"Mediterrano" no solo denuncia la contaminación generada por los cruceros, sino que también cuestiona nuestra complicidad como consumidores.
Al atribuir un carácter “pornográfico” a esta relación entre el hombre y el trasatlántico, la obra desafía al espectador a reflexionar sobre lo que realmente debería indignarnos. La escena, cargada de una ironía visual incómoda, traslada lo “obsceno” al ámbito del turismo de masas y la contaminación generada por las naves de crucero. Lo obsceno no es el cuerpo, sino la pasividad con la que aceptamos la destrucción de nuestro entorno en nombre del progreso, del entretenimiento, del beneficio económico y el ocio insostenible.
El trasatlántico, símbolo del turismo masivo y el consumo desenfrenado, se convierte en un objeto de deseo perverso. La relación sexual que sugiere la imagen es una metáfora de cómo nos hemos entregado, de manera complaciente y acrítica, a un sistema que devora los recursos naturales y contamina nuestros océanos. Cada emisión de gases, cada vertido de aguas residuales y cada impacto en los frágiles ecosistemas costeros son el resultado de esta relación tóxica que prioriza el placer efímero sobre la preservación del planeta.
Esta pieza es una llamada a la acción, una invitación a repensar nuestro papel en la crisis ambiental y a rechazar las prácticas que convierten nuestros mares en víctimas silenciosas de un sistema voraz.
"Mediterrano" forma parte de la serie "POR-NO-GRAFÍAS"