Episodio 4x02: “Esta noche solo estás aquí para saber”.
FLASHBACK:
[ Des Moines, Iowa – 21 de Noviembre de 2016 ]
Aquel día podía haber sido uno más en su diario vivir. Últimamente en la vida de Owen no había más que rutina, se levantaba todas las mañanas, incluyendo los fines de semana, antes que saliera el sol y regresaba tras un largo turno a la casa justo cuando la noche estaba por llegar. No se quejaba, se estaba realizando en lo que más le apasionaba y podía decir con toda claridad que aquel lugar se había vuelto su hogar. Cada caso que recibía ya no le sorprendía como antes y ya se sentía incluso hasta experto cuando situaciones se repetían, sintiéndose feliz de poder ayudar sin tener la necesidad de investigar cada cosa.
Su relación con Kat estaba estable. El año había pasado de forma rápida y, aunque sus tiempos eran limitados para compartir, estaban llevando bastante bien la relación. Incluso en el período en que su novia estuvo grave y la estuvo a punto de perder. Debido a eso, los planes de matrimonio habían vuelto a salir a colación. Si se ponía realmente a analizarlo, no entendía muy bien porqué llevaban años sin concretar ese paso. Vivían juntos hace años y prácticamente llevaban la vida de una pareja casada, aunque quizás esa era la razón. Estaban bien de esa forma.
Las semanas que estuvo sin Kat se volvieron una tortura y mucho menos no poder a ayudarla a recuperarse y fue cuando se prometió a él mismo que si se llegaba a recuperar, le pediría nuevamente que se casara con él y que esta vez sí que cumplirían su cometido. La amaba. Él, ella y todos los demás lo tenían claro, incluyendo sus respectivas familias. Era necesario dar ese paso. La vida era demasiado corta.
A pesar de que sus padres, abuelos y la familia de Kat ya estuviera informada del paso que querían dar, optaron por una decisión mucho más drástica. Siempre pasaba algo y no querían que el tiempo que tomara planear una boda se hiciera eterna, por lo cual Las Vegas les parecía a ambos una buena opción. Estaba decidido, se fugarían esa mañana aprovechando que a Owen se le podía reemplazar y su novia tenía el día libre.
El chico salió de la sala de enfermería tras hablar con Caitlin acerca de las indicaciones de algunos pacientes, pero no le tomó bastante tiempo. Se apegó a una de las puertas de las habitaciones y se dedicó a dejarle un mensaje por Whatsapp a su novia, tecleando: – “Nos juntamos en la habitación en un par de minutos, no tardes o nos retrasarán”. – dejó el móvil en uno de sus bolsillos y emprendió rumbo hacia el lugar que había indicado. Su maleta estaba lista, por lo que solo era cosa de esperarla y marchar.
Desde que habían empezado las clases, Kat solía trabajar casi todos los días de semana. Si bien era mucho trabajo el que tenía encima con las clases, las evaluaciones y las reuniones semanales con el Consejo, no se quejaba. El hecho de que su novio también tuviera los mismos horarios que ella le ayudaba un poco a mantener su ritmo sin sentir la presión de dejar cosas de lados.
Luego del accidente que la tuvo en coma por más de un mes, dedicó las primeras semanas para dedicarse a su recuperación. Como tenía linaje de ángel las curaciones físicas no demoraron en sanar, pero como todos estaban conscientes de lo que había pasado con ella, nadie le permitió retomar su trabajo hasta luego de un buen tiempo. Con la condición de bajar sus horarios, volvió a trabajar, pero dejando libre los días lunes, algo a lo que se había acostumbrado. Aquel accidente le había hecho darse cuenta de lo corta que era la vida, y que por más que estuviera en un lugar seguro, no debía dar las cosas por sentado. Es por ello que luego de recuperarse, volvió a poner el tema del matrimonio con Owen. Si bien antes le aterraba la idea de un compromiso, luego del accidente algo cambió en su forma de pensar, por lo que ya no quería esperar más y ambos decidieron hacerlo lo más pronto posible. Algo pequeño e íntimo era la idea al comienzo, pero considerando todos los cambios que se estaban realizando en CAS con la apertura de un nuevo Centro en Chicago, siempre terminaban posponiendo la fecha. Así que para no esperar más, quedaron en irse a Las Vegas.
Una vez que recibió el mensaje, guardó su celular y comenzó a dejar todo ordenado. Había vuelto hace poco al cuarto, por lo que fue a buscar su maleta y comenzó a verificar que estuviera todo lo que necesitaba para viajar. – Estoy lista, vámonos y dejemos los celulares aquí. Antes de que suene uno y tengamos que postergar de nuevo, - alzó la voz cuando escuchó que la puerta principal se abría mientras arrastraba su maleta para ir a encontrarlo.
El comentario de Kat lo tomó por sorpresa, en primer lugar, porque no esperaba aquella decisión y en segundo lugar, había llegado al cuarto antes de lo que había calculado. Pero así era ella, sorpresiva en todos los aspectos. Mientras observaba como se acercaba a él, aprovechó de tomar su bolso el cual había dejado al lado de la puerta. Sacó el celular de su bolsillo y lo observó con una mueca en sus labios. No es que fuera muy apegado a él en cuánto a redes sociales, pero era una herramienta fiel en su diario vivir. – Kat, ¿Qué pasa si algo ocurre aquí mientras no estamos y necesitan avisarnos? – preguntó, con un tono de preocupación. Tenía consciencia de que, de llevarlos, sonarían todo el tiempo por cosas del trabajo, pero también le preocupaba la idea de que CAS estuviera en peligro real y ellos sin tener idea.
Finalmente soltó un suspiro y asintió con la cabeza. Llevaban años sin ponerse en primer lugar y las cosas en el último tiempo habían estado tranquilas. Tenían más personal y gente con más poderes. Owen finalmente no era más que un humano a quién proteger en caso de peligro y solo Kat sería pérdida si de lucha se hablaba. – Llevaré otro que tengo, uno antiguo y le escribiré a Ashley que me llame en caso de ser necesario, ¿Si? – dejó su móvil sobre la mesa del velador y abrió el cajón del mismo mueble para sacar un blackberry guardado hacía mucho tiempo. – Listo, lo tengo, ¿vamos? – preguntó mientras avanzaba a la puerta. – Hablé con Novalee y le pedí permiso para usar el portal. Al principio me puso mala cara, pero en cuánto le dije a qué íbamos, se puso feliz. Dijo que era hora de amarrarte, – bromeó soltando una risa mientras cruzaba el marco de la puerta y la esperaba.
Alzó una ceja con intriga al notar la mueca que puso cuando tenía el celular en la mano. No necesitaba que lo dijera, pero en ese momento sabía que no estaba muy conforme con la idea. Cuando escuchó su pregunta, asintió una vez. – Sí, es cierto. Mejor lleva uno. –dijo mientras sacaba su celular del bolsillo y lo apagaba, para luego dejarlo encima de la mesa donde solían dejar las llaves. Cuando alzó la mirada y vio el celular, se sorprendió un poco de ver el modelo. – Vaya, un poco más y sacas un Nokia –lo molestó-
Al escuchar el comentario de Novalee, hizo una mueca de burla. – Está bien. Al menos nos dejó usar el portal, nos ahorrará mucho tiempo. –dijo mientras volvía arrastrar la maleta hasta salir. Se volteó para dejar la puerta con seguro y comenzó a caminar junto a él en dirección al portal. Como el lugar era demasiado grande y por temas de protección el portal no podía estar en un lugar muy accesible, les tomó varios minutos hasta llegar al lugar, dónde por supuesto, tuvieron que registrar sus datos para mantener la información de su uso, algo que habían reiterado en la última reunión que tuvo con el resto del Consejo.
-Bueno, esperemos que no pase nada y ante cualquier cosa, Novalee ya sabe dónde estamos. –dijo mientras terminaba de registrar su firma-
Se quedó en silencio durante lo que duró el trayecto hacia el portal. Nunca se había trasladado por allí así que básicamente se guió gracias a su novia. Le parecía extraño que los sectores por los cuales transitaban le parecían nuevos y siempre había distintos guardias protegiendo cada esquina. Mientras esperaba que Kat anotara sus nombres e hiciera todo lo necesario para pasar por la autorización, la observó. Podía notar que algo le pasaba, pero no era el momento adecuado para preguntarle.
Los hicieron pasar por una puerta y la sala se iluminaba con distintos colores, a pesar de que se podía observar que no estaba encendida ninguna luz. El portal le parecía algo impresionante, como la entrada a otra dimensión. En esos momentos se preguntó a él mismo sobre todo lo que aún no conocía y, a pesar de que había aprendido mucho del mundo sobrenatural, cada día era una nueva aventura.
– Antes de… pasar, – dijo, suspirando. – ¿Estás molesta?, – preguntó. – Tenía que decirle a Novalee, es nuestra jefa y… además, no quiero seguir viviendo en una habitación. Creo que mereces más, llevamos mucho tiempo allí y ahora estamos dando un nuevo paso, esperaba que lo entendieras, – agregó desviando la mirada para poder verla de mejor forma. Por fortuna, la luz que brindaba el portal le permitía poder tener una mejor imagen de ella.
Una vez que los dejaron pasar, se detuvo para esperar por el chico y desvió su mirada hacía él cuando comenzó a hablar. La pregunta la tomó por sorpresa, por lo que rápidamente negó. – No, no, no. Para nada. Estamos yendo a Las Vegas porque sabemos que aquí nos costará organizar todo y que nuestros horarios coincidan es prácticamente imposible, -comenzó a explicar, y se encogió levemente de hombros- Pero no significa que me moleste con que alguien sepa, para nada. No es algo que quiera ocultar. –frunció unos segundos el ceño, pero no por estar molesta, sino porque siempre lo hacía cuando trataba de explicar algo de la mejor forma.
-Es mejor que sepa, así nos autoriza la casa luego y así nos podemos cambiar. Yo tampoco quiero seguir viviendo en una habitación. Hemos pasado muchos años así, -dijo con gracia.- Entonces… ¿vamos? –extendió su mano, haciendo el gesto de invitación para que atravesaran el portal-
No pudo evitar respirar demostrando la tranquilidad que su respuesta le había brindado. No es que tuviera miedo de que se molestara, pero tenía consciencia de que hacía hecho las cosas sin consultarle y no quería que, por un simple detalle, los planes se echaran a perder.
Asintió con la cabeza al escuchar su pregunta y con un poco de nerviosismo tomó de la mano que había extendido antes de pasar. No había tenido tiempo para preguntar qué se sentía o cómo era traspasarlo, pero ya con simplemente con tenerlo allí en frente, le causaba algo.
Esperó a que ella primero diera el primer paso y posteriormente él la acompañó. No supo cuánto tiempo pasó, pero una vez que la luz de una habitación lo abrumó, se vio forzado a abrir los ojos. La habitación era clara y se podía asumir que era de un hotel. Novalee le había mencionado que lo trasladaría a un sitio seguro, pero jamás pensó que sería directamente al primer lugar al que se supone que deberían ir.
– Vaya, pensó en todo. – murmuró sonriendo y ladeó la vista para observarla. – Es preciosa la decoración, ¿Te gusta? – preguntó con curiosidad.
-Será rápido, - dijo al notar la cara del chico, que por más disimulada podría estar, podía notar que el portal le causaba inseguridad. Avanzó con confianza, ya que conocía a la perfección como utilizarlo y la sensación que causaba al hacerlo, por lo que al cabo de unos minutos, ya se encontraban en una habitación de hotel.
No sabía el destino al que llegarían, por lo cual cuando se vio en aquel lugar, se sorprendió un poco. – Sí, es… algo –asintió a su pregunta mientras miraba alrededor y luego arrastró la maleta hasta el closet que había en la pared. - ¿Iremos enseguida o quieres descansar primero? – preguntó curiosa, ya que si bien era impulsiva, esta era la primera vez que hacía algo así, por lo que no sabía muy bien qué hacer o qué decir.
Owen se movió finalmente de su lugar. Tenía una sensación extraña en su cuerpo y asumía que el portal era el culpable. Aún así se movió y acercó su bolso para dejarlo sobre la cama, mirándola directamente ante su pregunta.
— Bueno... no es que hayamos tenido un viaje extenso. Así que si estás preparada, solo sería cambiarnos de ropa... e ir, pero si quieres descansar y dejarlo para más tarde, lo entenderé completamente, — respondió con un tono de comprensión. Conocía a Kat hace muchos años y sabía cual sería su respuesta, pero necesitaba oírla de parte de ella.
Bajó la mirada hacia su bolso y a sus manos que descansaban sobre el. Abrió un pequeño cierre y sacó una caja pequeña, la cual contenía los anillos. Desvió la mirada hacia ella con una amplia sonrisa en sus labios, — Mi abuela me los dio antes de venir, espero te gusten, — dijo, sin deshacer su expresión.
Le puso atención mientras terminaba de dejar sus cosas en orden y alzó ambas cejas con interés al notar que le dejaba la decisión a ella. Se mantuvo en silencio unos segundos, pensando muy bien en lo que harían luego, y sus pensamientos se vieron interrumpidos al ver que el chico comenzaba a buscar algo en el bolso que había traído con él. Lo miró curiosa, y no sacó su vista de ahí hasta que sacó lo que buscaba. Alzó su mirada a él cuando vio que la estaba mirando y se acercó a ver los anillos cuando le dijo que era lo que tenía en las manos. – A ver, -dijo llegando a él y tomando los anillos para verlos de más cerca. – Están muy lindos, de verdad. –dijo sorprendida, ya que se notaba que eran de toque delicado. – Quiero ir ahora. Cambiémonos de ropa ahora. –dijo, alzando la vista hacia él, completamente segura de lo que decía, por lo que no se extrañaba si la respuesta lo pillaba por sorpresa-
Sus ojos se clavaron en la expresión de ella. En los moments en los que la chica se había tomado para poder responder a su pregunta, realmente no sabía que podía llegar a responderle. Estaba seguro de lo que sentía por él, también conocía su temperamento y la forma en la que ella tomaba decisiones, pero también conocía el pensamiento que tenía acerca de lo mucho que habían esperado para casarse, por lo que no le sorprendió, sino que le hizo feliz su respuesta. Ya era hora.
Owen de inmediato le asintió, cerró la caja del anillo y la dejó sobre uno de los muebles para comenzar a moverse para la preparación. Arrastró su bolso sobre la cama y de inmediato empezó a sacar prendas de ropa y sus implementos. Pensó en ducharse, pero lo había hecho 15 minutos atrás gracias al ahorro en el viaje, así que simplemente se cambió de ropa y en algunos momentos iba al baño para observarse al espejo para que todo quedara en orden.
No miraba demasiado a Kat, no por que pensara en que no debía, era solo para brindarle su espacio y para no ponerla nerviosa, aunque realmente no estaba seguro de que podía estarlo. Kat era bastante tranquila la mayoría de las veces, incluso en aquellos momentos en los que su vida ha estado en peligro. Una vez que estuvo listo, se sentó en la cama y la esperó paciente, mientras revisaba su móvil y checaba Facebook, preguntándose qué pensarían sus amigos cuando le contaran de aquella fuga.
Al igual que él, arrastró su maleta hacía ella y se agachó para sacar un cambio de ropa. – Tomaré una ducha, no tardo, - comentó, entrando enseguida al baño. Se había duchado en la mañana, pero de todas formas quería hacerlo de nuevo porque siempre que utilizaba el portal se sentía rara. No era de demorarse en tomar un baño, a menos que lo tomara para relajarse, por lo cual a los pocos minutos ya se estaba vistiendo.
Si bien nunca había sido de tomarse el tema de una boda completamente en serio, sabía que usar pantalones no era lo adecuado para la ocasión. También sabía que el chico no se quejaría de usarlos, pero había decidido vestirse un tanto formal, ya que a pesar de que se habían escapado para casarse, era un día que iban a recordar para siempre y claramente no quería recordarse con una vestimenta tan ordinaria. Se puso un vestido color crema y se apuró en terminar de arreglar su maquillaje antes de salir.
Cuando lo hizo, fue en completa tranquilidad, intentando ocultar unos nervios que tenía por el tema que iba a sacar. – Muy guapo, eh – le dijo con una sonrisa apenas sus miradas se encontraron. Dejó parte de su maquillaje encima de una mesa y se acercó para ponerse frente a el. – Antes que vayamos… quiero hablar de algo contigo. – Hizo una leve mueca, ya que pudo ver cómo la expresión del chico cambiaba rápidamente.- No me estoy arrepintiendo, por favor no pienses eso – dijo enseguida, ya que sabía que ese sería su primer pensamiento.
-No quiero decírtelo tan bruscamente, pero tampoco voy hacer la introducción porque comenzarás a pensar miles de cosas, así que sacaré la bandita de una, ¿sí? –se explicó, ya que sabía que se daría mil vueltas si buscaba cómo explicarse.- Owen… lo he pensado bastante, y no quiero que nos casemos sin que sepas esto, porque sé que puede ser un tema decisivo para ti. O tal vez no. Pero igual… -hizo una pausa para tomar una bocanada de aire y así dejar salir de una vez las palabras.- Yo… he decidido que no quiero hijos. – lo miró con algo de inseguridad, ya que temía que aquello cambiara todo.- Al menos no en un futuro cercano. Es algo que me complica, y me gustaría poder encontrar una estabilidad que dure años antes de considerarlo, ¿sabes? Y últimamente, no he tenido esa estabilidad. Y no lo digo por ti, lo digo por mí. Si bien estamos en un lugar seguro… no sé, -soltó un suspiro- Siempre algo me pasa. De una u otra forma. Y necesito encontrar esa estabilidad. Y pensé que la había encontrado. Había comenzado a dormir con ambos ojos cerrados y sin darme cuenta me vi atacada en mi propia habitación. – negó levemente, tratando de sacar la amargura que le provocaba aquella situación.
-No sé cuál será tu visión sobre ese tema, pero no podía quedarme callada porque sé que es algo importante en cualquier relación, y no sé, prefiero que lo sepas desde ya. Incluso si eso cambia toda tu perspectiva. – frunció levemente el ceño, esperando su respuesta-
Su mirada se desvió hacia el sonido ante el sonido de su voz y su rostro se iluminó completamente al tenerla en frente. – Te ves hermosa, – murmuró, riendo, teniendo claro que su expresión era un tanto boba, pero no podía evitar reaccionar así. Su mirada la fue siguiendo y en su rostro se pudo notar claramente su cambio de expresión ante lo que le lanzaba de pronto. Su corazón dio un vuelco y contuvo el aliento hasta que ella le confirmó que no se trataba de la boda, por lo cual suspiró y respiró lentamente. A pesar de que ella lo había tranquilizado, sus palabras lo confundían aún más y llevó una de sus manos detrás de su nuca, nervioso.
No pudo evitar sorprenderse, de todas las cosas que en un par de segundos se cruzaron en su cabeza, jamás esperó algo como lo que ella le mencionaba. Su rostro y su seguridad le indicaban que lo había estado pensando hace mucho y no pudo continuar mirándola ya que necesitó tomarse un par de segundos para poder analizar la bomba que le estaba lanzando. Obviamente, él había estado pensando todo lo contrario.
Sus últimas palabras lo hicieron entrar en consciencia y pudo entender su punto de vista. Tenía razón, ambos y en general, todos habían estado tranquilos y viviendo sus vidas en paz, en especial ella, para luego ser atacada. No estaban a salvo. No aún.
No supo cuánto tiempo pasó, pero elevó la mirada con una expresión mucho más suave y comprensiva, y de inmediato le asintió con la cabeza. – Está bien, Kat. – le dijo, alzando una mano para tomarla entre las suyas. – Creo que… nos ha costado en llegar a este punto, el de casarnos. Años, años nos ha tomado, – comenzó a decirle de manera honesta. – Yo no me estoy casando porque quiera tener hijos ahora o en un par de años. Al menos yo tengo tiempo para esperar y, aún y si las ganas por no tener hijos no llegaran, quiero dejarte en claro que eso no va a afectar mi amor por ti. Yo estoy enamorado de Katherine Burton, quiero estar con ella siempre, – le dijo, sonriendo de manera amplia. – Y si llegara un hijo, también sería el hombre más feliz del mundo, pero mi punto es que sea cual sea tu decisión y quiero ser bien enfático, lo entendería. Has pasado por mucho y sería un tonto si me frustrara, ¿Okay? – finalizó besando el dorso de su mano con ternura.
Una vez que terminó de hablar, se quedó en silencio mirándolo. Notó como la confusión se apoderaba de su rostro, y no le sorprendía, ya que lo conocía hace muchos años para saber que su punto de vista con ese tema era completamente diferente al de ella, es por eso que no quiso presionar, por lo que dejó que se tomara su tiempo.
Cuando elevó la mirada nuevamente, sintió nervios, los cuales agradecía poder disimular con todo el entrenamiento que tenía. Sabía que era un tema delicado, por lo que si todo se iba al demonio en ese momento debía mantenerse fuerte.
No pudo disimular su sorpresa cuando le respondió. Alzó ambas cejas y notó como le tomaba una de sus manos, dejando su mirada fija en aquello por unos segundos. A medida que el chico hablaba, comenzó a sentir un alivio por su cuerpo y asintió conforme le iba explicando su punto de vista. Alzó su vista para encontrarse con la de él y sonrió con ternura al notar que una vez más, el apoyo del chico era incondicional. – Me alegra escuchar eso. Gracias, - susurró, acercándose para dejarle un beso en sus labios.
-Bueno, yo sólo quería comentarte eso, y ahora que tenemos ese tema aclarado, vamos a casarnos. – dijo con entusiasmo, alzando y bajando sus cejas varias veces, molestando.-
— No las des, — respondió apenas las "gracias" salieron de su boca, como si supiera que lo iba a decir. Y correspondió a su beso de la misma manera, alcanzando a tomarle su rostro con las manos de forma delicada para hacerlo.
Escuchó sus palabras y no pudo evitar reír por su comentario, además del gesto que realizaba. — Lo siento, little monster, no hay nada que puedas hacer y/o decir para que no quiera casarme contigo, estás arruinada, — bromeó aprovechando el momento.
Se puso de pie tomando una de sus manos y alcanzó su billetera para echarlo en su pantalón para comenzar a emprender rumbo hacia el exterior. Se detuvo en la puerta y ladeó su cuerpo para mirarla, sin poder evitar sonreír ampliamente hacia ella. — ¿Estás lista para dejar de ser Burton? — preguntó en broma mientras abría la puerta.
No pudo evitar poner los ojos en blanco con gracia cuando escuchó su comentario. – Si estás esperando una fuga, estarás esperando por mucho tiempo, British Guy. – le respondió la broma, tomando de su mano también y comenzaron a caminar hasta la puerta, donde se detuvo igual que él.
Sonrió ante su pregunta, y sin responder salió de la habitación. – No te creas, seguiré siendo Burton. Sólo añadiré tu apellido, sólo que aún no sé si quedar como Aldridge-Burton o Burton -Aldridge, -comentó con gracia mientras caminaban hasta el ascensor. Les tomó unos minutos hasta llegar al primer piso, y luego de eso caminaron unos minutos más hasta llegar a la capilla. Afortunadamente, habían capillas por todos lados, pero claro, era algo de esperar considerando en la ciudad que estaban.
El chico abrió los ojos sorprendidos, pero no respondió a su comentario, simplemente le llamaba la atención —para bien— de que estuviese analizando la situación del apellido. Las puertas del ascensor se abrieron y no pudo evitar sonreír al observar como el pasillo mostraba un gran movimiento de personas, quiénes tenían diferentes objetivos. Tomó mejor la mano de su novia y ambos se encaminaron en medio de la multitud, hasta que finalmente salieron del hotel.
Las calles a esa hora estaban peor de lo que pensaba y la música de los trovadores no tardó en llegar, era una fiesta que parecía no cesar nunca. Miró hacia ambas direcciones sin saber muy bien que camino tomar, puesto que sabía que encontrarían algo independiente de su elección y miró a Kat quién seguía mirando a su alrededor. — La derecha, — le respondió con un tono de voz lo suficientemente fuerte para que lo oyera y se desviaron hacia aquella dirección. Caminaron por un par de minutos, sin ser capaz de mencionar palabra debido a la música, pero le hizo un gesto con el dedo índice cuando la primera capilla apareció. Le parecía lindo desde afuera, por lo que decidió darle una oportunidad, pero debía esperar la opinión de ella.
Asintió cuando le respondió y sin soltar su mano, se encaminaron en dirección donde el chico había señalado. No pasaron muchos minutos cuando notó la capilla, y a pesar de todo el ruido que había fuera del lugar, parecía que todo estaba tranquilo dentro.
-Me gusta, - dijo sin elevar mucho la voz, y para asegurarse que el chico entendiera de que estaba aprobando el lugar, asintió un par de veces y comenzó a caminar para entrar. Una vez que entraron, pudieron notar cómo el ruido de afuera se aislaba completamente, dejando un silencio un tanto abrumador de un momento a otro. Ambos se acercaron a la chica que se encontraba en lo que parecía ser la recepción, y luego de hablar con ella unos segundos, les indicó que estaban disponibles y que el ministro no tardaría en llegar, por lo que les indicó que entraran a la sala donde había un pequeño altar construido mientras le entregaban sus datos para llevar a cabo la pequeña ceremonia.
El chico ingresó al lugar y miró a su alrededor fijándose en la decoración y los detalles. Nunca había estado en Las Vegas y mucho menos conocía acerca de esas capillas en la que ahora ambos estaban. Siempre había sido criado de una forma muy tradicional y aquello siempre le había parecido algo que le llamaba mucho la atención. Mientras ingresaba se preguntaba qué opinarían sus padres y la forma de entregarles algún recuerdo que los hiciera parte de aquel día especial. Ellos y en especial él, sabía que no habría opción de un nuevo matrimonio y mucho menos tras todas las experiencias que había vivido junto con Kat, habían pasado por mucho la opción de terminar. Al menos por la parte de él.
Una vez dentro de la sala, Owen optó por sentarse en las bancas que estaban frente al altar para los testigos y más personas, con una tabla y una hoja en mano donde estaban todas las preguntas acerca de sus datos personales para poder hacer la boda de una forma oficial. Tomó su lápiz y con rapidez fue respondiendo cada una de ellas, puesto que ya conocía de memoria los números de su identificación de Kat tras varios años juntos. De pronto, el silencio del lugar fue envuelto por conversaciones que se oían desde el exterior hasta que finalmente inundaron la sala, lo que hizo que mirara por sobre su hombro hacia atrás, divisando al ministro disfrazado como en las películas, lo que lo hizo reír.
— Buenas tardes, me han dicho que están listo para contraer matrimonio, ¿Es así?, — preguntó el caballero con voz graciosa y las tres personas que lo acompañaron clavaron la vista en ellos y no pudo evitar sentirse observado, aunque asumía que ellos serían los testigos. — Sí, es así, — contestó Owen de inmediato y miró a Kat de reojo mientras se ponía de pie y caminaba los pasos que quedaban hasta dónde se había parado él y extendió su mano con la hoja de los datos que recientemente había rellenado. — Somos Kat y Owen, — los presentó y retrocedió los mismos pasos que había avanzado hasta llegar nuevamente donde su novia y tomó de su mano esperando a que el ministro ya comenzara con la boda.
Se sentó al lado del chico mientras respondía la hoja con sus datos. Se mantuvo en silencio mientras observaba, ya que vio cómo respondió sin problema los datos de ambos y al escuchar voces, miró por sobre su hombro también y no pudo evitar voltear nuevamente para tratar de ocultar la risa que le causaba aquel ministro disfrazado. Había visto y escuchado que era así, pero nunca se había imaginado que fuera tan literal. Se puso de pie mientras Owen le respondía y entregaba los documentos y tomó de su mano para ponerse en posición.
Vio como el ministro chequeó la hoja para ver que todo estuviera respondido y una vez de estar seguro de que ningún dato faltaba, procedió con la ceremonia. Se puso en posición al mismo tiempo que los testigos se sentaban en la banca en la que ellos estaban hace unos segundos atrás y comenzó a hablar hacía ellos. Debido a que no se trataba de una boda como las otras, el discurso del ministro no fue demasiado largo. Comenzó hablando sobre las razones por las cuales ambos estaban en aquel lugar y luego dio unas pequeñas explicaciones sobre lo que era el concepto de matrimonio. Ambos, claramente, con un pequeño toque de gracia, debido a que así eran las bodas en Las Vegas.
Aquello le causaba demasiada gracia a la chica, pero logró contenerse mientras el ministro hablaba, ya que no quería que reírse porque el chico podía pensar algo distinto, por lo que sólo se dedicó a intercambiar miradas con él, y podía notar cómo también le causaba algo de gracia la forma en cómo estaba siendo la ceremonia. – Antes de comenzar con las preguntas, ¿alguno quiere decir algunas palabras? – dijo, llamando la atención de ambos. Se mantuvo un pequeño silencio entre la pregunta y antes de que diera por terminado el tiempo, contestó. - Sí, me gustaría decir algo – le respondió, sabiendo que aquello podría sorprender un poco. Se volteó, quedando de frente al chico y sonrió. – No será muy largo, lo prometo. – le dijo mirándolo y luego miró de reojo al ministro, ya que sabía que todas las ceremonias tenían un top de tiempo. – Sólo quiero que sepas que me siento muy afortunada de haberte encontrado. Siempre me ha sorprendido la capacidad que tienes para comprender las cosas y la paciencia que tienes conmigo, que sé que puedo ser muy difícil la mayor parte del tiempo. Nunca cuestionas mis decisiones y siempre estás dispuesto a hacer lo imposible por el bienestar de ambos. Ambos sabemos bajo en que condiciones nos conocimos, y si hoy me encuentro aquí, es gracias a ti. Gracias por tu apoyo incondicional y por confiar en mi hasta en los momentos en los que ni yo misma confiaba en mí. Sólo espero poder ser aunque sea la mitad de buena esposa como tú lo eres conmigo, porque a pesar de que nos haya tomado mucho llegar aquí, hace demasiado tiempo que ya te considero como mi esposo. – sonrió-
Las palabras de Kat pudieron sorprenderlo. Llevaban muchos años juntos pero siempre él había sido más comunicativo en cuánto a los sentimientos y a ser más expresivo. Entendía cómo era ella desde un comienzo porque pudo ser partícipe de algunos momentos duros de ella y como no, había sido su psiquiatra durante mucho tiempo, lo que explicaba casi por completo la paciencia que le tenía. La sonrisa se amplió en su rostro, casi de oreja a oreja pudiéndose sentir pleno en aquel momento. Allí mismo confirmó que no necesitaba una boda que hubieran planeado con meses de anticipación, con miles de personas o inclusive familiares. Kat era la única que importaba, su familia y siempre lo había tenido claro.
– Yo también quiero decir algo, – respondió, luego de aclarar su voz con suavidad. Quería ser corto y preciso, pero no sabía si sería así y eso lo estresaba un poco. – Opines lo que opines, sientas lo que sientas, quiero dejarte claro aquí, en el día de nuestro matrimonio que eres más de lo que llegas a imaginar. En estos años que llevamos juntos y, en especial durante la época que estuvimos separados pude abrir los ojos con respecto a lo que el amor significa. No se trata de divertirse y estar ahí solo en las celebraciones. Bueno, claro que eso va incluido, – corrigió, riendo un poco, – A lo que voy es que nosotros hemos pasado por mucho, quiebres, sufrimiento, dolor y aquí estamos... seguimos juntos y pensamos en un futuro, a pesar de todo aquello. Queremos sobrevivir a todo eso porque tengo claro que puede seguir pasando, porque la vida no es fácil, es dura y más con el tipo de vida que llevas... llevamos, - volvió a corregir. - Kat, me gustaría encontrar la forma de demostrarte lo maravillosa que eres, espero en algún futuro poder hacerlo, porque aunque tú digas que yo soy bueno contigo, yo por otro lado creo que eres increíble. Te admiro y me siento absolutamente afortunado que me hayas elegido. Sí, tienes tu temperamento y es lo que te hace especial. Eres única y te amo, el triple o más que el primer día y cada día un poco más. Quiero hacerte feliz y disfrutarte hasta el fin de nuestras vidas, – murmuró con voz seria, pero suave, finalizando con una sonrisa.
Su mirada se desvió y el ministro pidió sus anillos, por lo cual él tomó el suyo para ser quién ahora comenzara. – Yo, Owen Aldridge, te tomo a ti, Katherine Burton como legítima esposa, para amarte y respetarte, de hoy en adelante, en lo próspero, en lo adverso, en la riqueza, en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte nos separe, – dijo, mientras iba colocando el anillo en el dedo correspondiente. Al finalizar, tomó su mano y besó el nudillo de aquel dedo con ternura.
No sintió sorpresa cuando el chico comentó que también quería añadir algo, ya que siempre había sido bueno para expresar lo que sentía. Aun así, sus palabras le llegaron como siempre lo hacía. No pudo evitar sonreír con todo lo que le estaba diciendo, ya que si bien llevaban años juntos, todos los días se sorprendía de lo mucho que habían llegado a hacer. Sin duda era la primera persona con la que había podido llegar a ese punto sin que nada externo o sobrenatural se pusiera entremedio.
Le causó gracia al notar de reojo la expresión que tenía el ministro, ya que claramente mostraba confusión con todo lo que se estaban diciendo sobre las dificultades que habían vivido. Y debido a que el tiempo se estaba acabando, trató de suavizar aquello con una broma digna de un Elvis. Una vez que había puesto su anillo, Kat recibió el de ella y realizó la misma acción. – Yo, Katherine Burton, te tomo a ti, Owen Aldridge como legítimo esposo, para amarte y respetarte, de hoy en adelante, en lo próspero, en lo adverso, en la riqueza, en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte nos separe. – repitió las mismas declaraciones que el ministro les había dado mientras terminaba de poner en el anillo en el dedo de Owen.
-Muy bien. Hoy hemos sido testigos de otra unión, en este caso de completa sobriedad, lo que lo hace mucho más legítimo. – dijo el ministro con gracia.- Con el poder que nos otorga el estado de Nevada, los declaro marido y mujer. Felicitaciones a ambos, y gracias por preferir la capilla del amor. Ya pueden besarse. – terminó por decir Elvis, para luego retirarse. Kat no pudo evitar la risa ante su comentario, y sin más se acercó para sellar aquel momento con un beso al que ahora era su esposo. – Por fin – le comentó en un susurro, haciendo referencia a lo mucho que se habían demorado en llegar a aquello, pero finalmente lo habían logrado.