“Críticas sobre el Conductismo aplicado al estudio de la infidelidad ”
“Lo que hagas para mi, sin mí es contra mí”
El Conductismo nace como una Teoría de la Psicología, con la publicación del Manifiesto Conductista de Watson 1913, que produjo un movimiento que postulaba que la Psicología para ser una ciencia, debía de tener como objeto de estudio la conducta, conforme solo sus procesos observables y usar métodos objetivos como la observación y la experimentación, empleados por las ciencias naturales; despreciando los procesos de la conciencia del individuo, su historia personal y la influencia del entorno social que forman parte del moldeamiento de la conducta. A partir del surgimiento de las corrientes Neo-conductistas, se destacó la Teoría del Conductismo Operante desarrollado por F. Skinner. En este ensayo, abordaremos una Critica hacia el Conductismo Operante de B. F. Skinner quien realizó el postulado del Análisis experimental de la conducta (AEC) mismo se convirtió en un movimiento hegemónico de los 40´s a 60´s. Siendo una teoría radical, logró influenciar de manera ambivalente y polémica en la Ciencia de la Psicología con experimentos de ética dudosa como el de instauración de fobias en el bebé Albert.
Así mismo, Skinner revolucionó el ámbito educativo, al establecer que "La enseñanza es simplemente la disposición de las contingencias de refuerzo” ayudando al desarrollo de la hipótesis de extrapolación y proceso instruccional que derivaron en aplicaciones como las Teorías de aprendizaje mediado con Diseño Instruccional, Programas de Software y técnicas de de modificación de conducta en Educación Especial. Sin embargo, el factor de evitar un análisis integral del individuo como base para determinar el porque de sus diversas conductas es un aspecto que provocó en gran medida que la Teoría del Condicionamiento Operante de Skinner desde los años 60´s hasta la actualidad, recibiera críticas en cuanto a su validez científica y ética.
En el Conductismo se estudia al individuo como un mero receptor de información, que reacciona ante estímulos y refuerzos del entorno sin realizar un proceso cognitivo y al cual se le puede adiestrar, al igual que un animal conforme se le apliquen los principios del Reforzamiento Positivo, Negativo o Castigos. Incluso, se preveé en este paradigma que el control de estímulos puede ser condicionado por programas de reforzamiento que de ser contínuos o intermitentes, en intervalos fijos o variables pueden servir para aprender o eliminar una conducta. En este sentido, no podemos negar que en algunos casos específicos, estos postulados se cumplen, siempre que se tenga un ambiente controlado, en un proceso de maestro-aprendiz o en el ámbito terapéutico de educación especial, pacientes diagnosticados con transtornos psicóticos y algunos tratamientos contra adicciones como el tabaco. Para el Conductismo, el individuo es un ser pasivo, que debe ser sumiso y dócil para aprender, en un estado reactivo, sin voz ni voluntad para aprender por si mismo.
Sin embargo podemos hacer una critica respecto a la aplicación del Conductismo como teoría en una problemática biopsicosocial y del individuo como es la conducta infiel y la experiencia de vivir ser engañado por la pareja.
Si abordamos este problema desde el Modelo Conductista, podríamos pensar en aplicar un programa de reforzamiento donde la conducta infiel reciba un castigo posiblemente físico como descargas eléctricas o ingesta de alimentos dañinos para la salud. Y para modificar las conductas de ira, despecho y labilidad emocional del cónyuge engañado, podemos diseñar un programa de extinción de la ira, donde cada vez que la persona siente esta emoción se le aplique una descarga eléctrica que provoque una inhibición por el temor o dolor de la misma. ¿Asunto arreglado? ¿Los sujetos estarían modificados para continuar con su vida cotidiana? Nada más lejos de una solución en el conflicto de la infidelidad…
¿Qué pasa con los aspectos humanistas de la condición del ser del hombre y la mujer? ¿Nuestra libertad queda eliminada para ser programados, adiestrados conforme la etiología animal para evitar conductas como la infidelidad? ¿Cómo determinar si la infidelidad es una conducta patológica o un efecto de otro tipo de conducta que requiere ser atendida y tratada en un proceso terapéutico? Describe Mercedes Garzón (1997) que como seres humanos somos libres cuando tenemos conciencia de que somos nosotros quienes actuamos, lo que supone una existencia real y concreta que elige, dentro de un orden social que establece normas y deberes que permiten la relación social entre individuos. En este sentido, nos autodeterminamos.
En este aspecto, desde el análisis Ético de la Psicología y desde la condición de profesionales dedicados a la salud emocional del ser humano, es primordial el respeto e investigación de la historia individual de cada sujeto, cada paciente. “La historia individual es dentro de la historia colectiva y la historia colectiva no es sin historias individuales” Mercedes Garzón. El ser puede ser condicionado, pero paradójicamente el análisis de historia personal dentro del tratamiento terapéutico de un individuo, se puede identificar la raíz de sus conductas disruptivas, su modelo de vinculación emocional, su cultura y códigos morales, los cuales también influyen en su actuar en la sociedad y por ende con su pareja. Por lo tanto, como humanos nos dice Mercedes Garzón, que nuestras elecciones no son individuales, ya que siempre implican a otros, por lo que son también, en última instancia, sociales. Para el Conductismo todas las conductas son iguales, pero una infidelidad, por ejemplo, no es igual en todos los casos, algunas de ellas pueden ser ocasionales, otras sexuales, algunas solo de manera fantasiosa sin transgresión en lo cotidiano, por lo tanto no pueden ser analizadas ni tratadas terapéticamente de la misma forma.
Podemos abordar esta problemática desde lo social con la teoría de Paulo Freire, quien abordó con su “Método Freire” un movimiento latinoamericano de la pedagogía libertadora, aplicando las ideas educativas de su obra “La Pedagogía del Oprimido” donde establece la importancia de crear una conciencia colectiva en las masas populares sobre su realidad y sobre la necesidad de una pedagogía de la liberación para llegar a la justicia social.
Lo personal se vuelve político, la infidelidad es una conducta social, por lo tanto política, ¿es justa la infidelidad?, ¿es injusta?, ¿quien debe hacerse cargo de tratar la infidelidad? Para Freire el sujeto debe dejar la pasividad, el sujeto se debe convertir en educador, evitando ser mensajeros de la opresión, sino mas bien deben ser provocadores de una “educación problematizadora, con actos permanentes de descubrimiento de la realidad” (Ocampo, p. 65).
Hemos saltado de considerar al individuo un sujeto pasivo, adiestrado a uno posiblemente oprimido que debe buscar su libertad. Ahora bien podemos abordar esta crítica desde la teoría Psicoanalítica. La cual considera el estudio de la conducta como una serie de aspectos intrasubjetivos e intersubjetivos y la infidelidad como tal la relaciona con conceptos de pulsión, fantasía y ambivalencia. Por ejemplo Ícaro Caruso (1983) postula que la monogamia institucionalizada, no es una garantía real, no constituye un criterio para el sano desarrollo de la economía instintiva y de la sublimación del individuo (Caruso, I. 1993, p. 120). Por su parte Escárcega en su artículo la Infidelidad desde el Psicoanálisis, menciona que los terapeutas de pareja intentan reconocer los patrones de cooperación inconsciente (colusión) involucrados en una infidelidad y con esto “establecer las formas en las que este evento expresa la división, la identificación proyectiva y la represión de aspectos dolorosos o que generan ansiedad de las relaciones emocionales que la pareja no ha podido manejar” (Escárcega, 2007).
Por su parte Vega Michel menciona en su Investigación “Programas de evitación con humanos” que la programación de contingencias para inducir las reacciones fisiológicas caracterizadas como estrés, implican programas de reforzamiento negativo que incorporan, novedad (estímulos y situaciones no enfrentadas previamente), impredictibilidad en la presentación de las consecuencias aversivas, una probabilidad variable de correlación entre señales y consecuencias (ambigüedad) y una probabilidad variable en la relación entre comportamiento y consecuencias (incontrolabilidad e incertidumbre). ¿Acaso no podríamos usar estos conocimientos para establecer una norma legal contra o pro la infidelidad? (Vega, 2010, p 4.)
En este caso, si retomamos esta aplicación en un ámbito social podríamos pensar por ejemplo que un marco legal es una forma de condicionamiento social que moldea la conducta de los ciudadanos, regula los procesos cognitivos mediacionales. Incluso las filosofías religiosas como el catolicismo que postula los mandamientos filosóficos que han derivado en los valores universales de la filosofía humanista puede ser considerada una regulación.
Estas regulaciones sociales y/o filosóficas bien pueden funcionar en individuos con cierta tendencia hacia la sumisión o equilibrio emocional, sin embargo aún con estos límites sociales, existen individuos disruptivos con personalidades antisociales, patológicas o creativas. Es entonces cuando el ser humano con su historia personal y estilo de crianza, impacta también al entorno. Aún falta mucho para lograr un equilibrio entre el respeto al otro por auto regulación y su extrapolación al bien común de la sociedad. Es necesario tener un amplio abanico de conocimientos, pericia y ética profesional para mantener la humanización del tratamiento terapéutico, más allá de teorías, somos seres cambiantes y ávidos de sentido.
“Nada es útil si no es útil al hombre. Nada es útil al hombre si éste no está en condiciones de definir sus propios fines y valores, si no es libre. Sin duda un régimen de opresión puede realizar construcciones que servirán al hombre: le servirán solo al día que sea libre de servirse de ellas”.
· Guisan, E. (2011). Razón y pasión en Ética : los dilemas de la etica contemporanea. 1º Edición. Antrhropos.
· Ocampo López, Javier (2008). Paulo Freire y la pedagogía del oprimido. Revista Historia de la Educación Latinoamericana, (10),57-72.[fecha de Consulta 24 de Octubre de 2021]. ISSN: 0122-7238. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=86901005
· Vega Michel, C; López Álvarez, M; Camacho Gutiérrez, E. (2010). Patrones conductuales en programas de evitación con humanos y sus efectos en el cortisol salival. Revista mexicana de análisis de la conducta, N. 1. P 31-44.
· Sánchez Escárcega, J. (2007) La infidelidad desde el psicoanálisis. Intramed Psicología https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=44775