Tahoe Rim Trail Endurance Run
100 miles (165km Garmin)
5,505 desnivel positivo
Carson City Nevada
"Ármate y sé violento, hermosamente violento, hasta que todo reviente. Armate y combate, se violento, hermosamente violento, naturalmente violento, libremente violento"
Mauri
Correr en Lake Tahoe era una de las cosas que tenía en mi lista de pendientes, TRTER había estado dando vueltas en mi mente por algunos años. Decidí que esta carrera era una gran alternativa para el team, varios de ellos tenían ganas de completar sus primeras 100 millas, y otros correr 100k.
Ellos fueron la principal motivación para no dudar de escoger esta carrera. Las vistas prometían mucho, la organización bastante comprometida, y un terreno mixto nada fácil, pero tampoco tan técnico como para que fuera imposible. Este grupo en particular es muy fuerte por donde lo veas, por dentro, por fuera, con una disciplina y unas ganas implacables. Han entrenado, preguntado y aprendido tanto, que si algo falla… yo también habría fallado.
Me gusta conocer el mundo a través de las montañas, eso es prácticamente obvio. Pero también a las personas que comparten conmigo estas aventuras. Hay demasiado acercamiento en todos los sentidos, salen expuestos miedos, dudas, todas esas cosas nos hacen vulnerables y que no siempre quieres que otros vean. Que te acepten con tus momentos buenos y malos es lo más real del verdadero amor.
Como coach, el compartirme como persona más que como maestra da miedo, en mis 42 años ya he estado con las incorrectas, dejan daños, te duelen, te enferman. Sin embargo la vida lo hace un plan, y en forma de perdón te recompensa.
Siento que cada vez que escapo de la ciudad a una carrera, hay un aire que me da paz. Me visualizo en las montañas donde nada importa, donde la vida se resetea. Siento que el tiempo no ha pasado, que soy esa niña de 26 años que un día se dejó envolver por el ruido de los ríos, el olor de la tierra mojada, la belleza de un amanecer y la curiosidad de que vendrá después. Desde entonces no he soltado el bosque, su ausencia me causa tristeza, me da angustia.
Llegamos a San Francisco, y manejamos una eternidad a Reno. El tráfico fue brutal pero el grupo se dedicó desde el inicio a acomodar nuestro plan de viaje, y salir adelante. El año pasado me quedé con una sensación difícil de superar de Dark Divide con el equipo, sin embargo este viaje lo superó en todos los sentidos. Trabajamos en comunidad todo el tiempo, tuvimos mil pláticas, comidas, risas, todos trabajaron por y para todos. Se preocuparon el uno por el otro, y aún más lindo. Se preocuparon por mi.
Tal vez no entiendan el valor que eso tiene. Hay mucha gente que me rodea que cree que por alguna razón las cosas son más simples para mí. Soy la primera en valorar y reconocer el esfuerzo que se necesita para salir adelante de este tipo de carreras porque sé que es muy doloroso, que las cosas no siempre salen bien, y que se necesita una infinidad de trabajo y sacrificio para llegar aquí. Cuesta un huevo la decisión de hacerlo bien, arriesgar un poco más y dar el primer paso. Es mucho, muchísimo … hacerlo una y otra vez, es un compromiso de vida que se lleva muchas emociones con el. No solo por la responsabilidad de tu vida, también la de otras que confían en tu guía.
Las personas que esta vez viajan conmigo no hacen el deporte a medias, lo dan todo en los entrenos y en el día a día. Así que han vivido conmigo lo que duele, y lo difícil que es entrenar a ese nivel para hacer las cosas bien, lo duro que es empujar y soportar. Tal vez por eso valoran más el esfuerzo. Así que si en algún momento te sientes igual, no, no estás mal, solo estás en la mesa equivocada. Hay una frase que me encanta y que comparto con los que corren a mi lado “Los ganadores pierden mucho más de lo que los perdedores jamás lo harán, pero en ese constante perder hay algo más grande, indescriptible que ellos jamás podrán vivir” (muchos que no están listos para esa conversación).
Hicimos el desayuno, y luego empezó la elaboración de las drops en la casa. Todos bailando de un lado a otro como niños previos a Navidad. Preguntando, asintiendo, ayudando, dudando. Qué hermoso es ese momento. Sentada en mi cuarto organizando las cosas en el piso, me llega un pensamiento muy random “No, no me hago la fuerte”, “no se hacen los fuertes”, “No, no escondo mis emociones, no esconden sus emociones” . Solo es que a pensar de todo, de la ansiedad, del misterio de lo incierto y del latido rápido, seguimos moviéndonos, buscando el cómo seguir avanzando.
Vamos camino a recoger los paquetes, firmamos responsivas, comimos, tomando mil fotos. Los veo felices, emocionados. Yo estoy igual. Tengo un buen plan A. Nunca nada sale acorde al plan A, pero el plan B siempre funciona “Keep moving”
Es el día de la carrera. El disparo de salida suena a las 5am. Yo voy de nuevo por 100 millas, Loth por sus segundas, Diego, Julio y Santi es su primera vez en esa distancia. Dan la salida. Todo va estúpidamente perfecto.
Una hora más tarde de nuestra salida salieron los de 100k, Mike, Santi Tocayo, Andy y Flor. Y posterior a ellas las de 23 k Regina y Dan.
Pido a Dios que cuide a los míos en el camino, están sobrados, me imagino sus caras en cada parte de la ruta.
El amanecer fue increíblemente bello. Tonos rojos en el cielo acompañan la primera subida. La montaña se empieza a abrir después de un camino de tierra. Aquí vamos de nuevo. Mucho calor, el aire quema la piel, no me preocupa hasta el momento. Unos paisajes deliciosos. Mi cuerpo estable.
Después del km 100 siento un dolor de cabeza que no puedo explicar. Es como si me fuera explotar, como si la sostuvieran de los costados y la apretaran fuerte, al mismo tiempo correr me hace sentir que rebota. Bajo el paso, me estresa bajarlo, le pido a Santi que se pase delante de mí. Necesito dejar de presionarme. Estoy recuperando muy poco en los abastos. Mi cabeza trata de justificar el dolor, para resolverlo pero dura un tiempo. Al fin desaparece, acelero para recuperar el tiempo. Estamos de nuevo en buen camino.
Me interesaba mucho llegar al km 120 la última subida pesada de la carrera. Hay muchos alacranes en el piso y se escucha un ruido de algo grande. Voy sola, nada de lámparas adelante o atrás, aún no vienen Santi y Loth, como la adulta que soy le marcó a mi mamá 😸. 3am y me acompañó en videollamada a la estación. Que hueva ir subiendo pensando que me comería un oso. Seguimos adelante y siento un dolor fuerte en el pecho y un mareo. Tengo que bajar el paso de nuevo. A estas alturas ya el plan del tiempo que me había propuesto, y estar en los primeros lugares, como diría José José se había derrumbado.
Tengo que pasar a que me revisen, bastante mareo en las zonas altas y el dolor en el pecho no se calma. Me asiste la doctora, me toman la presión, tengo náusea… quiero salir pronto de la aid station pero mi cuerpo no puede. Mi voz interna me dice tranquila recupérate y Loth me pregunta “estás bien?”, “No, no sé qué pasa pero me duele el pecho y eso me hace sentir ansiedad, tengo miedo y estoy nerviosa”. Al escucharme me sorprendo. La única persona a la que le he reconocido mis miedos no está presente. Y Loth me dice “llámale a Ruben” como si leyera mi mente . Intento comunicarme ahí en medio de la nada. “Atiende Ruben necesito escucharte, necesito calmarme” al fin entra la llamada que cierra con un “sigue adelante”. Y respiro.
Los desafíos no están pensados para detenerte, están pensados para enseñarte cómo crecer. Me levanto con más miedo que ganas pero la seguridad de querer completar lo que empecé. Con la voz de Rubén en mi cabeza y la sensación de que los que están en casa son mi fuerza.
La ultradistancia en mi vida se ha ido moldeando con el tiempo, cambiando de significado, haciéndose más grande, más rica, más completa. Uno de sus retos más grandes es quedarte cuando todo se va al carajo, cuando se derrumban tus expectativas y tienes que soltar. Hacer del ego una bola de papel y aventarla al viento es la prueba del amor por lo que haces. La gente dice amar pero al primer problema renuncia al viaje. Para mí esto es más grande que los números.
Seguimos adelante, Santi se va y Loth me dice “me quedo contigo”, no esperaba llegar al segundo día. Mi plan era acabar en 24 horas la temperatura empieza a subir. Con la atención médica olvidé llenar mis bidones de agua, el calor quema la piel y el siguiente abasto está a 16km. Me quedo sin agua, la deshidratación me hace ver cosas, irme de la lado. Le digo a Loth y me ofrece la suya. Sé que tiene poca, no quiero dejarlo sin agua. Que tanto puede aguantar el cuerpo en este estado? Voy a hacer pipí y estoy sangrando, necesito llegar al abasto. Una serie de eventos desafortunados que me hicieron cuestionar mil veces mi salud mental, sorprenderme y preguntarme hasta donde el cuerpo puede tolerar y que sigue después de ese punto. Pasé por deshidratación, insolación, infección y los km más eternos de mi vida.
He tenido carreras donde todo sale en orden, y muchas (yo diría la mayoría) donde se salen las cosas de control. En mi historia tengo muchos podios a lo largo de más de 200 carreras de ultradistancia, pero sin duda las que más recuerdo son esas luchas de días como hoy. Mi magia en estos años ha sido resistirlo todo. Pues que se haga magia.
Llegue a la meta donde estaba mi equipo esperándome a mí y al resto de nuestros corredores. Tal vez no llegue con la fuerza que quería para que sintieran mi emoción pero mi corazón aun cansado sonrío. Ady, Santi, Regina me apoyaron en la recuperación y poco a poco la vida se fue acomodando.
Tahoe no es la carrera más dura, mas técnica, no es la de más calor tampoco, solo fue lo que algunos llamarían “un mal día”.
Hacia el final de la ruta. Agradecí muchísimo tener a Loth a mi lado. Valore su amistad, su paciencia, sus cuidados. Que lindo de pronto no ser tan fuerte y que alguien decida quedarse contigo a pesar del tiempo en el sol, del dolor, de la responsabilidad del otro. Sé que también yo me hubiera quedado, sé que él, Rubén y yo que llevamos tiempo entrenado juntos vemos la ultradistancia y la vida de una forma diferente. Somos muy duros a veces porque tenemos que serlo para soportar, y enseñar a otros a hacerlo. Pero por lo mismo el ver que uno de los nuestros no está bien o llega al límite es una señal de alarma que nos hace protegernos. Somos manada, esos lobos que no dan caricias, que no sienten pena, esos lobos que te empujan y te observar con una mirada que transmite fuerza. Los que se quedan no para consolarte, para que juntos puedan reír en la miseria.
Me gustó Tahoe. Me gustó que Dios me da lecciones aún después de tantos años. Me gustó luchar hasta el último aliento y pensar que después de esto seremos aún más fuertes.
Todo mi equipo cruzó la meta … hay un antes y un después de Tahoe. Los de 100 millas, 100k y 23k nos vamos con un montón de historias de todos lo que empezaron este camino. Mi equipo estoico, fuerte. Esas personas que para mí son casi perfectas. Tuvimos muchas aventuras allá, cenas, festejos, risas. Palabras bonitas que me dijeron que nunca voy a olvidar. Estoy orgullosa de ellos infinitamente y de todo lo que pueden lograr.
Los veo caminar los días después y su recuperación es increíble. Paseamos en San Francisco queriendo estar juntos sin dividirnos. Corrimos en el Golden Gate como afloje. Y siento el viento …
Felicidades Team! Que grandes. Felicidades lobitos, el camino no acaba aquí, hay muchas millas por delante. Mucha lucha y mucho aprendizaje. “Ármate y se violentó… hermosamente violento”
Nos seguimos leyendo
A mi hijo, a Rubén.
Keep your head up. Keep your heart strong.







