Espera, expectante, por la respuesta contraria, a sabiendas de que gustos opuestos son distintos a los suyos, en más de una circunstancia, y que la posibilidad de enfrentar una negativa es grande. No sabe en qué situación específica se encuentra con Jae, nunca lo ha sabido, pero una parte de él, no tan oculta ya, desea ser algo más que desahogo físico del otro, que sí, que sabe que no es el único en la vida del tutor y que nunca lo será, pero a veces, sólo a veces, se descubre a sí mismo pensando en cómo sería. La perspectiva le agrada más de lo que aceptaría en voz alta; sabe que de externarlo, no volvería a siquiera hablar con Jae-hyuk. “No me extraña, me da toda la pinta que si celebraras navidad serías un Grinch,” asegura con un entretenido tono juguetón, mirando al contrario con expresión suave, antes de levantarse del sillón para ir a preparar palomitas de maíz y un par de tazas de vino caliente. Le gustaba mucho la época decembrina, con todas las luces, las buenas intenciones en general de las personas, y los regalos que solían venir con ello, las tradiciones que tenía con su madre y demás. Odiaba no ser capaz de irse a la residencia de los Revere-Costa en Boston, donde solían pasar las fiestas y hacían su cena navideña, donde él y su madre hacían su intercambio secreto de regalos y una videollamada con sus parientes en Brasil. “Aunque no puedo creer que ni siquiera hayas visto Home Alone. Es como, un pecado navideño,” asegura desde la cocina, antes de volver con dos tazas llenas de la bebida caliente en una mano, y en la otra el bowl de palomitas. “Pero está bien, está bien, yo veré la película mientras tú te quedas dormido. Eres una excelente almohada,” deja las cosas en la mesa y de inmediato vuelve al lado del mayor, dejando que la parte superior de su cuerpo quedara apoyada contra la impropia, acurrucándose tanto como le permite la diferencia de estatura y complexión.
A veces, cuando las interacciones cotidianas se repiten de manera insistente, decide de manera consciente dejar de pensar en las implicaciones que tiene un acto tan nimio como compartir el tiempo un domingo en la tarde-noche. No quiere pensar en las consecuencias, porque esta al tanto que de hacerlo terminaría por marcharse para marcar una distancia entre ambos que ha dejado atrás gradualmente y no puede permitirse llegar a punto cumbre. No solo porque no desea una relación, pero también ante conciencia de que Martim espera mucho más de lo que él pudo entregar en sus mejores días. Y no es que no fuese un cínico, o quizá si lo era, pero disfrutaba demasiado de la compañía ajena como para involucrar discusiones para la que ninguno de los dos estaba preparado. “El Grinch es ese ser verde al que no le gusta la navidad, ¿no es cierto?”; cuestionó. Aquella era una película vieja que no formaba parte de su repertorio, ni pretendía hacerlo pronto, pero era una conclusión sencilla a la que llegar. Observó la acción ajena de desaparecer en la cocina, aprovechando esos cuantos minutos para acomodarse en el sofá y prepararse mentalmente para una película que no deseaba ver con canciones que tampoco quería escuchar. Sin embargo, sentía que se lo debía al menor. Últimamente, con todo lo de la academia, no estaba en su mejor espacio mental así que seguramente había hecho alguna cosa que había podido ser percibida de manera negativa por aquel que lo alojaba esa noche. Sabía que el menor era de los que más resentía aquella renuencia a dejarlos salir de la ciudad, con todos esos planes navideños, así que estaba intentando comportarse. Un equilibrio entre mostrarse interesado en la celebración y no inmiscuirse demasiado, no porque no quisiese hacerlo, simplemente no se veía haciéndolo. “Voy a creerte que es un sacrilegio, pero debo admitir que todavía no sé de que película me estas hablando aun cuando me contaste parte de la trama”; admitió, girando su rostro para encararlo. La cultura popular era diferente, debía admitir, así que sabía de algunas cosas, pero referencias puntuales que eran antes de los dos mil era una negativa rotunda. “En ese caso, tenemos un trato”; admitió, sonriendo con amplitud. Coopera ante aquel abrazo improvisado, acomodándose en el sofá para que vieran aquel filme. “Puedo ser una almohada funcional, si, sobre todo si con eso vas a dejar de tacharme de ser un Grinch”; le molestó, aunque el titulo no le disgustaba. Tampoco le agradaba, pero no iba a mencionarlo. “¿Qué es lo que vamos a ver?”; quiso saber a la par que acariciaba el cabello ajeno, ligeramente.