No tiene HOMBROS, tiene HOMBRES:
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No tiene HOMBROS, tiene HOMBRES:
Enviado por: Antonio
Te acercaste a mí y aún tenías gotas de lluvia sobre tus hombros. Luego me abrazaste y rápidamente descubrí que todo se había secado.
¿Sabes que el amor absorbe la humedad como el beso al suspiro? ¿O es al revés? Dímelo tú…
Buenas noches amor
Su cuerpo estaba tatuado de lunares; en su cien, sus hombros, abdomen, piernas y sus pies, y yo tracé una constelación con mi lengua, en su morada.
@sadistic-girls-blog
Besa mis hombros, mis suspiros y deseos.
Abraza mis ganas, mi cariño y la pasión que desatas en mi con solo una mirada.
Acaricia mi alma, mis sueños y el porvenir que nos espera.
Ama cada célula de mi cuerpo, cada detalle, defecto e imperfección que me caracteriza.
Ama esta mujer que te ama con locura.
Leregi Renga
REFLEJO
Y encontró la belleza despeinándose frente al espejo del tocador mientras se fingía dormido para observar detenidamente los movimientos armónicos de los dedos de pianista desatando los listones y tirando los pasadores, dejando su cabello rizado en libertad. Libertad, libertad, la belleza de los espíritus que trascienden el espacio y el tiempo. Libertad en sus cabellos, libertad en sus dedos. Ella miró el reflejo de sus ojos reflejando el reflejo de su rostro y se vio amada por el hombre que dormía a su lado. Y es que no sabía que él la miraba mientras ella se miraba, el espectáculo de la feminidad ante sus ojos, el espectáculo del amor frente al espejo, el amor entrando por los aros de sus rizos y besando con labios de deseo su frente blanca e inocente. Y ella pasó su cepillo por sus rizos y jaló al amor que cayó a sus hombros y ahí se posó cual colibrí cansado de los aleteos. Y ella lo miró a través del espejo y él respondió a su mirada. Eterno juego de los cuerpos y los cabellos, de los besos y las caricias, de las luces y de las sombras. Los dedos de pianista, los cabellos rizados, los ojos reflejados, los labios de deseo y el amor durmiendo sobre sus delicados hombros. Así el reflejo se materializó y luego se esfumó en un suspiro largo.
No puedes cargar con el peso del mundo en tus hombros.
maps
Con la mirada absorta de la infancia, observaba caer los escasos cabellos sobre los hombros secos y la espalda abatida. Las viejas elevaban hacia el cielo su rostro con los ojos cerrados y no podía yo quitar mis ojos de la piel transparente de sus sienes, de la azulada red de duras venas, de los largos mechones apagados. Así avanzaba otro día, se tejían las trenzas con esmero, se trataban asuntos de mujeres, a veces susurrados[.]
De senectute | Irene Sánchez Carrón