El dolor del opio
La epidemia de heroína en España durante los años 80 y 90 afectó especialmente a las clases populares, convirtiéndose en un problema de salud pública sin comparación. Su consumo estuvo acompañado de un aumento de las infecciones por VIH y hepatitis C debido al uso compartido de jeringuillas, un incremento de la delincuencia y una alta mortalidad por sobredosis. Durante años, la respuesta oficial fue principalmente represiva, con encarcelamientos masivos que agravaron la exclusión social de los afectados.
La música reflejó esta realidad, narrando en sus letras las experiencias del consumo. Canciones como Frío de Alarma! («Estoy ardiendo y siento frío»), Mi prima y sus pinceles de Josele Santiago («La más blanca, la que más me duele») o En un Mercedes blanco de Kiko Veneno («Diez duros de papel albal y el cielo se ha iluminado») nos dejaron el testimonio de lo que fue todo aquello.
No fue hasta 1985, con la creación del Plan Nacional sobre Drogas, cuando España adoptó un enfoque más eficaz. En lugar de centrarse únicamente en la criminalización, se desarrollaron políticas de reducción de daños, como los programas de metadona, además de reforzar los recursos para la reinserción social. Sin embargo, el plan fue criticado por aquellos que se preguntaban cómo se podía permitir la distribución de jeringuillas, viendo estas medidas como una aceptación de la droga y no como una vía de control. A pesar de ello, estas decisiones contribuyeron a que el consumo de heroína comenzara a descender en los años 90, contribuyendo a la recuperación social de la época.
Este modelo contrasta con la crisis de opioides en Estados Unidos, donde el problema no comenzó con la heroína callejera, sino con la prescripción masiva de otros derivados como el OxyContin, promovidos agresivamente por la industria farmacéutica. Cuando aumentaron las restricciones sobre estos medicamentos, muchos consumidores recurrieron al fentanilo, una droga de la misma familia mucho más potente y letal. La falta de un sistema de salud pública accesible y el enfoque punitivo han agravado el problema. Las cifras de muertes por sobredosis superan cualquier precedente.
Esta otra plaga ha afectado a todas las clases sociales, incluidas figuras destacadas. Artistas como Prince, fallecido en 2016 por una sobredosis accidental de fentanilo, y Tom Petty, quien murió en 2017 tras consumir varios opioides recetados para tratar el dolor crónico, son solo algunos ejemplos que reflejan la magnitud del problema. Sus familias autorizaron la divulgación de las causas de sus muertes para dar un rostro a esta tragedia.
España, en cambio, logró contener la epidemia con una política valiente e innovadora que se convirtió en un referente mundial de reducción de daños.
Tom Petty and the Heartbreakers (1979). Damn the Torpedoes.














