Para Baruch de Spinoza el deseo cuando se enquista de ideas inadecuadas se llama pasión, cuando es engendrado por ideas adecuadas se atribuye a la virtud. Las ideas adecuadas o inadecuadas parten de la congruencia de los afectos, y para esto un alto nivel de autoconocimiento debe ser alcanzado sobre las afecciones del cuerpo, porque "no hay afección alguna del cuerpo de la que no podamos formar un concepto claro y distinto"; es decir, de todos nuestros deseos podemos tener una percepción consciente. Esa consciencia sobre nuestros deseos es la base de nuestro poder porque es una herramienta para la ética, imbricada a la consecución de afectos positivos (esos que dan vida a ideas adecuadas).
En esta línea de ideas adecuadas se encuentra el conscientizar que "un afecto que se remite a muchas causas distintas, consideradas por el alma a la vez que ese afecto, es menos nocivo, influye menos en nosotros, y cada una de sus causas nos afecta menos, que otro afecto de igual magnitud, pero referido a una sola causa, o a un número menor de ellas". ¿Por qué menos nocivo? Porque un afecto es nocivo cuando nos impide pensar (cuando bloquea el proceso de consciencia, de meta-autopercepción -si se quiere-), es en esa traba del pensar que se instala la pluralidad en contraste con lo singular o lo reducido. Un afecto que permita al cuerpo-alma considerar "simultáneamente muchas cosas es menos nocivo que otro afecto de igual magnitud" pero que contempla un solo objeto o un número menor de objetos, porque no permitirá pensar en otras cosas.
Para esto Spinoza dice que la potencia del alma (su esencia, que es ser potencia) consiste en el pensamiento, y argumenta que "el alma padece menos (...) en virtud de un afecto que la determina a considerar simultáneamente muchas cosas, que en virtud de un afecto que tiene ocupada al alma en la consideración de un solo objeto (...). Por último, este afecto, en la medida en que se remite a muchas causas exteriores, resulta menos intenso respecto de cada una de ellas."
Esta intensidad se desprende no de un apego (un vínculo ético) sino de la idealización de objetos. La multiplicidad acaba con la idealización.
Y más adelante, entrando en la dinámica neurótica (si tal cosa vale poner en relación con Spinoza), la multiplicidad permite una calma en la meta-autopercepción porque reduce la angustia de la fijación, o como dice Spinoza "las aflicciones e infortunios del ánimo toman su origen, principalmente, de un amor excesivo hacia una cosa que está sujeta a muchas variaciones y que nunca podemos poseer por completo". Si el cambio es una constante, todas las cosas están sujetas a variaciones, y más aún, dice Spinoza que nadie puede ser dueño de las cosas, en realidad.
(Lecturas del libro: Ética: demostrada según el orden geométrico. De Baruch de Spinoza; pp. 123, 125, 258-262, 269)
FB: destruirelamor
IG: destruirelamor