seen from Taiwan
seen from United States

seen from Türkiye
seen from Türkiye

seen from United States
seen from United States
seen from Canada

seen from United States

seen from United States

seen from China

seen from China
seen from Italy
seen from China

seen from United States
seen from China
seen from China
seen from Lithuania

seen from Hungary
seen from New Zealand
seen from United States
Ve a tu ritmo, no veas relojes ajeno...
Mutación, Escritura y Estafa
Por las características propias de mi nacimiento, el noventa y nueve por ciento de las actividades humanas, sobre todo las productivas, me estuvieron vedadas desde un comienzo. Era yo una criatura destinada a un no-futuro evidente. Alguien incapaz de desempeñarse como los demás, de buscar por sí mismo el sustento básico que todo ser requiere. Alguien designado a mantenerme en un estado marginal. Esto ocurrió porque soy resultado de una de las más grandes equivocaciones de la ciencia, producto de un experimento organizado por el sistema de investigación del régimen nazi, que desarrolló una droga diseñada, en un principio, para contrarrestar los efectos de un arma biológica creada por ellos mismos poco antes. Nací de ese modo, como un ser mutante, pues esa droga, se utilizó luego de finalizada la segunda guerra mundial, para otros fines, produciendo de ese modo decenas, centenas de criaturas deformes durante los años de mi nacimiento. Se trató de un caso tan escandaloso y alarmante que atrajo, en su momento, la atención mundial. Se iniciaron grandes juicios colectivos, que se llevaron a cabo principalmente en algunos países de Europa. Los afectados del resto del mundo quedamos fuera de cualquier amparo, excluidos, llamados a formar parte, como ser deseo actualmente considerado, un autor fuera de todo orden, no un escritor mexicano o latinoamericano más, sino alguien que conforma parte de una serie de autores que se empecinan, a pesar de las circunstancias con las que se han enfrentado y lo siguen haciendo, la mayoría desde su nacimiento, en llevar adelante sus escrituras. Incluso los afectados que participaron en los escabrosos juicios contra las farmacéuticas fueron engañados, una y otra vez, por medio de una serie de argucias jurídicas. Los detalles de lo ocurrido durante esos años son espeluznantes. Me interesa nombrar a los nacidos, bajo aquellas circunstancias, no como víctimas sino como individuos portadores de una mutación artificial. Muchos de ellos, la mayoría, están ahora muertos. Un gran porcentaje fue eliminado, de oficio, en las salas de maternidad de un sinúmero de hospitales. Otros, por las características que presentaban sus mutaciones tuvieron una reducida esperanza de vida. Hubo también algunas muertes inducidas de manera secreta por madres o familiares desesperados ante la situación pero, como es lógico, no existe una cifra oficial de estos decesos. Sirva la escritura para rendir homenaje a estas víctimas anónimas. Para estos seres que, como muchos autores en la actualidad, están sometidos a regímenes donde se ha establecido un genocidio constante y silencioso a su alrededor. Estos mutantes pasaron por una doble afrenta. La biológica y la judicial, en la que estuvimos involucrados todas los niños contaminados del mundo. Fueron perjudicados por jugadas sucias de los laboratorios, quienes no estuvieron dispuestos a asumir su responsabilidad o, como en mi caso, ni siquiera fui considerado sujeto de reclamo, por no haberse ingerido la sustancia en los territorios donde se realizaron los juicios. Como ya mencioné, ninguno de nosotros pudo participar en las dinámicas con las que cuenta la sociedad para sus integrantes. Fuimos unos desadaptados antes de nacer. Los Paradigmas de Kuhn, aquel filósofo de la ciencia que estudió la manera de comunicación casi inmediata con la que cuenta el conocimiento normado para comunicar sus avances quedaban en entredicho. Según lo que trató de demostrar Kuhn, están estudiadas perfectamente las formas de operación de los mecanismos internacionales ante los descubrimientos que se logran en bien de la humanidad pero, por lo visto, quedan fuera de sus estudios las maneras en que estos mismos métodos funcionan ante una gravísima equivocación. ¿Cuáles son las maneras de retroceder cuando se constata una tragedia, de inmensas dimensiones, originada en un laboratorio comandado por un régimen político encaminado al genocidio? ¿El engaño colectivo, ocultar los hechos, apelar al olvido generalizado como método de evasión fueron la formas que exitosamente se adoptaron? Parece que sí,
pero siento informarles que aquí está mi escritura para dar fe de los sucesos. Y para dar cuenta, además, de que existen una serie de estrategias, a veces mínimas, muchas casi imperceptibles, con las que cuentan los llamados excluidos para lograr su empeño, sus búsquedas, sus deseos. Preceden entonces a mi nacimiento dos hechos fundamentales: la mutación inducida y la estafa, características que no parecen haberme abandonado sesenta años después de ocurridos los hechos. Y quizá por estos escándalos que anteceden a mi nacimiento, una suerte de ethos constante parece estar presente en el transfondo de la única acción persistente que he realizado desde mi infancia: la escritura. Puede ser que los fantasmas de los horrores presentes antes de mi llegada al mundo, sea el origen de esa terquedad por dejar una huella escrita, en este caso una letra insistente e insobornable que define mi existencia, mi identidad. Una desesperación por escribir que se presentó, de manera espontánea, cuando de pequeño comencé a utilizar, con un solo dedo, sin descanso una vieja máquina de escribir. Recuerdo ese instante como un nuevo nacimiento. No. No se trató de uno nuevo, fue en realidad mi verdadero nacimiento. Recuerdo que al observar una línea mecanografiada por mí, tomé conciencia recién de mi valor en el mundo. Yo era un cuerpo mutante destinado al desecho, pero no así la letra escrita, esa frase reproducida por mi único dedo funcional, de manera impecable, por intermedio de las teclas de una Underwood Portátil modelo 1915 que es el único objeto que hasta ahora conservo, intacto, listo para continuar con su labor. Como si ser testigo de mi letra impresa me salvara de ser una victima más de la eugenesia por la que habían tenido que transitar el resto de los afectados. Por fin encontraba una razón para ser, reconocer y ser reconocido. Con el pasar del tiempo logré crear ya no sólo letras o frases, sino infinidad de libros -he perdido ya la cuenta de las centenas de publicaciones en la que está impresa la trayectoria del accionar de ese dedo-, así como tampoco llevo la cuenta del número exacto de los más de veinte idiomas a los que esa letra ha sido traducida. Cuando recibo copias de mis libros traducidos al hebreo, al bangla, al mayalaman, por citar las lenguas más lejanas, me pregunto las maneras, las estratagemas que aquel único dedo, que una mañana del año de 1970 descubrió una máquina de escribir, fue capaz de plantear en contra de las circunstancias. Me parece que ahora, cuando corremos el riesgo como especie de ser devorados de forma global por sistemas asesinos de distinta índole, es el momento de revelar las estrategias de triunfo del llamado débil, subalterno, minusválido, pobre, oprimido, carente, del que está convencido de que nacimiento es destino. De expresar tal cual fueron los sucesos. De expresar en voz alta, lo repito, que fui una criatura que fue dada a luz con todas las posibilidades en contra y que, sin embargo, halló una manera de ser escuchado, como lo están haciendo ahora ustedes. Sin embargo, no es ésta una reflexión sobre superación personal ni mucho menos. Desde que la leí nunca dejó de llamarme la atención una frase del autor japonés Rinosuke Akutagawa. “Cuando hallamos una persona en desgracia surge una natural conmiseración hacia ella, pero basta que ese mismo individuo no sólo logre superar sus limitaciones, sino que se coloque en un lugar que el resto considere superior para desatar sobre su persona el odio más atroz”. Llamó tanto mi atención que la utilicé como epígrafe para mi libro Shiki Nagaoka: una nariz de ficción. Y, en efecto, a lo largo de mi vida he constatado un fenómeno curioso. Que mientras la palabra escrita iba prosperando, por decirlo de alguna manera, he sido testigo también de cómo estas mismas palabras han sido sometida a una serie de abusos, engaños, exclusiones, estafas, llevadas a cabo de manera sistemática sin que tenga una explicación consciente para justificar estas conductas. Un mecanismo extraño, que hace que mientras más evidente se vuelva la escritura se convierte al mismo
tiempo en una presa cuyo valor va en aumento, en un asunto que debe destruirse u ocultarse a como de lugar, de la misma manera cómo ocurrió con el medicamento frente a la no respuesta de los Paradigmas de Kuhn. Repito, no estoy enunciando una queja. La escritura está allí, intacta, presente. Los libros siguen apareciendo tanto en castellano como en otros idiomas. Sin embargo, siento que esa palabra está teñida, de alguna manera, por un sino que es imposible entender de manera racional. De una naturaleza similar a la que da origen a la propia escritura. Envueltas, la mutación, la escritura y la estafa por un soplo, por un pecado original. De allí tal vez la culpa que me causa tanto escribir como no hacerlo. La culpa y trastorno que me produce apreciar verla ser abusada sin descanso. Sin embargo, se trata de una situación dual. Pues ese sufrimiento, repetido una y otra vez, es lo que permite que se siga desarrollando. Soy un testigo asombrado, ahora, en esta etapa de mi vida, de la gran cantidad de ejemplares, reseñas, material crítico, premios internacionales, que ha producido una obra llevada a cabo por un dedo que. en un principio, como señalé, estaba destinado a la nada. Una escritura que surge de un Engaño Original, de una tragedia en particular, fraguada como dije en un laboratorio del régimen nazi. Un engaño que precede mi nacimiento. Cada vez que me encuentro ante un nuevo fraude surge de inmediato el recuerdo de las fotos de los diarios, que mi madre me mostraba en la infancia, que daban cuenta de los confusos vaivenes, apelaciones, cosas juzgadas, avances y retrocesos jurídicos, indignación colectiva, que generaba en la prensa los juicios que se iban llevando a cabo contra los laboratorios durante los años sesenta. ¿Existe acaso un tributo que el inconsciente me obliga a pagar como derecho para que sigan fluyendo las palabras? Quizá así sea. Y de esta índole me parece que es también el tributo que deben pagar los autores con los que me siento identificado. Aquellos que nunca se han dejado apabullar por las circunstancias, por regímenes totalitarios, por la situación de extrema pobreza y vulnerabilidad de todo tipo en el que se hallan inmersos. Estoy seguro de que formo, de alguna manera, parte de esa grey de autores. De los que escriben en contra y no a favor de los órdenes. Aquellos que cumplen con la escritura como si ésta fuera un llamado de otra índole. Por eso no estoy seguro de pertenecer a eso que llaman Literatura Latinoamericana, pienso más bien en los que imprimen su palabra como un símbolo de alerta, un grito silencioso, un señalar lo que se pretende ocultar. Nunca me han abandonado estos tres elementos. Mutación, Escritura y Estafa. Pero no sólo a mi, sino a la mayor parte de habitantes de este planeta. Una Escritura que de cuenta del estado general de las cosas. Del genocidio a nivel mundial puesto en marcha bajo distintas banderas e intereses. Del gran negocio que significa la desaparición y muerte de los sujetos que no son útiles al sistema de depredación constante en el que estamos inmersos. Es mucho más difícil lograr nuestros objetivos desde un lugar de excepción. Nuestras escrituras no normadas casi no tienen cabida dentro del marco en que las leyes operativas de los sistemas quieren situarlas. Deseo ofrendar los libros que he publicado y que son traducidos a las víctimas de aquella barbarie propia de nuestros tiempos. A los silenciados mutantes genéticos, que aparecieron y desaparecieron en los años 60. A los autores que siguen escribiendo a pesar de las matanzas que los rodean. A pesar de las sentencias que penden sobre sus cabezas. A pesar de la censura de la que son víctimas sus libros. Me parece que sólo una palabra cortada, de tajo, por la mutación y la estafa puede ser capaz de entender el dolor, la angustia, que significa imprimir una palabra en un lugar prohibido. Mario Bellatin
ALBA
La campana escarchada da la quinta guarda; aún no se muestran los tonos del alba. Detrás de mi casa en lo alto del árbol dos o tres cuervos en vela crascitan.
TERREMOTO
Lo firme, se mueve; lo duro se ablanda. La tierra hace olas, mi choza una balsa. Ocasión de pavor y de regocijo también. Sin viento, las esquilillas retiñen sin parar.
ALDEA RIBEREÑA
La aldea de la ribera demudada junto a los rabiones. El arenal un enrejado de signos arcanos: huellas de aves. Un pescador cano solitario, empuñando su caña. Colleras de patos contrastando las quebradas ondas; chatas chalanas que bornean con la brisa. Una enjuta vaca, testuz gacha, con su becerro. Allá los juncales y carrizosos senos, sobre los chamizos, despunta el sol redondo. Craso humo sube de los hogares.
DEL NATURAL
Telaraña desgarrada, un colgajo pendiente... enredado en su cadejo un pétalo volandero. Todo el día baila y voltea, sin parar quieto... sin que corra una gota de viento en el jardín.
PASEO POR EL CAMPO UN DÍA DE OTOÑO
Aguas someras, arena blanda, un sendero sinuoso; taque de un telar, murmullo de soto... gente que allí mora. Allá las arrumadas nubes de amarillo, crestas blancas: plantas de arroz granando, atajadas de alforfón florido.
Kokan Shiren
Nuclear Throne: Mutaciones (2)
Efectos de las mutaciones:
Piel de vidrio: cuando resibas daño dejarás fragmentos de cristal por el suelo que dañan a los enemigos. (Esta habilidad se desactiva al cruzar el portal hasta que recibas daño de nuevo)
Alas de icaro: obtendras un par de alas que te aumentan la velocidad de movimiento. Aparte si recibes un disparo las alas desaparecen pero no pierdes vida. (Al cruzar el portal las alas se regeneran)
Clonación: si mueres reapareceras con todas tus armas y munición y radiación que tenías en ese momento en el primer nivel junto con la barra de vida completa.
Bio batería: ahora cuando un enemigo esté muy cerca hay un probabilidad de que emitas un choque eléctrico. Las armas blancas emiten choques eléctricos.
Guerra Fría: emites constantemente un aura a corta a distancia que poco a poco congela a los enemigos. Todas las armas blancas ahora tienen la probabilidad de congelar el enemigo al que golpeen.
Duque de las moscas: cada cierto tiempo invocas moscas que te ayudan a pelear. Las moscas de color violeta hacen daño por contacto y las de color naranja pueden prender fuego a los enemigos. Tienen poca vida por lo que aguantan 1 golpe pero tu generas más.
(...) Desenredó del miedo el oculto sentido, del miedo a ya no ser para ser con, del miedo a no saber si uno podrá abarcar esa divina mutación de ser en uno dos, siendo arrancado y arrancando así al otro de la muerte. Y en la página tomó vivo sentido la palabra resurrección.
Clara Janés
En la Tierra hay vida por culpa de un accidente, pero un tipo de accidente muy especial. Y para que ese accidente ocurra de esa manera especial, tienen que darse 3 condiciones. Y estas son: 1. Las cosas tienen que hacer copias de sí mismas (esto se llama Duplicación). 2. Tienen que cometer pequeños errores al hacer eso (esto se llama Mutación). 3. Esos errores tienen que ser los mismos en sus copias (esto se llama Herencia). Y estas condiciones son muy raras, pero son posibles y causan la vida. Y eso simplemente ocurre. Y el resultado final no tiene por qué ser necesariamente rinocerontes y seres humanos y ballenas. Puede ser cualquier cosa.
Mark Haddón, El curioso incidente del perro a medianoche, 2004.
10/12/17
Creí haber superado mis celos, pero al parecer sólo evolucionaron o debería decir ¿mutaron? Lo vi el día de hoy irse con sus amigos y ahí estaban de nuevo, sentí celos, no los que siento cuando habla con chicas más lindas que yo, no, sentí celos de la amistad que tiene con ellos, la clase de amistad que nunca tendrá conmigo, y claro mi lado lógico me dice que es obvio que no es lo mismo porque lo nuestro es amor, es algo más especial, pero aún así siento celos, mi lado ilógico me grita que ellos tienen algo que yo nunca tendré de él, no lo entiendo y me duele. Sí, al parecer supere mis celos con las mujeres pero los pase a alguien más, es obvio que nunca desaparecerán por completo…
Daydreamer.