Llegue a ese lugar con la firme convicción de que nunca más renegaría de quien soy, a unos meses de haber vuelto realidad la decisión de alejarme de una situación que creí no poder soportar más, me encuentro hundida en una de las más grandes contradicciones y dudas existenciales de mi vida.
Llegue creyendo que tenía el camino trazado, un plan que fácilmente seguiría el curso y que podría obtener cada una de las metas que rondaban noche tras noche en mi cabeza; bueno en realidad nada de eso paso, todo sigue ahí mismo, en mi mente gritando y provocándome jaquecas, demandando salir, correr hacia la acción y no lo sé, pero hay algo que no me permite liberarlas, miedo tal vez, inseguridad, desprecio hacia mi persona. No puedo concebir que haya llegado tan lejos, yo realmente me amaba, amaba quien era, mi cuerpo, mis relaciones, mi desempeño y ahora ya no sé, cómo se puede amar algo/alguien que no sé conoce y sí yo me desconozco, esos rayos de certeza que rondaban a mi alrededor se han esfumado y ahora todo lo que me queda es enojo, ira, un profundo coraje por permitir que esto ocurriera, qué fue lo que me pasó, cómo salgo de esta situación si cada movimiento me hunde más.
Me estoy arruinando, mi cuerpo, mis sueños, mis relaciones, todo se está escapando de mis manos y me siento tan débil, tan insignificante que no consigo encontrar la fuerza para aferrarme a aquello que alguna vez decidí que sería mi futuro.
Mentí, le mentí a alguien a quien apenas conocí, por miedo a la burla, por miedo a más críticas atormentándome y qué conseguí, un tormento interno por haber negado mi verdad, una verdad del tiempo en que fui tan feliz, de mi éxito hace tan solo unos meses atrás, ¡¿por qué lo hice?! ¡Maldita sea! Estoy tan arrepentida, solo quiero dejar de pensar en eso y por más que lo intento el recuerdo se aferra más y más, me siento desolada y profundamente decepcionada, quiero huir, pero se supone que estoy aquí porque estoy huyendo, la pregunta es de qué o de quién y creo saber la respuesta, pero es tan vergonzosa, solo de pensarla se estruja el corazón y desde la profundidad de mi ser nacen unas inmensas ganas de inundar la habitación con mis lágrimas, con mi tristeza y la culpa tan grande que trae el aceptarlo, y es que entre pensamientos, días malos, tardes sola en casa no haciendo nada más que estar postrada en cama, he llegado a la conclusión de que la persona de quien huyo es de mi misma, de esa parte mía que me insiste, que me presiona, que me enfrenta a la realidad y los sueños que tengo como resultado de un esfuerzo en el trabajo del día a día y tengo tanto miedo, no es ella, no es la ciudad, tampoco es él con su discurso repetido al teléfono, soy yo y mi miedo gigantesco a crecer, a enfrentarme a la vida y a fallar en el intento.