Ella tenía mi alma,
¡la tenía a sus pies!
como el invierno tan cerca del otoño,
como la primera con el invierno,
en una relación del vivir y morir,
lo supo y siguió manteniéndome
allí , en su pecho cálido
en la espera del rose de las fresas
que llaman labios...
Me mantuvo allí,
tanto , ¡tanto tiempo!
que un día alce la mirada valiente;
para robarle la esencia de sus labios
Y ... Solo vi un cráneo,
con cuencas profundas y lo bese
bese su rostro de hueso,
mire mis brazos,
mis brazos huesudos
mire mis piernas,
mis piernas huesudas,
Odie haberla amado tanto
haberla amado tanto para esperar .
G.M - Cartas para Robin







