El semáforo (Cartas al Girasol revoltoso)
Taylor Swift · folklore · Song · 2020
La noche estaba despejada y fresca. El viento hacía que las hojas volaran y cayeran sobre el auto en el que Lautaro y Violeta estaban teniendo la conversación que haría que sus vidas cambiaran. Los semáforos de la esquina sabían lo que pasaba. Cambiaban de color en respuesta a lo que hablaban.
—Te quiero —dijo ella. Él le tomó la mano en respuesta y suspiró. — Esto está mal.
—Lo sé —dijo él— y me odio por esto. Perdón por ponerte en esta situación, no quería hacerte mal. Nunca pensé que ibas a decirme que vos también lo sentías. Entiendo que ambos estamos en una situación similar, pero ya no aguanto. Quiero aprovechar cada mínima oportunidad que tenga para estar cerca tuyo, tocarte, hablar con vos. También te quiero, y quiero conocerte … —Un zumbido interrumpió su hablar. Era un mensaje de ella. Alina. La original.
— Contesta si necesitas — indicó Violeta mientras le soltaba la mano suavemente.
— No quiero. Quiero hablar con vos y quedarme acá, al lado tuyo, toda la noche.
Se miraron un rato largo, en silencio. Les brillaban tanto los ojos que juntos podrían haber eclipsado el brillo de la Luna. Él le tomó la mano de nuevo. Ella la acarició y lo miró.
— ¿Así, como? — preguntó Violeta.
— No sé, así. Es que son tus ojos… Tenes las manos tan calientes y yo tan frías — dijo mientras sonreía.
— Si, y tus manos son muy suaves — respondió Violeta.
— ¿Te puedo dar un beso en la mejilla al menos?.
— Podes — susurró mientras lo miraba de nuevo con una sonrisa nerviosa.
Él le puso el pelo suavemente detrás de la oreja y se acercó a su cuerpo. Le beso la mejilla tres veces y se escondió en su cuello, como si pudiera realmente desaparecer del mundo en el espacio que había entre su oreja y su pecho. Le acarició la espalda lentamente mientras solo el sonido de sus respiraciones llenaba el espacio.
— Esto está mal — dijo Lautaro, mientras seguía acariciándole la espalda.
— Lo sé — suspiró Violeta — Lo se… — repitió y le acarició la nuca.
— Bueno, te acerco a tu casa. — Se separó de su cuerpo. Se sentó recto, acomodó el asiento y prendió el auto. Cada movimiento, mirándola a los ojos, como si sus miradas fueran inseparables.
El viaje en el auto fue tranquilo, la calle estaba vacía y las luces tenues. Lautaro extendió su mano hacia la pierna de Violeta, su toque estaba cálido. Violeta la tomó con sus dos manos, y la acarició. El cuerpo de ella sentía un leve cosquilleo cada vez que él hacía eso, tanto que la hacía sonreír de verdad, con los ojos. El viaje en el auto fue tranquilo. La calle estaba vacía y las luces de la avenida, algunas tenues, otras brillantes, iluminaban sus rostros con distintos tonos. La mano derecha de Lautaro viajaba desde la palanca de cambios hasta la pierna de Violeta.
—No sonrías como si esto estuviera bien —reprochó él, en la pausa de un semáforo.
— Tengo muy presente que no está bien, pero cada vez que te llevas la mano me quedo esperando a que vuelva, y cuando vuelve siento cosquillas en el pecho.
Lautaro respiró hondo — Te quiero — susurró.