Badiou sobre Deleuze
hay que dejar de especular sobre el tiempo, su precariedad, su omnipresencia subjetiva. Terminemos con toda fenomenología de la “conciencia íntima del tiempo”. Pues lo que cuenta es la eternidad, más precisamente esa intemporalidad temporal que recibe el nombre de acontecimiento. El grande y único “arrojar los dados” en que la vida juega como su eterno retorno. [...] que el pensamiento sea fiel al infinito del cual depende. Que no conceda nada al detestable espíritu de finitud. Que en la única vida que nos impartida, despreocupados de los límites que el conformismo nos asigna, intentemos a cualquier precio vivir, según dicen los antiguos, como “inmortales”. Lo cual quiere decir: exponer en nosotros, tanto como se pueda, el animal humano a lo que lo excede.
Alain Badiou en Deleuze: pensar el acontecimiento, pensar la singularidad.












