Uno puede parar y comerse una carnita asada o un tamalito.
- Pero padre, en el avión dan comida algunas veces comestible, café, jugo y además es gratis. Hay televisión con películas, inclusive las de los guapetones del viejo oeste que tanto le gustan, de esas que siempre tienen el mismo final. Además le cuento que estadísticamente hay más chance de estrellarse en carro que de un avión caerse.
- Ni lo sueñe, mijo. Mi padre, su abuelo que dios lo guarde en su gloria, me enseñó como manejar en carretera. El jamás se accidentó en carretera. Un hombre sabio.
¿Sabio o de pronto muy precavido? A veces es bueno no endiosar nuestras habilidades terrenales.
- No me parece graciosa su falta fé, mijo. Su abuelo era el mejor de los hombres. Dios lo guarde.
- Lo sé padre. No lo cuestiono. Se que era el mejor de los hombres que ha surgido de la faz de la tierra pero no porque supiera manejar. Igual yo presiento que mi abuelo si hubiera viajado en avión.
- ¿Y permitir que un policía le revise sus cositas? Es una falta de respeto. Como se atreve el gobierno a violar nuestra privacidad.
- Ellos deben hacerlo por segur...
- Qué cuento de seguridad, somos más los buenos....a mi no me tocan mis cosas. ¿que se creen estos policías en los aeropuertos? ¿los dueños?
- Es denigrante que me traten así de mal. Y luego esa cosa de pedir tantos papeles, ¿es que no creen que uno es honesto?
- No padre, ellos no creen en nadie y en realidad nadie cree en ellos. Es su oficio. Necesitan ver un documento.
- Yo fui criado como una persona decente, ¿eso no es suficiente?
- No creo que eso les aparezca en pantalla, padre.
- Yo no me complico la vida viajando en avión. Jamás les daré gusto de poner un pie en un aparatejo de esos.
- De quien exactamente estamos hablando cuando habla de no darles gusto, padre? Eso es un intangible bien refrito. ¿Alguna vez se vió la película The Matrix?
- ¿Las mujeres si lo volvieron loquito a usted no mijo? Todos esos bandidos en los aeropuertos que solo quieren robarle a uno sus cosas.
- Pero, padre, ¿En que momento el vuelo en avión se convirtió en escenario de corrupción?
- Todos son iguales. No les interesa sino la plata.
- Eso si es verdad, padre. Todos somos iguales. A mi me interesa mucho la plata.
- No voy a permitir que me traten mal. Jamás viajaré a otro lugar que no sea mi tierra.
¿Y si algún país tiene un lugar maravilloso para pescar?
- Aquí yo voy a la laguna a una horita de acá y saco unas buenas truchas.
- Pero, ¿Y no quiere ver el mar y el amanecer en otro lado del mundo?
- Nada. Yo voy donde el carrito me lleve. Hay que ir a revisar el suyo. Los ruiditos hay que revisarlos, mijo, Usted es muy descuidado.
- Hágale padre. Vamos con su amigo del taller a que lo revisen. Usted sabe más de carros que yo.