Desde os primórdios dos encontros sociais envolvendo o convívio entre as mais "honráveis" e elegantes mulheres, o restringido padrão, infelizmente não-mariano perdurou pelos mais altíssimos salões e cidades. A adornação excessiva, além dos costumes luxuriosos e a demandada vaidade tornou-se muito comum, o que analisando eticamente pode ser decretado como agoniante dado aos resultados pecaminosos que esse vício têm formado.
Moças de todos os tipos variáveis sempre prezaram pela autenticidade estética e principalmente o enquadramento nas normas de vestimenta das sucessivas épocas. O fenômeno em questão pode ser chamado de efeito manada, afinal, o conformismo social visado pela aprovação de um determinado modismo não permite a abrangência santa ao selecionar suas peças – todos os indivíduos que participam dessa alienação decorrem pelas mesmas roupas, onde certamente é corajoso aquele que foge ao menos sorrateiramente dessas regras prefixadas.
Pode ser ingênuo afirmar que essa rigidez se limita apenas a vestimenta, pelo contrário, se conhece uma nação inteira apenas por saber da arte que é distribuída ao povo – se o que deveria expressar beleza atualmente demonstra vício, tenha certeza que os consumidores seguem a mesma linha de deformação.
Atualmente, o público alvo das publicidades cosméticas e estilistas continuam os mesmos, porém expressivamente distintos – jovens, inseguros, materialistas, "cronicamente on-line"; pessoas visivelmente vazias e consumidores da mediocridade moderna, resumidamente, a mulher e o homem médio Brasileiro.
Portanto, onde é encontrada a modéstia nas vidas dessas pessoas, ou melhor, nas nossas vidas?
Do ato de moderar e preservar através do corpo a alma, de empatizar para com o próximo a fim de evitar pecados maiores, ao respeitar e edificar o mandamento da castidade proposto por Deus; por repassar e se comportar virtuosamente, mas acima de tudo seguir, os padrões de Maria.
Essas coisas importantíssimas foram perdidas, ofuscadas, e hoje nós assistimos uma série de almas, principalmente de moças, decaindo num pecado que desencadeia vários outros.
Tudo tende a piorar visto a estaca atual, por isso e diversos outros fatores nós cristãos devemos preservar o pudor próprio, dos nossos filhos e ente queridos através da mídia consumida e compartilhada, do que vestimos e impedimos, do modo com qual nos comportamos cujo o cunho sempre deve ser honrar a Deus.
Oremos pela nossa santidade e do próximo, mantendo a castidade católica, sempre honrando Maria.
Las campanas de la iglesia anuncian la invitación para la misa de ocho. Las aves afuera han comenzado con su canto o con su pelea, yo no lo sé. El vecino ha salido ya de su casa y encendido el auto después de tres intentos. El perro ronca en su camita aqui afuera en el pasillo y yo he despertado con un ligero dolor de estómago y sangre en la nariz, dice mi doctor que es un leve efecto secundario por el medicamento que me prescribió y mira, que llevo varios días mirando mi rostro en el espejo y estando de acuerdo con él. Hace un ligero fresco que se permea por las cortinas azules, pero no me engaño, la tarde será calurosa, lo sé. Me duele el tobillo, ayer use las botas de trabajo que me lastiman un poco y tal vez los siete kilos que traigo de más no me ayuden tanto. El está aquí conmigo, duerme todavía porque es de los que le gusta pegar el ojo hasta tarde. No sé cómo diablos le hace pero, en cuanto me levante abrirá los ojos y me pedirá que me quede o me preguntará a dónde voy y como es domingo me gustaría que siguiera dormido ,así que aquí estoy, pensando palabras al compás de su respiración. ¿Por qué es tan sencillo acostumbrarse a las cosas buenas? Digo, la tranquilidad, la pausa, el ligero ruido. Nadie habla de lo bello que es estar en la cama mirando hacia la ventana, sintiendo la temperatura de otro ser, solo existiendo. Nadie habla de lo lindo que es sentir el cabello enredado por tener la cabeza sumergida en la almohada exacta. Y yo no sé pues...si deba ser yo la que exponga lo bonito que es hacer nada un domingo en la mañana, cuando el sol besa la tierra y el gato salta entre las macetas de afuera y la nubes se disipan en lo que será un día cualquiera...
“Da mesma forma, quero que as mulheres se vistam modestamente, com decência e discrição, não se adornando com tranças e com ouro, nem com pérolas ou com roupas caras, mas com boas obras, como convém a mulheres que declaram adorar a Deus”. 1 Timóteo 2:9-10
El magnolio no intenta confundir la visión de quien lo contempla desde abajo con una profusión de ramaje. Incluso sus flores se distinguen netamente. Aunque las contemplo desde muy abajo cada flor es una forma única y distinta. No podría decir cuántas de estas flores independientes, cada una en su propia fase de floración, atestan el conjunto del árbol, pero cada una se tiene como una entidad aparte y entre ellas se ve el azul tenue del cielo nocturno. Las flores no son de un blanco puro, una blancura perfecta sería demasiado fría. En la blancura absoluta podríamos percibir un artificio para embelesar y ofuscar la mirada del espectador, pero las magnolias no son de este género. Estas flores se apartan modesta y abnegadamente de todo extremo de blancura con su tono cálido y cremoso. Permanezco un rato de pie sobre el enlosado de piedra, embebido, maravillado, contemplando aquella apilada sobreabundancia de tiernas flores que sondea el firmamento. Mis ojos abarcan flores y más flores, ninguna hoja.
Alzo la vista:
magnolias y magnolias…
el cielo entero.