Sé que ya vamos por el tercer mes de año, pero como primera lectura del año, decidí empezar con un libro que adquirí en una feria de editoriales independientes. Al elegirlo me dejé guiar simplemente por el título: "Grande es el amor". Sinceramente sí esperaba encontrar una historia de amor más tradicional pero grande fue mi sorpresa al leer una obra compleja sobre la vida campesina de México. Escrita por Eulalio Aguilar, la obra tiene como contexto la etapa post-revolucionaria mexicana en Rancho Florido, una población en el estado de Morelos.
Aunque la narrativa a veces toma tangentes un poco extrañas, navega entre el acontecer cotidiano de los pobladores, sus usos y costumbres, sus cambios, la política nacional y las luchas que se sucedieron a la revolución, que abarca la repartición de tierras a los campesinos, los nuevos latifundios, los abusos de poder de los políticos y su desapego a la realidad social y el propio trabajo de la tierra. Hace una crítica mordaz a la política nacional, sobre todo en temas agrarios, aunque en momentos es panfletario, apunta constantemente a la ineficacia y desconocimiento del gobierno.
El narrador es Mauro Rosales, un huérfano que es criado por Saturnina Castelán, mujer que luchó en la gesta revolucionaria para posteriormente encontrar un poblado vacío y la necesidad de migrar para hacerse una nueva vida, ahí es donde llega a Rancho Florido. No puedo decir que la obra sea feminista, pero sí hace un reconocimiento del papel que las mujeres tuvieron tanto en la revolución como en la reconstrucción del país, como guerreras, como cocineras y hasta como prostitutas. Me atrevo a decir que la mayoría de los protagonistas son mujeres, y el final es una propuesta a que los orígenes no definen la “maldad” o “bondad” de las personas.
La novela aborda la situación de los personajes para mostrar las condiciones de vida, por ejemplo, retoma una celebración anual para referir a la parafernalia propia de la fiesta religiosa; la infancia de Mauro para referir al sistema educativo mexicano; la juventud de las chicas de provincia que viajan a la ciudad para obtener el peinado de moda para referir a la relación entre lo rural y lo urbano. En general bien escrita a pesar de tener un par de pasajes confusos. La obra se ve aderezada del colorido de las festividades, del campo, de la arquitectura de las ciudades en construcción. Yo le había dado otro cuidado editorial porque la lectura corrida entre párrafos dificulta entender que se comenzó una nueva idea y que cambiamos el contexto de la narración, pero sospechamos que se debe a que es una edición independiente, y es que cada página cuenta cuando tienes recursos limitados.
Rescata algunos vocablos náhuatl y hasta explica sus etimologías, pero también de palabras latinas, quizá para demostrar al lector que el autor es un personaje estudiado, cómo se describe al final de la novela. No sería extraño la utilización de este recurso, ya que las comunidades indígenas en México se han visto menospreciadas, muchas dejaron su lengua materna por miedo a ser discriminados y otros, como el autor, ha sido a través del estudio que han luchado por su valía.
Una obra sincera y fresca sobre el pasado de un país tan complejo como lo es México.