Si me muero no pasara nada, lo digo sin más, lo sé desde antes que la nada tuviera sentido.
Quizás ese no es el problema a fin de cuentas, lo que jode siempre es el ego hablando de las metas.
Pero qué son las metas si no más que otro orgasmo, solo que esta vez de dopamima hablamos.
Y no sé ni pa qué habló de orgasmo, si mi desempeño en el amor últimamente da asco.
Pero es lo que hay frente a un posible final, si uno al final no es hombre solo por tirar, qué es esa huea, uno es hombre cuando respeta el ideal.
Ideal del que vivimos, que no es ser hombre, es ser un ser humano que está vivo y hacer lo que corresponde.
Bueno, ni tan vivo, de eso trata este poema, de morirse sin más como una estrella que se estrella.
Y si me muero que sea como Álvaro Henrriquez, diciendole a ella que por mi no se pique.
No se pique el alma, pues mi muerte es solo otra, yo debería preocuparme, pero para eso es esta nota.
Si me muero que sea incendiado, no como las flores lentamente marchitado, eso sería el peor contrato, sería como tirar la vida como su fuera estropajo.
Quiero llamas y quiero fuego, quiero ver como las letras se salen de mi cuerdeno, pues en el fondo tengo miedo.
Pero no me importa, porque siempre he sido real y si la muerte viene la esparare con una sonrisa burlesca, pues así le digo a la vida que siempre fue una mierda.
Pero de igual manera si me muero que ella no piense en mi, pues mi muerte no pondrá a nadie infeliz.
Se olvidara, se marchitara entre los recuerdo o con cuea en algún celular.
Y me quedaré tranquilo si ella en mi no piensa más.