Porque bien se puede aparejar un alma que así permite Dios que ande en los ojos del mundo, a ser mártir del mundo, porque si ella no se quiere morir a él, el mismo mundo la matará.
Libro de la vida, Santa Teresa de Jesús
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Porque bien se puede aparejar un alma que así permite Dios que ande en los ojos del mundo, a ser mártir del mundo, porque si ella no se quiere morir a él, el mismo mundo la matará.
Libro de la vida, Santa Teresa de Jesús
Philosophy / Ideal
Dmitry Kochanovich
Hay un peligro en el dolor, así como hay un peligro en la felicidad respecto a las cosas que escribimos. Porque la belleza poética es un conjunto de crueldad, de soberbia, de ironía, de ternura carnal, de fantasía y de memoria, de claridad y de oscuridad. Y si no conseguimos obtener todo esto junto, nuestro resultado es pobre, precario y escasamente vital.
Mi oficio, Natalia Ginzburg
Ahora nos damos cuenta de que nuestra ciudad se parece al amigo que hemos perdido y que tanto la amaba. Es, como era él, laboriosa, ceñuda en su actividad febril y terca, y al mismo tiempo apática y dispuesta a holgazanear y a soñar.
Retrato de un amigo, Natalia Ginzburg
La naturaleza esencial de la ciudad es la melancolía. El río, perdiéndose a lo lejos, desaparece en un horizonte de nieblas violáceas que hacen pensar en la puesta de sol, aunque sea mediodía, y en todas partes se respira el mismo olor intenso y laborioso del hollín y se oye el pitido de los trenes.
Retrato de un amigo, Natalia Ginzburg
…y yo no sé, llevaba encima el terror, pero un terror blanco, quiero decir que no era como alguien que tiene miedo, sino como alguien que está a punto de desaparecer.
Océano mar, Alessandro Baricco
Si todo hombre estuviese en alguna parte de sus sílabas, de ese modo podría ser alcanzado. Y tocado. Una y otra vez. ¿Amado? ¿Qué más daba eso? Podría ser masticado y engullido.
La suerte de Omensetter, William Gass
Pues eso era la totalidad de la vida en la tierra, nuestros cuerpos durante un tiempo transversos uno al talle de otro, como hojas nuestras vidas, elevando generación tras generación el nivel del suelo, el propósito de cada nueva capa la eficiente asfixia de la última.
La suerte de Omensetter, William Gass
For, in certain moods, no man can weigh this world without throwing in something, somehow like Original Sin, to strike the uneven balance.
Herman Melville, Hawthorne and His Mosses
Giró la palma de la mano, dejando que el viento le pasara por entre los dedos. Frío como agua de montaña parecía manar de las nubes pálidas. Esto es lo que se siente, pensó, al correr por las manos ahuecadas de Omensetter. El tiempo pasa sereno a través del embudo de sus dedos —clic, clic, clic— como el agua sobre las piedras.
La suerte de Omensetter, William Gass
But I felt pantheistic then — your heart beat in my ribs and mine in yours, and both in God's. A sense of unspeakable security is in me this moment, on account of your having understood the book. I have written a wicked book, and feel spotless as the lamb.
Herman Melville in a letter to Nathaniel Hawthorne, November [17?], 1851.
For tho' we know what we ought to be; & what it would be very sweet & beautiful to be; yet we can't be it.
Herman Melville in a letter to Sophia Hawthorne, January 8, 1851.
Though I wrote the Gospels in this century, I should die in the gutter. — I talk all about myself, and this is selfishness and egotism. Granted. But how help it? I am writing to you; I know little about you, but something about myself so I write about myself, — at least, to you.
Herman Melville in a letter to Nathaniel Hawthorne, June [1?] 1851.
The reason the mass of men fear God, and at bottom dislike Him, is because they rather distrust His heart, and fancy Him all brain like a watch.
Herman Melville in a letter to Nathaniel Hawthorne, June [1?] 1851.
This "all" feeling, though, there is some truth in. You must often have felt it, lying on the grass on a warm summer's day. Your legs seem to send out shoots into the earth. Your hair feels like leaves upon your head. This is the all feeling. But what plays the mischief with the truth is that men will insist upon the universal application of a temporary feeling or opinion.
Herman Melville in a letter to Nathaniel Hawthorne, June [1?] 1851.
Déjame mirarte, imagen de mi alma, un día llegaré a conocerte como conozco tu amor o tu mirada, tu enojo o tu gracia. Y aquí me detengo para mirarte. Qué pena tengo de no ser lo que pude ser otros días. Redimida por lo menos una vez. Basta una vez.
Silvina Ocampo
¡Cuán guardados para siempre / los mil y mil tesoros vividos / que puso entre mis manos un minuto / la realidad, y que serán ahora, y que ya sólo son consuelo vago / de esperar y esperar lo siempre nuevo!
A espaldas de Madrid, Leopoldo Panero