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Cuatro ojos ven más que dos: Un servicio responsable
Cuatro ojos ven más que dos: Un servicio responsable
Por Tony Arias Gil
Editor en Jefe EmpresasResponsablesRD
El descuido al vender productos de consumo vencidos, no es algo nuevo. Recientemente viví la experiencia, por segunda ocasión, en una cadena de supermercados importantes en Santo Domingo. Fui a devolver un artículo derivado lácteo que fue comprado ese día y que tenía 5 días que había caducado.
Esto sucedió en un Supermercado de una marca…
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Oncólogos advierten: No todo lo natural es sano
Es habitual que los pacientes con cáncer busquen formas de mejorar su calidad de vida complementarias a los fármacos y actividades prescritos. En ocasiones estas actuaciones no solo no producen beneficio alguno, sino que pueden ser perjudiciales para el paciente. Así lo han advertido los on...
Leer completo en http://www.entiendelas.com/2012/09/oncologos-advierten-no-todo-lo-natural-es-inocuo/
La distinción es un poco inicua. Inicua no; inocua. No voy a hacer como Zapatero que dijo ayer que los trabajadores habían sido sesgados.
Prietopablos
Inocuo Contingencias Informáticas (II)
-Tres puntos más de luz-
Me divertía enormemente la imbecilidad de nuestro coordinador de proyectos.
Como ya mencioné, era una persona muy leída. Tanto manejaba con destreza todas las redes sociales, como impartía charlas de gestión empresarial en su asociación de 'Amigos del Gluten', como planeaba una elaborada campaña mediática para partidos políticos en alza. También reponía la nevera cuando nos habíamos bebido todos sus zumos y siempre cambiaba el rollo del papel higiénico. Un máquina.
Era tan listo, que se compró dos pantallas para su ordenador y las puso en vertical para no tener que hacer scroll dos veces. Su despacho parecía la oficina central de Telefónica. Poco a poco lo fue llenando de cosas que se le antojaban originales e ingeniosas. Y allí convivían peluches de Doraemon y cáscaras de plátano encima de los dossiers acumulados que yo le entregaba puntualmente todos los viernes y que jamás fueron leídos por nadie.
Esto lo sé porque en alguno de ellos incluí pequeños dibujos de prepucios con alas y gatos sonrientes a los márgenes del texto. Lo dicho, jamás los leyó.
Normalmente me encargaba que retocara fotos para catálogos de clientes que debían ser impresas en alta resolución. Él, que también sabía mucho de diseño gráfico, se acercaba a mi pantalla y, mientras el olor a humedad que desprendían sus camisas iba colonizando mis fosas nasales e instalando un campamento base en mi cerebro, me explicaba que debía subirle uno o dos puntos de intensidad, y quitarle una tonalidad de verde a la imagen.
Era habitual que todas las fotos que le enviaba para su supervisión me fueran rebotadas a mi email con notas del tipo "tres puntos más de luz", o "quítale brillo y súbele blanco". Todo un genio de la fotografía.
Sin ningún tipo de maldad, un día me dirigí a su despacho de fantasía con un pen drive y varias imágenes retocadas para que les pasara supervisión. Me recibió con la diligencia habitual de sentirse superior porque su cargo tenía mas palabras que el mío, y yo procedí a mostrarle las imágenes.
¿Y qué te parece ésta de luz? ¿O me quedó mejor esta, que tiene la saturación más baja y el nivel de rojo más elevado? Él se quitaba las gafas y se rascaba la cabeza, sabiéndose importante por tomar tan relevante decisión, teniendo que evaluar durante más de veinte minutos, interminables retoques de la misma foto, para escoger la mejor versión que contentara a nuestros clientes.
Lo que no sabía, el pobre, es que todas las imágenes eran la misma. ¡Pero qué divertido ver cómo se dejaba los ojos encima de la pantalla por vergüenza a admitir que allí había tan pocos puntos de luz como dentro de su cabeza!
Inocuo Contingencias Informáticas (I)
-Breve introducción-
Era una empresa pequeña. De esas que se autodenominan como "jóvenes" y "dinámicas", que realizan un "trabajo multidisciplinar", y con un profundo espíritu de "autosuperación".
Con esta definición podríamos dedicarnos a todo. Desde diseñar los salvapantallas para una reconocido software informático con cierto gusto por las ventanas, hasta imprimir folletos de propaganda para grandes almacenes de comestibles.
Pero lamentablemente no hacíamos ninguna de estas dos cosas. En realidad, nunca supe muy bien a qué nos dedicábamos. A veces venía algún político de tercera regional a la oficina y se encerraba horas en la "sala de reuniones". Luego se iba y parecía que íbamos a despegar con el proyecto del siglo. Un día, hasta hablamos de domótica y de viajes en el tiempo. ¡Ah que cosas! Yo pensaba que nos habían traído los planos de un Delorean a la oficina, pero resultó que al final nos quedamos en una campaña para el concello de Cambados.
La denominada 'sala de reuniones' no era otra cosa que una habitación muy pequeña que daba a un patio interior, donde habían instalado dos mesas Lack y un par de sillas giratorias. Era incómoda porque la mesa Lack no daba para apoyar las carpetas, y con las sillas giratorias desestabilizábamos toda la estructura de la habitación. Acabábamos las reuniones mirando hacia la ventana con las carpetas apoyadas en el poyete del radiador. Y las mesas Lack rebosantes de portavelas y pisapapeles decorativos de propaganda. En una había incluso un pequeño jardín zen de los que tienen arena y rastrillos. Era habitual que los políticos que se pasaban por la oficina, confundieran este pequeño rincón para la meditación en un cenicero moderno, y nos dejaran las colillas de sus cigarros a medio fumar aplastadas encima del rastrillo. Yo solía recogerlos y vertelos en el cenicero del jefe cuando él no estaba en la oficina. Luego, su prometida se enfadaba con él porque pensaba que fumaba más de la cuenta, y así ya pasaba una mañana de diversión oyéndolos discutir en la despacho.
En realidad, y volviendo a nuestra carencia de identidad, era una empresa más bien pequeña. "Joven", sería una forma eufemística de decir "incompetente", y "dinámica", una manera de explicar las idas y venidas del jefe, que se pasaba más tiempo fuera de su despacho que dentro del mismo. A eso es a lo que sí denominaría "trabajo multidisciplinar". El espíritu de la autosuperación entraba los viernes a la mañana por la puerta de la oficina, detrás del coordinador de proyectos y su aroma a resaca. Este espíritu se sentaba con nosotros en el ordenador de los castigos (un Windows 98 en el que nos hacían sentarnos cada vez que había que subir archivos a la carpeta compartida porque el resto de los ordenadores no estaban conectados en red) y nos enviaba spam de carteles motivacionales y powerpoints sobre la amistad con fotos de gatos hasta bien pasadas las tres de la tarde. Luego se iba por donde había venido, y así todas las semanas hasta el viernes siguiente. Llegamos a pensar que a él era al único que le habían hecho un contrato fijo y, aunque nos divertíamos mucho viendo las fotos de conejos y perros que nos enviaba para motivarnos, le odiábamos un poco y, cuando se iba, hablábamos mal de él.
El coordinador de proyectos, cuando no olía a alcohol los viernes, olía a humedad los martes. Se ve que ponía las lavadoras los sábados a la tarde y no tendía la ropa hasta el domingo por la noche. Handicaps de soltero que sin duda, restaban un poco de calidad a sus feroces opiniones acerca de gestión empresarial. Él era muy leído y llevaba gafas de pasta. Se parecía a Moby. De hecho, era igual que Moby salvo en que aún no se había decidido a raparse de todo para evitar que su calvicie se hiciera más que evidente.
En la empresa no éramos muchos. A decir verdad, éramos muy pocos. La señora que limpiaba los jueves por la tarde (y nos hacía levantar los pies para fregar debajo de la mesa, lo cual nos daba terribles dolores de espalda que se prolongaban hasta el domingo), el jefe, el coordinador de proyectos, el becario y yo.
El coordinador, en realidad, solo me coordinaba a mí, porque al becario lo tenían siempre inmerso en tablas indescifrables de excel sacadas desde lo más profundo del infierno de Hades. Datos terribles que fechaban desde el 1997 y que nunca supimos muy bien a que se referían, pues la empresa se había formado en 2008.
Los días en aquella empresa se hacían tediosos, pero en cierto modo, el morbo que nos daba pensar cuál sería la siguiente ocurrencia de nuestros mandamases, nos llenaba de envenenada felicidad.
Terriblemente, ni en las más afiladas sospechas, la ficción generada en nuestros alborotados y menospreciados cerebros se aproximaba a la penosa realidad que allí vivíamos día a día...
Probably one of the best graphic designers in Barcelona.