Vencer el odio desde nuestra diversidad
Te dicen que eres “raro”, te dicen que eres “abominable”, también pueden decirte que “no vales”, que lo que eres “esta mal”, que por lo mismo “no cuentas” y que “no tienes derecho”. Y hasta acá tan sólo te he hablado de las palabras.
Hay veces en que esas palabras se vuelven afiladas como los nudillos de un puño, o se vuelven calientes como la punta de una patada. Otras tantas se convierten en piedras y otras, aún más desafortunadas, se transforman en balas.
Puede que alguna vez te digan que te tienen miedo, que les aterra lo que tu forma de ser pueda provocarle a la sociedad, que el ejemplo que le das a la niñez no es bueno, que todas las normas las rompes y que estas forzando una normalidad deforme y sin sentido.
Pero hoy quiero decir que no son ellos los que de verdad tienen miedo. Soy yo, somos nosotros los que si hemos sentido ese miedo recorrer nuestra columna. Hemos sentido como ese miedo nos hace temblar las piernas, nos quiebra la voz, nos nubla la vista con lágrimas.
¿Qué otra reacción puede tenerse ante el odio que nos han tenido? Porque al final la homofobia, la lesbofobia, bifobia, transfobia, etc, son tan solo otras maneras de llamar al ODIO que algunas personas sienten hacia las que somos diferentes, hacia las que somos diversas, hacia las que somos maravillosas.
Todas estas formas de odio lo único que buscan es que la comunidad LGBTIQ se esconda, que permanezca en el silencio de la oscuridad. Promueven nuestro silencio y nuestra pequeñez y si, aterradoramente también buscan provocar nuestra desaparición, nuestra extinción… nuestra muerte.
El único adjetivo con el que puedo categorizar a las personas que tienen este odio es “cruel”, porque son personas que, con palabras, con actos no hacen más que provocar daño.
No hay bondad, no hay amabilidad, ni respeto ni nada bueno en alguien que solo busca matar la esencia de alguien más. Es simple y sencillamente inhumano pedirle a alguien que deje de ser quien es, que finja ser algo diferente, que no ame, que no sea libre… que apague sus colores.
Las personas diversas nos vemos forzadas a lidiar con este odio desde muy pequeños. Lo recibimos en casa de nuestros padres; en el colegio de maestros y compañeros; en la iglesia de los sacerdotes… en fin, de todos lados.
Lo más triste de esto es que algunas personas diversas se ven forzadas a beber de ese cáliz de odio, de volverlo parte de su sangre, intoxicándose, corrompiéndose y comenzando a odiar lo que son, comenzando a odiar a su propia comunidad. ¿Qué clase de existencia es esa?
Definitivamente no nos lo merecemos.
¿Ya van entendiendo por qué les digo que esto nos genera miedo?
Algunas personas tenemos la dicha de que se nos forma una especie de callo, de barrera con la que con el tiempo empezamos a protegernos. A pesar de que las palabras hieren, lastiman y queman, vamos aprendiendo a ignorarlas y buscar sanar desde nuestro interior y desde nuestra misma comunidad.
Y ojo que cuando las palabras se convierten en acciones, nuestros cuerpos vuelven a temblar, e incluso nos hacen dudar sobre si dar un paso o no, porque si un día, los que odian se cansan de insultar y deciden actuar, eso podría ser el fin de nuestra bella existencia diversa.
Con el tiempo nos vamos haciendo fuertes (más cuando estamos juntos) y hemos sabido luchar contra ese monstruo llamado homofobia o lesbofobia o bifobia o transfobia… o simplemente odio hacia lo diferente.
Algunos hemos decidido alzar nuestras voces en contra de esas represiones, aun sabiendo que eso podría marcar nuestro final.
Y lo hacemos porque hemos visto como nuestra vida pasa y se agota sin poder disfrutarla. Hemos tenido que guardar nuestras plumas, hemos teñido de negro nuestros colores. Por evitar la soledad y el exilio nos tuvimos que esconder bajo un tonto disfraz heteronormado, pero tras lágrimas y gritos de nuestro corazón nos hemos dado cuenta de lo equivocados que estábamos.
Todo ese esfuerzo sin sentido que hicimos por encajar no valió la pena, y si hoy pudiéramos volver atrás, al menos yo, lo haría todo de manera diferente. Yo sería diferente.
Con todas sus letras, con todas sus implicaciones, sería yo mismo, sería el “raro”, pero sería feliz.
Quizá tú que me lees, si no eres diverso no podrías entender todo esto que te digo. ¿Cómo podrías entenderlo si nadie te ha hecho sentir invisible nunca? ¿Cómo podrías entenderlo si nadie te ha dicho que no puedes amar a alguien porque tu amor es “prohibido”? ¿Cómo podrías entenderlo si nadie te ha dicho que tomar la mano de tu ser amado es “inaceptable”? ¿Cómo podrías entenderlo si nunca has tenido que esconder lo que eres, nunca has tenido que fingir o sentir algo que no es real? Pero por eso hoy te pido que te pongas en mi, en nuestro, lugar. Te pido que abras tu mente y puedas comprender nuestro dolor, nuestro miedo.
Los disfraces no son para mí, no son para mi comunidad y no son para nadie. Las personas llenas de odio no pueden ver esto, no pueden ver la magnitud de su error pues nadie ha cortado nunca sus alas ni su libertad. Pero si lo piensas bien, las personas que odian son personas esclavas de ese sentimiento, son presas de la intolerancia y la ignorancia.
A esas personas que odian hoy les digo: Soy libre, no tienes poder sobre mí. Voy a amar, voy a vivir, voy a reír, voy a ser feliz sin importar lo que hagas.
Hoy voy a dejar el miedo atrás y deseo de corazón que mi comunidad lo haga a mi lado. Nos vamos a pintar de colores, nos pondremos nuestras plumas, nuestras perlas y nuestra diversidad.
Voy a ser yo mismo, acompañado de todos ellos, sin pensar en tus juicios, sin pensar en tu desdén y en tu ignorancia.
Hoy voy a dejar el miedo atrás porque quiero ser libre y quiero que mi comunidad viva en paz.
Quizá mis acciones, mis palabras no sean nada. Quizá sean tan solo un grano de arena en esta playa inmensa, pero quizá puedan ser también la estrella que guíe a alguien más a un mejor lugar.
Mi voz, mis letras, serán alzadas para decirle al mundo “Aquí estoy y no podrás detenerme”. Nunca volveré a dejar que el odio que esas personas nos han tenido apague el fuego de mi universo.
Esta comunidad es grande, es fuerte, a veces se divide, pero siempre vuelve y siempre más voraz.
No sé que pasará mañana, no sé si estaré aquí o si siquiera alguien leerá estas palabras, pero mientras pueda lucharé por recordarle a los que odian que yo, que mi comunidad, somos humanos y merecemos vivir en paz.
Les recordaré que tenemos un corazón, un volcán que arde dentro y esta dispuesto a dar amor y a luchar contra todo lo que quiera callarnos.
Tenemos un alma, un universo en el que lo único que no cabe es el odio y el desprecio.
Hoy escribo estas palabras secándome las lágrimas y pintando una sonrisa en mi rostro, la más grande y real que tengo y espero algún día el odio se acabe y esas personas que se dejan dominar por él sean capaces de entender, de amar y aceptar a los demás por lo que son.
Y a ti, persona que no odias, persona que apoyas y aceptas, gracias por estar aquí, gracias por ser aliado, gracias por entender y abrir tu corazón hacia nuestra comunidad.
Y a ti, persona diversa, no dejes que el odio de los demás te haga pequeño. No permitas que nadie se robe tu luz ni te robe tu espacio y tu voz. Eres fuerte, somos fuertes, y si algún día alguien te quiere apagar, no dudes en buscarme, juntos haremos comunidad.
Juntos venceremos ese mal que carcome a la humanidad.