Martin se despertó mucho antes de que el sol saliera. Su cuerpo rogó por más descanso, pero sabía que debido a que no informó con anterioridad a su equipo, debería de hacerlo ahora si quería que se reunieran y salieran antes de amanecer. Se levantó mientras sus huesos crujían, sospesó la posibilidad de darse una ducha helada para terminar de despertarse antes de comenzar su misión de juntar a todos; olfateó su ropa, con un pútrido aroma de la sangre del grismut aún impregnado y terminó optando por hacerlo. No era lo mejor, meterse en el baño que sí tenía ducha funcional en la casa evitando hacer sonido para despertar a los demás, pero era suficiente. El baño no pudo durar más de diez minutos, cuando su piel quemaba de lo helada que estaba, fue cuando decidió que era suficiente. Se vistió con ropa nueva, idéntica a la anterior y se dirigió hacia el cuarto de Laura. No golpeó, ingresó sin más y parándose en los pies de la cama, lo suficientemente lejos para evitar ser atacado, soltó un suave:
La mujer se levantó de golpe, con cuchillo en mano y lista para el ataque. No era anormal, la gente vivía constantemente la guardia en alto y sólo los criados dentro de estas paredes desconocían el temor de que cualquier cosa pueda atacarte en medio de la noche. Parpadeó un par de veces, enfocándose en el muchacho y siseó bajo una maldición.