MENTE DE PIEDRA O MENTE DE GOMA
A la hora de tratar la información externa, tenemos dos extremos y unos términos medios. Un extremo es el de la mente cerrada a cal y canto en su propia visión de la realidad, en sus convicciones, en su manera cuadrada de ver el mundo. El otro extremo es el de una mente flexible, que abre sus puertas a la información y la contempla. En ambos extremos hay peligros, como siempre. Por ejemplo, una mente demasiado abierta corre el riesgo de dejar entrar cualquier tipo de información y posiblemente aceptarla sin más, además de no llegar a tener unas bases sólidas, o principios en los que sustentarse. Una mente muy cerrada, por otro lado, suele regirse por lo aprendido en los 20-30 primeros años de vida, y todo lo demás no tiene casi cabida en ella. Es decir que no se llega a plantear o replantear la información, sino que sigue como un credo lo ya aceptado hasta cierto punto de su vida (aceptado por la flexibilidad de la mente de la infancia), y lo nuevo no es válido y no tiene la posibilidad de integrarse en su personalidad y su repertorio.
Entonces tenemos por un lado a personas que pecan de un relativismo muy exagerado, que no llegan a encontrar unas raíces, perdidas en su propia ‘’amplitud’’ y sin llegar nunca a posicionarse en casi nada. No llegan a ser un referente de verdad para nadie, y pocas veces se atreven a mojarse. Y por el otro, cabezotas radicales muy posicionados en sus creencias y que suelen decir cosas como ‘’a mí nadie me va a cambiar a estas alturas’’ o ‘’no me vas a enseñar nada’’, ‘’yo soy así’’, etc. Ambos extremos producen radicalismos a su manera, muchas veces disfrazados de otras cosas, y en ambos extremos hay varios tipos de personas que funcionan igual pero con sus propias creencias, generando más extremos.
Yo creo que, como siempre, en el punto medio está la virtud. Pienso que hay que tener una mente abierta para ser capaces de contemplar información de todo tipo, pero además unos filtros (principios, experiencia, cautela, conocimiento) para procesarla cuidadosamente. De ésta manera podemos hasta contemplar lo que nos cuente el diablo, pero teniendo siempre un filtro que sólo dejará pasar lo que consideremos válido. Porque, aunque alguien no me guste en términos generales, y suela decir idioteces, no significa que no pueda separar el trigo de la paja y saber aceptar cuando ha dicho o hecho algo correcto. O cuando nos topamos con temas, palabras o términos que hemos tachado de tabú, rechazarlos de plano nos cierra las puertas a las joyas que pueda haber detrás. Es como tener una carpeta en el PC, que no abrimos porque el título no nos gusta o nos da miedo, pero que dentro puede tener cosas buenas que nos estamos perdiendo sólo por no mirar. Es mejor ajustar el ‘’cortafuegos’’ a cosas más concretas.
También así se pierde el miedo a posicionarse, a tener creencias, por mucho que éstas puedan estar equivocadas o no ser correctas del todo. ¿Qué más da? Si seguramente nada de lo que sabemos o creemos saber, o ‘’sabremos’’ en el resto de nuestras vidas, sea cierto ni en un 50%. Aprender, asimilar, equivocarse, descubrir, demoler todo y volver a aprender, volver a equivocarse, y así continuamente. Pienso que esa es la base del aprendizaje y que cada vez que descartamos algo y volvemos a aceptar (como válido o posiblemente válido) algo nuevo, se queda un residuo de experiencia que se va acumulando poco a poco y que al final es lo que se convierte en nuestro camino y nuestra persona propios. No aceptar de primeras cualquier cosa que venga como un idiota, pero no ser un tocón seco soberbio, que se niega a aprender y se piensa que lo conoce todo en sus 50 años de vida rancios. Es un buen término medio al que cuesta llegar (y mantener) pero al que vale la pena apuntar.
Radicales liberales que pegan palizas a los que consideran fascistas, fascistas que pegan palizas a los que odian, liberales que condenan y atacan a quien siquiera llega a contemplar una posibilidad que no les convence, y sigue y sigue la lista de extremos. Todos iguales sin darse cuenta de que son y actúan como lo que odian y condenan, con otros colores, con otras banderas. Con la misma violencia, la misma idiotez y la misma ignorancia, echan la misma peste.
Los extremos son siempre manipulables, destructivos y opresivos. A mí me gusta más intentar ir a mi aire y, en la medida de mis posibilidades, caminar por el centro. Te vendrán collejas de ambos lados, pero el camino es más auténtico y satisfactorio. Te caerás igual, pero el suelo es blandito sin llegar a desmoronarse. Te quedarás más a la intemperie, pero el aire será templado.