Te encontrare, me susurro en sueños.
Mis ojos se abrieron de impacto, el sudor yacía en mi cuerpo, me incorporo en la cama tomando asiento, mi mano izquierda toca mi frente para comprobar el bienestar de mi temperatura, mis ojos examinan la habitación donde me encuentro, reconociendo la pertenencia de mis aposentos, es mía, mi perra dormita a un costado mío, todo en orden, pero ese algo, esa sensación de un sueño más profundo en mi subconsciente poco controlado permanece aquí, entonces lo entiendo, no existe la gravedad en este sueño, todo flota a mi alrededor empezando por mis cabellos cortos y alborotados, la ligereza en mi cuerpo, esa sensación de adormecimiento, la respiración lenta de mi perra, tomando el valor necesario, arrastro mi cuerpo para salir de aquí.
Busco despertar, me dije a mi misma, nada aún, supongo que divagare en un infierno más creado por mí, cruzo para salir de aquella habitación, la puerta cierra tras mi último paso, la sensación debajo de mis pies me invita a ver el charco debajo, apenas los cubre, y todo lo demás es un espejo, solo espejos, ¿Y esos susurros? ¿Aquellas risas? Sin respuesta, solo la prolongación de estos ruidos, se por lo menos que no estoy sola. Al acto seguido y sin espera unas sombras corren atolondradas entre espejos, no entiendo el pasar de esto, la adrenalina y susto me obligan a avanzar con rapidez. Después de un rato caminando en recto, obligada hacerlo de esta manera para no caer o colisionar en algún espejo, topo con una puerta de madera, esta misma tiene inscritas unas letras que a mi parecer están en griego, una mala escritura si se me permite decir, mi mano se va a la manija buscando abrirle pero tiene llave, me inclino a ver su cerradura, nada reconocible o parecida alguna, estoy perdida en la nada, fue mi pensamiento, pero como si se tratase de algún recuerdo mi mano izquierda toca mi cuello y ¡Oh sorpresa! Cargo con una llave… Extasiada por esa sensación la saco de mi cuello, la miro antes de colocarla, aunque no sé qué sentido tenga ya que no reconozco la forma, la coloco donde creo que va, suena el “crack” tengo acceso.
Corriendo la puerta algo temerosa, por alguna extraña razón el miedo y pánico me invaden, se de antemano que algo desagradable a mi vista estará en esta puerta, al tenerla en esplendor noto una luz blanca que me deja a ciegas, dejando pasar esa sensación por segundos observo una luminosidad roja, algo como neón, y aquella sensación de agua en los pies pasa a una viscosidad, o mejor dicho una especiad como a ¿Sangre? Al mirar mis pies observo que mi duda era cierta, sangre, pero no solo se quedaba ahí, tenía más pedazos pequeños de tejido a mi alrededor, mi necesidad de vomitar fue limitada, tres pasos para atrás y estaría fuera, pero no fue así, por retroceder choque en una puerta cerrada y mi desgracia creció al mirar por enfrente a mi otro yo, estaba atada de manos, como en una cruz, ella tenía los intestinos colgando por fuera, además de que se miraban las costillas bien abiertas permitiéndome ver el tórax, o mejor dicho, ¿Mi tórax? Un escalofrió recorría mi cuerpo, traspasaba mi alma, mi curiosidad y la energía de aquella pesadilla me permitieron avanzar hasta mí, observando las marcas en mi cuerpo desnudo, alambres sujetándolo, esas marcas de quemadura, partes de la piel abiertas y permitiéndome ver mis huesos, algunos ya rotos como las piernas, mi brazo derecho, cotillas y podía aprecias parte de mi columna vertebral algo salida, ¿Me habrían torturado o primero matado? esa era mi pregunta, mirando de reojo hacia el rostro que permanecía caído y sobretodo tapado con mi cabello, no podía apreciar mi cara, por alguna razón quería hacerlo… Me resistía, que más podía esperar si ya me encontraba así.
Tome una respiración grande, estaba dispuesta a hacerlo, me puse en cuclillas, me podría apreciar mas así, mis manos tocaron esa sangre y mis piernas se inundaron en rojo, que más daba, ya tenía mejor suerte yo que ella, me repase la visión de mi nuevamente, una mujer amarrada con alambre en una cruz de barrotes, la caja torácica abierta y mutilada por dentro permitiéndole tirar todos los órganos y dejando a la vista más los intestinos, ambas piernas y brazos rotos, dejándome ver el hueso, justo lo mismo ocurría con la columna vertebral que la abrían jalado por arriba del trasero para sacar gran parte, en pequeñas partes del cuerpo como hombros y pecho veía el tejido, y no la piel, así que no podía ser peor imagen.
Mis manos sujetaron la barbilla quería ser delicada, se trataba de mi… pude sentir una superficie dura, quiero pensar que es mi piel pero algo indica que no, inhale de nuevo, al subir lentamente, unas risas se escucharon, no sabía si retroceder, pero algo me indicaba que pronto acabaría, al levantar completamente mi rostro, lo vi, el miedo me inundo de una manera atroz, no existían los ojos, las cienes las miraba, en tono negro y sangre, la boca cocida me sonreía, la falta de mis mejillas permitiéndome ver el tejido, era atroz y de pronto, como si todo cambiara, ella me habla “Te encontré” haciendo preciso el momento en que su cuerpo se desprende de aquellos alambres, me toma por las mejillas, mis ojos se humedecen, ella ríe, las risas eran de ella y por detrás de mí, pudiendo observar por la casa de espejos, lo miro, aquel hombre robusto, su cara es irreconocible, la obscuridad conspira para ellos, pasa como película, soy golpeada, violada, y él toma ese cuchillo, hace su trabajo, lento, exacto, recorta lo ya visto, mutila lo vivido, no puedo más con esto, me enfoco en la realidad sublime, ella cae sobre mí, ambas nos hundimos en nuestra sangre.
¡Y no puedo más! Me aviento de golpe para delante, ¿¡Donde estoy!? Me dije oprimiendo mi corazón, mi perra levanta de un susto, pasa a lamer mi rostro, todo es cierto, sigo aquí, le acaricio la cabeza, me levanto y miro por un espejo, algo temerosa, algo inerte, ya paso me repito, pero no habrá pasado, una mano en forma de mancha humeada se refleja por mi espejo, alguien me busca en otro sitio.
Con amor siempre Fernández Jacqueline.