Una gota de tinta negra, puede manchar todos los colores, los transforma, los cambia, los vuelve otros. Noté mi color, sentí mi sabor. La vida requiere de muchos momentos para crearnos color, cada uno lo aplica en tonalidad distinta, una intensidad que forma un aroma, color que escucha el como la vida nos bautiza y de a poco nos aluza.
Uno de los colores que conozco bien y que se presentó con nombres distintos con miedos diversos y mezclados a muchas edades, con muchas verdades, su sabor es reciente ahora mismo y es por eso que he comenzado con él; una noche, le diré noche, aunque era madrugada pesada y nublada de Diciembre, estaba oscuro, muy negro, se presentó después de una ausencia, su conversación era distinta, más prolongada; intensa, lo recordé. Tono complejo, todo mi cuerpo se siente ajeno a si, sin respuestas al ataque y así mismo respondiendo, llegó sin tocarme dejándome fría, escondida bajo una mesa, con luz delatándome, tanto miedo me deja inmóvil, lloro como si llevara la llave abierta y mis ojos fueran un grifo, la sensación dice que es un final, me siento en temblores, preguntándome sin nociones de tiempo o esperanzas ¿acabará? Parara este deslumbre de color, este temor que camina en mis cinco cuerpos.
Crece y disminuye, así es como existe su tonalidad, es conocido, aunque tengo la impresión de que mí descripción es muy específica a mi propio aroma.
Abundante, muy larga su compañía, a veces masajea suavemente y parece una necesidad para el balance de mí tono, otras veces se vuelve acertijo; una sopa de letras muy pequeñas y tantas que parecen eternas, sin saber qué cosas dice ni como ver toda la hoja entera, se pinta en el techo y se ve profunda, muy profunda, es que me agrada y me aclara. Una mirada extraña lleva en la cara, me visita mucho, mucho más que otro, pero algo tan especial se vuelve tedioso, parece ordinario cuando se vuelve rutinario, por eso he de recordarme que la disfruto, no la sufro, recordármelo mucho porque la mente aún miente.
Aquí es donde me deja cerrar los ojos, sentir aves en el rostro y unos círculos alargados vibrando en el pecho, el panorama englobando una sola gota que penetra sequias y hace llenar vasijas, solo te deja ver su pelaje colorido, donde esta frío para el sol y tibio para el frio, te habla lento frente a la cara como si fuera nube como si hablara con sensaciones y aun así cantara canciones, todo es eso y eso es todo; se disipan las preocupaciones y se sienten los tres segundos como una cadena perfecta de presente, así es como se desenreda con lazos redondos, y es, eres.
Que me guían como aliados, estos que se llenan de piel la carne y se ocultan entre el pensamiento de llamarnos normales, se encienden bellamente y hacen un baile en su presencia, se prenden y bajan se prenden y bajan, luces parpadeantes, ojos muy grandes con pétalos al viento, cubriéndoles, color radiante que me vuelve aterciopénlate, así mismo, protector camino amarillo, ondas sin frio, cercanas por sonido . Su presencia me es infinita, me orbíta; da noche y da lunas que arrullan nuevas formas, tocan colores con cuerdas que tiemblan; dejando llover una conexión de sensaciones. Ustedes me crean, ustedes son uno, usted es yo.
Tu irá me asusta, tu cara no encuentras entre el espejo, eres algo incompleto un tono lento y tan, tan perfecto, presente en su momento, tierra para el crecimiento, que también sabe ser perverso y alinearse en todo tiempo para dejar eternas versiones y congelar hielo en las flores, grueso que protege, grueso que estremece, todo eres, lleno de ti vienes, no te odio porque me quieres, tus ojos me abrazan y no saben más nada, tu llegas cuando no hay nada cuando se vuelve loca la calma.
Lo juntas todo, tu sales y no entras, tocas ventanas y miras puertas, eres lo que me compone y lo primero que respiro si me escucho en silencio, algo caliente y también frio, ese sonido que place y estremece, eriza los pelos, sacude los miedos, en su tono sin ritmo creando algo divino, baila entre luces ausentes de brillo, canta entre oídos muy llenos de ruido, el ente que nunca se siente de carne, el cuerpo flotante entre la sangre y aquello impalpable. Doblando mis dedos se hace presente, moviendo mis manos, bajando y subiendo, color del cielo, del sol y el amor, color de vida, de ruina y de risa en severo desafino, tocando con sus dos círculos, creando galaxias, soltando tierras falsas.
Color agua en el desierto
Me dejas caminar tanto, andar y andar en el mar sin saber nadar, sobreviviendo por instinto, resolviendo con el terror admirando el horror de un tsunami tocado a la cara, y en medio de tocar el agua salada, subes y enmudeces, así es tu cura y tu calma, barreras que dejan entrar, purificando arena, acariciándome la melena, eres tú el suave y ensordecedor color que en tantos tonos me devuelve el único.