La vida solo espera el cansancio para morir,
el abanico estorba, las risas de los niños son bullicios, las películas son simples fotogramas, los besos no existen,y las sonrisas parecen ser más lejanas. Llegan las molestias.
La vejez acompaña las arrugas, y hace de la vida una amargura sin café que la dibuje.
O sin un amor que la haga distinta.
más triste que un regalo sin destinatario.
De repente una llamada y todo renace,
era una llamada a distancia que recordó todo lo bonito de la vida
un llamada sencilla y solidaria,
pero que no recuerdas quién era,
solo sabes que en el fondo te decía tus sueños,
mencionaba nombres de la gente que has conocido en la vida,
los lugares que has visitado,
y los últimos platos que serviste sobre la mesa.
También te invita a prender una vela,
a rezar incansablemente por las épocas de tempestad,
a renacer con ganas, para que el amor veneris regrese pronto.
La llamada deja de ser cautelosa,
se pone ardiente y colorea su voz con el sonido que hace el carbón sobre llamas,
como si una velada estuviera por comenzar,
jazz de fondo, y un vino que solo se escucha al caer en la copa,
un brindis por la vida, oyes risas,
luego escuchas el rechinar de una cama de un lado al otro,
gemidos en todas las tonalidades.
Al pasar unos segundos la comunicación se torna un poco turbia,
el que habla del otro lado del teléfono te trata sin piedad,
cuelgas el teléfono, y descubres que tu otra mano la has perdido,
eras tu, con los dedos cerca de tu clítoris.
vuelves a ser triste y vieja.