En esta entrevista José Luis Díaz Granados comparte detalles íntimos sobre el proceso de creación de sus obras.
Pasó de Las puertas del Infierno a La Habana soñada y vivida, de poemas a crónicas y escritos periodísticos. Un apasionado de la vida y obra de Pablo Neruda, a tal punto de tenerlo como su “dios personal” y recibir por parte del gobierno chileno la Medalla de Honor Presidencial Centenario Pablo Neruda 2004, y amigo cercano del Nobel de literatura Gabriel García Márquez, sobre quien escribió un libro permeado de recuerdos. El escritor colombiano José Luis Diaz Granados es un referente para los poetas en el país, un hombre que sabe lo que es vivir en el exilio y que por su fina prosa y letras audaces ha sido ganador del Premio "Carabela" en Barcelona, en 1968; el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, en 1990 -por la entrevista que le hizo al poeta Luis Vidales-; el Premio Nacional de Novela Aniversario Ciudad de Pereira, en 1994, por su obra El muro y las palabras y escogido en el 2008 como el Poeta Homenajeado en el XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá.
*Su primera obra, El laberinto, fue un escrito que fue creciendo con la sucesión de ediciones ¿Cómo fue su proceso de producción?
Desde 1962 cada poeta y cada escritor tiene su estilo y su modo de ver y orientar su comunicación literaria, yo tomé la decisión de que lo iba a hacer en un solo volumen porque me gustaba la manera en la que Baudelaire organizó las Flores del mal; Whitman, Hojas de hierba o Jorge Guillén, Cántico. Me gustó y dije: “se va a llamar el laberinto, va a ser un organismo creciente”. Sin embargo, pues dio un volumen en 1984, después de veintidós años de trabajo de una poesía desigual y que reflejaba cada ciclo de mi vida, mi adolescencia, los primeros amores, la muerte de mi padre – que me marcó- , la búsqueda del padre, los paisajes, la cotidianidad y luego, la realidad social de Colombia.
*Precisamente me habla de como El laberinto fue un espejo de distintas etapas de su vida ¿Cómo es la relación entre lo vivido por el autor y el momento de sentarse a escribir?
Siempre he defendido más la elaboración que la inspiración, uno puede estar –por ejemplo- muy enamorado y esa exaltación hace que uno escriba muchas palabras de desahogo, pero eso no es obra de arte. La poesía y la literatura son una obra de arte, entonces uno tiene que plasmar la inspiración o motivación pero con miras a lo artístico.
*Al acercarse a los libros y dejarse seducir por ellos, uno termina estableciendo relaciones afectivas con ellos y desarrollando amores y desamores con los autores. Cuando usted se sienta a escribir ¿Qué hay de esos autores con los que generó esas relaciones de amor y desamor?
Es como cuando uno tiene amores de verdad, ya cuando uno los ve lejanamente, si no dejaron mucha huella, uno dice: “Caramba, hace muchos años aquella mujer la conocí y hubiera podido ser un romance muy lindo pero no pasó de una experiencia fugaz”. Lo mismo pasa con ciertos autores, me pasó con algunos modernistas como José Santos Chocano, Amado Nervo o Leopoldo Lugones. En cambio, hay otros que me dejaron su musicalidad como Rubén Dario, Silva o Martí, pero de todas maneras está como emparentado con el ciclo que uno va viviendo.
*¿Esos gustos el lector podría descifrarlos entre líneas, leyendo sus textos?
Sí, por ejemplo, a mí muchas veces me dicen “usted tiene influencia de, en mi caso, Gustave Flaubert”, yo no lo encuentro. Yo leí Madame Bovary en mi adolescencia, pero puede ser una influencia indirecta a través de Vargas Llosa o Carlos Fuentes; son influencias indirectas, uno las ve. Yo creo que a mí se me nota un poco la influencia de Joyce o incluso de Henry Miller en las novelas y en las poesías de Neruda y lo grandes poetas americanos.
*Muchos hablan de “la soledad del escritor”, ¿En su proceso de escritura qué papel ocupa ella?
La soledad es indispensable para el creador, la física -no la sentimental, con esa es imposible-. Uno la necesita para concentrarse, para escribir una sinfonía, uno no puede estar con niños revoloteando en la casa, con un primo poniendo música estridente o visita o le va a quedar a medias lo que escribió. Uno debe estar absolutamente solo y sometiendo la obra a un proceso de mucha decantación y rigor, como si fuera orfebrería. Si no, no tendría gracia la creación literaria.
*En sus escritos se siente la gran importancia que le da a los detalles ¿Estos aparecen mientras hace el ejercicio de escritura o son intencionales?
Hace poco, a propósito de mi última novela, una crítica literaria académica señaló eso, que entrar en obras literarias mías, dijo, es como lanzar una red al mar y cuando menos piensa uno pica el pez. A mí me gusta el detalle sorpresivo y estos son deliberados.
*¿Qué sucede al momento de creación?
Con el desarrollo de la creación ocurren varias cosas, como dice Mario Vargas Llosa, los demonios y los duendes acuden a ayudarlo a uno. Eso es algo natural, cuando tú estás escribiendo sobre un tema determinado, tú investigas pero depronto sin darte cuenta te van saliendo voces que hablan de ideas y recuerdos. Son mecanismos del subconsciente que escapan a la razón.
*A la hora de trabajar en una nueva obra y acercarse al papel ¿Se manifiesta en usted esa conjunción entre escritura y ritualidad?
Sí y no es superstición, es ritualidad. En mi caso el papel en blanco tiene que estar perfecto, el bolígrafo no tiene que estar claro sino que tiene que marcar con tinta profunda o si no ya veo que no va a tener un buen inicio el texto. Rituales como el que nadie mire lo que yo estoy escribiendo hasta que yo autorice o muestre la obra o me parece que esa persona la “empavó”, la saló. El sobre debe estar limpio, la perforadora en la que voy a cocerla debe estar impecable. Cuando publico un libro duermo toda una noche con un ejemplar, lo manoseo, lo subrayo, lo beso, lo huelo. Uno tiene muchos talismanes, por ejemplo, yo le hago una especie de bendición al estilo ortodoxo –eso lo aprendí en Moscú- con el dedo pulgar, índice y el corazón, eso es muy secreto, lo revelo hasta ahora.
*Hay una frase suya que dice: "Les pido a los poetas del mundo: conciliar los eternos temas de la poesía con la solidaridad humana" ¿Cree que con sus obras lo ha logrado?
Lo pretendo, trato de por lo menos aproximarme. Cada creador es independiente y respetable la posición que asuma, yo me inclino hacia la solidaridad humana, por eso los autores que yo más quiero es porque han tenido esa devoción; es el caso de Victor Hugo, Whitman, Neruda o el caso de Nazım Hikmet, que es la hora en la que no lo han autorizado Sin embargo, hay que hacerlo con las armas de uno que son las palabras.
Siempre he ambicionado escribir lo que a mí me hace gozar y disfrutar una lectura. Cuando leí la novela Molloy de Samuel Becket fue tal la alegría que yo sentí, que inmediatamente me senté a escribir lo que tenía adentro hace muchos años, que era la novela Las puertas del infierno; incluso tiene la técnica de dos grandes párrafos, como Molloy y un solo punto aparte con temas eróticos y religiosos.
*Una vez tiene una historia ¿Cambia mucho está al pasarla al papel a tal punto de perder su encanto?
Sí, la palabra limita mucho el pensamiento. Por ejemplo, es una cosa lo que uno siente adentro cuando alguien le salva a la vida, no hay más palabras que gracias. Igual, si a uno se le cae un papel y alguien lo recoge, uno dice gracias pero la intensidad no es la misma que cuando le salvan la vida. Las palabras limitan y es precisamente ese el desafío del escritor, poder trascender las palabras mismas para poder elaborar su obra de arte.