Inoportuno
Parpadeó un par de veces sorprendido, no estaba acostumbrado al tacto de otras personas, por lo que sin duda alguna aquel abrazo le dejo un poco desconcertado, no le incomodaba en absoluto, pero tampoco sabía como debía tomarlo. Si fuese un hombre seguramente ya lo hubiera pateado o alejado de ahí pero esto era distinto, se trataba de una niña y bueno.. Los niños no le desagradaban por alguna extraña razón, mas bien, la actitud de aquella niña mas su bondad e inocencia le hacían ver un poco las cosas de manera diferente. A Eileen ya la estaba viendo como si fuera su hermana menor, oh un tipo de sentimiento así.
— Si… Espero que si nos volvemos a encontrar, no sea en un mal momento. —Murmuro para si mismo, aun que tal vez fue audible para la ajena. Y es que realmente, algo le decía que no estaba bien, sentía una fuerte presión en el pecho, como si algo malo fuese a ocurrir, era ahí entonces donde Jared se decía a veces que nunca se perdonaría si hiciese algo que pudiera perjudicar a esas pocas personas a las cuales apreciaba.
— Vete con cuidado, Eileen. — Dijo sin mas con una ligera y casi indescriptible sonrisa, debido a que Jared era muy inexpresivo, no podía sonreír de una manera abierta.
— Así será.— Susurró al murmuro del mayor con una sonrisa de determinación, ella sabía que el joven Jared nunca haría algo malo porque era una buena persona. Además lo único malo que podía lograr hacer era en tierras galesas y ningún guardia puede fácilmente ir de territorio en territorio. Todo iba a estar bien.
Con todo casi listo, arregló su coleta que estaba en mal estado. Aún no podía hacerlo sola, pero pensaba que le daba un toque de salvajismo y quitaba las sospechas de que era una niña de alta casa. Con su pulgar movió su nariz ya terminando los preparativos y se atrevió a alzar la mano para hacer la pantomima de un “adiós.”
— ¡Hasta alguna vez, joven Jared!— Exclamó agitando la mano y dándole la espalda, comenzó a correr por el bosque. Si miraba hacia atrás le iba a dar pena decirle adiós al primero que fue amable con ella en su largo viaje. Iba a cumplir todos sus consejos y nunca le iba a olvidar.
La pelirroja se perdió pronto entre los árboles, quedando como si ese encuentro no fuese más que una ilusión inoportuna en tiempos de guerra.












