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Sabía que iba a recibir una gran reprimenda por aquello, mas no tenía opciones disponibles que jugaran a su favor. Con el vaso carmesí en mano y pasos algo indecisos, se encaminó hacia donde el contrario se encontraba. Vaciló unos segundos en acercarse, pero aprovechando que no miraba directamente hacia ella y armándose de valor, tiró la bebida apuntando hacia su cara. El líquido mojó todo el rostro contrario. –Oh, dios, lo siento... –fingió haber sido un accidente, mordiéndose el labio e inconscientemente preparándose para cualquier reproche de su parte, dando el reto por terminado. @deanapoli
Tenía instrucciones determinadas de encontrar a aquel chico. Bien podía afirmar que no se conocían y que ni si quiera habían entablado conversación, sin embargo, sabía de quien se trataba dado a trabajos anteriores en el campamento. Lo buscó con los ojos hasta que finalmente lo encontró, dirigiéndose a él como si no pasara nada. Se plantó delante, interrumpiendo cualquier acción que estuviera realizando. –Hola, soy Jess. No nos conocemos. Bueno, solo de vista. El caso es que... –comenzó, dedicándole una amplia sonrisa, sin saber muy bien como conseguir aquello que debía hacer. –¿Puedes decirme si tengo algo en el labio? –por unos instantes se sintió algo estúpida. Todo había surgido deliberadamente, porque de otra manera no habría podido cumplirlo. Se señaló el ya mencionado, mientras miraba atentamente al contrario que seguramente estaba confuso ante todo aquello. @bartnear
Buscó su víctima durante un rato, sin dejar de pasear la mirada por todo el gran salón en el que se llevaba a cabo la fiesta. El papelito descansaba en el bolsillo trasero de sus pantalones. A esas alturas solo deseaba cumplirlo lo antes posible y no le importaba cuan complicado fuera. Solo debía encontrar a la persona indicada. Y no le sería difícil identificar a los guardias, ya que estos eran -o solían- ser mayores que los campistas. Sus orbes verdosos dieron con el hombre y rápidamente se dirigió hasta su posición, deteniéndose justo delante de su cuerpo. –Perdona, pero... ¿podrías ayudarme con algo? –preguntó, sin mostrar indicios de su siguiente paso en el rostro, ni tampoco ninguna pista que pudiera llevar al contrario a deducirlo. Se acercó peligrosamente, quedando a unos pocos centímetros del rostro contrario y esperando una respuesta. No tenía ni idea de cómo empezar aquello, mas deducía que empezar con presentaciones sería mucho más complicado. @pherds
@jessvxnce
“Creo que no nos habíamos visto antes pero…” Se acercó a la muchacha, un tanto vacilante. “¿Eso que tienes ahí es un piercing?” Señaló el ombligo contrario, como si fuese lo más normal del mundo y acto seguido inclino su cuerpo hacia abajo. “Necesito verlo mejor.” Explicó, como si aquello le diese algún sentido a toda la situación. Aprovechando el momento y su cercanía con el abdomen ajeno (lo que había intentado hacer desde un principio) no dudo ni un segundo en depositar un beso en el mismo, cumpliendo entonces su reto.
El repentino gesto de la morena la dejó algo descolocada, sin proporcionarle a penas un momento para reaccionar. –No, yo no... –empezó a decir, mas se detuvo en cuanto vio la cercanía y sintió los labios de la fémina en su abdomen. Su mano rozó inconscientemente el lugar en el que había sido depositado el beso. Se sintió confundida ante la situación, dudando en como reaccionar a aquello. ¿Se trataría aquella acción de uno de los famosos retos? Se había corrido la voz de aquel juego. Los inventores habían repartido papelitos y algunos hablan ido a parar a sus manos, como en las de todos los presentes. –¿Qué ha sido eso? –es lo único que pudo preguntar. Más tarde, una sonrisa rebelde adornó sus labios.
“No, no. Es que ya sé que no hay, ya me fije.” Espetó, la frustración pincelando sus facciones. “Mi pregunta fue con enojo, ¿entiendes? Nadie me aviso, nadie aviso a nadie y yo no sabía que iban a cortar el pastel. Y cuando voy a ver si lo van a cortar ya, lo que único que veo son sus migas.” Explicó con la indignación haciéndole mover la lengua, mas que quejarse estaba experimentando la impotencia. Sabía que aquello no había sido obra de los dueños de la pensión, mas no podía entender el egoísmo que había envuelto a la persona que se tomo la tarea de rebanar la tarta sin anunciar que estaba ejecutando dicha tarea. Estaba segura que al igual que ella, muchos se habían quedado sin probar aquella delicia.
Formó una fina línea con sus labios, mirando a la contraria, ensanchando los ojos al verla tan indignada por no haber probado un trozo de la tarta. –Tranquila. Ahora veo que quizás esa tarta significaba mucho para ti –trató de bromear, al menos para calmar un poco a su interlocutora. Nunca había visto a nadie entrar en aquel estado de indignación al saber que una tarta se había reducido a migas. Eran muchos allí, y obviamente iba a terminarse rápido. –Puede que hasta tengas suerte y saquen otra tarta. He oído algunos rumores –le susurró lo último al oído, bromista, como si se tratara de un secreto que debían guardar. Sin embargo, era cierto el que había oído por ahí que existía una segunda tarta, seguramente escondida en la cocina. –¿Sabes? Cabe la posibilidad de que en la cocina haya otra. Sé que quizás iría contra las normas, pero no suelo acatarlas –su ceño bajó levemente, en un gesto despreocupado. –De pequeña me caí encima de una tarta y olí a chocolate durante al menos una semana. Fue en un concurso, delante de todos. Así que prefiero que desaparezca antes de que decidan hacer cualquier tontería –discretamente introdujo aquella anécdota en la conversación como parte de un reto que le había sido dado en un pequeño papel momentos atrás.
El borde del plástico se posó en los labios carmín, el líquido deslizándose por su garganta, quemando a su paso. Las tonalidades marítimas se posaron en la figura femenina de nueva cuenta, encogiendo sus hombros al escuchar su interrogante. “No,” pausó, relamiendo sus labios ”es una fiesta organizada por personas de más edad” Esa era la cuestión, poco le importaban las exageradas decoraciones, incluso la locación en donde el evento se desarrollaba, los dueños del lugar habían sido lo suficientemente atentos como para brindarles una distracción por al menos un par de horas y no sería desagradecida como para criticar aquel gesto de amabilidad.
–Ya... –a pesar de no ser la mejor fiesta del mundo, tampoco estaba mal si no te fijabas en las paredes. Una música empezó a sonar a través de los altavoces trasladándose al ambiente. Aquel pequeño detalle pero importante como lo era la música en una fiesta, consiguió reanimar a la británica. Una sonrisa se dibujó inconscientemente en sus labios. Como si la música se metiera por todo su cuerpo de una forma desconocida para ella, empezó moviendo su cuerpo al ritmo de la música, iniciando una coreografía que seguramente no finalizaría hasta entrada la noche. –¿Quieres bailar? Esto no está tan mal –la música retumbaba dentro de aquellas cuatro paredes, por lo que alzó la voz más de usual que en una conversación normal.
— Y dada la oportunidad, no querías desperdiciarla en el esfuerzo, ¿no? —fue con cuidado de no bloquear la escalera para nadie y seguir el paso de la chica con tal de asegurarse de que no fueran a empujarla, o ella a perder el equilibrio. Una vez llegados fuera, no solo ya no había más escaleras, sino que también había más espacio para caminar cómodamente—. Aquí mismo —eran unos baños individuales, y cayó en la cuenta de que entrar con ella no era lo más adecuado, así que permaneció fuera, apoyado en la pared—. Adelante.
Un sentimiento parecido a la inseguridad y culpa empezó a crecer dentro de ella en cuanto recordó el reto que le había sido encomendado hacía casi una hora. No quería aprovecharse del muchacho que tan amablemente la había ayudado, y que además se mostraba muy amable en todo momento. Pero, ¿qué podía hacer? No quería que un castigo la esperara el día siguiente. Puede que al final de todo no fuera para tanto. –Pues no –admitió, dejando ver su blanca sonrisa. El dolor desaparecida por momentos, aún así, necesitaría al contrario a su lado. Por lo menos obtendría más privacidad para realizar el reto y, por suerte, la puerta contaba con un pestillo. Dio un paso dentro del baño, parándose antes de introducir su cuerpo por completo. –Uh, ¿podrías acompañarme dentro? Aún no me fío de mí misma y de mi equilibrio –una expresión esperanzada se plasmó en sus facciones, esperando que respuesta fuera afirmativa.
“Olvidar a veces es aburrido,” soltó sólo porque sí, nunca había tenido que emplear el alcohol de esa manera que consideraba tan triste, y es que tampoco tenía mucho de qué lamentarse en su vida, al contrario, estaba siempre llena de lujos, mas nunca se puso a pensar en lo vacía que era debido a eso. “Pero vale, vale, olvidemos juntos. Yo puedo olvidar que estoy aquí, imaginar que estoy en Hawaii o algo así,” bufó, con su ceño fruncido al imaginar aquello. Humedeció si labio superior antes de tomar la botella que había traído la fémina, obsequiándole un trago generoso. “¿Cuáles campistas—?” preguntó, pues la sugerencia fue como si hubiera un grupo muy particular. “No quiero ofender, pero con delincuentes quiero liarme lo justo y necesario,” tuvo que admitir, una noche de retos sin mucha importancia era suficiente para él, pero si no tenía un papel en la mano para cumplir los desafíos en juego, no se acercaría más de la cuenta. “Pero no me desagrada tu compañía ni nada de eso,” dijo después, obsequiándole una sonrisa entretenida a su interlocutora, no quería sonar descortés.
–Puede. Pero no si lo deseas con todas tus fuerzas –una de sus comisuras se alzó, en un intento de obsequiarle una sonrisa, pero parecía más una mueca que otra cosa. Se pasó una mano por la cara, a continuación expulsando un suspiro cansado. De pronto todo a su alrededor había desaparecido, como si fuerzas ajenas hubieran desintegrado la fiesta, y ahora su atención estaba dirigida solamente a aquella conversación. No quería prestarle atención a los cuerpos que se movían delante de ellos, tampoco a las personas que bebían sin descanso y sin ninguna reparo en los lugares más escondidos, pero no invisibles a sus ojos. Prefería mantener una conversación con un rostro conocido como Dyllan. Aquel comentario le arrancó una risa. –¿Te gustaría ir a Hawaii? –interrogó con mirada divertida y una ceja enarcada, sus facciones envolviéndose de tintes curiosos. –No sé, estaba generalizando. Me extraña que no quieras hacer como todos esos y rodearte de chicas guapas –explicó, refiriéndose a los campistas que coqueteaban con todas las chicas que aparecieran en su camino. –Tranquilo, al fin y al cabo es tu opinión –con un gesto trató de restarle importancia. Desvió la mirada durante unos segundos, separando sus ojos de los contrarios para fijarlos en ningún punto en concreto, perdidos entre la multitud. No mantenía los mismos ánimos de siempre como para enzarzarse en una discusión o mantener el contacto visual demasiado tiempo sin articular palabra. Volvió a fijarlos en el rubio, pasándose un mechón de pelo detrás de su oreja, el cual había escapado de su moño. Recostó la cara en la palma de su mano, sin poder evitar esbozar una sonrisa blanca. –Me alegro de oír eso. Por lo menos sé que no te estoy aburriendo, o que ya te has cansado de mí –transformó su tono en uno más divertido que el anterior, con sus labios rosados levemente entreabiertos mientras observaba las acciones ajenas, esperando una respuesta.
“ Yo tampoco, de hecho creo que para que ellos hayan organizado la fiesta esta bastante bien. ” Admitió, si bien la música que sonaba en esos momentos no era su favorita y se sentía un tanto incomoda en aquel ambiente por una razón que no podía explicar, los dueños de la hostal si habían hecho un buen trabajo y no lo podía negar. “ Probablemente no querrán hacer otra fiesta luego de esta. ” Se encogió de hombros soltando una suave risa. “Supongo que no es que no me guste, sino que me acuerdo demasiado de afuera. ”
Asintió con la cabeza, mostrando que estaba de acuerdo con las palabras ajenas. –Sí, y puede que estén deseando que nos vayamos –dedujo, introduciendo un tono divertido en la conversación. La música que comenzó a sonar dejaba mucho que desear. La melodía no conseguía inducirle ese sentimiento de fiesta, tampoco uno que la incitara a bailar libremente por la pista de baile. De pronto una idea apareció en su cabeza. –Vale, ahora sí que empieza a ser aburrido. ¿Qué te parece si hacemos que cambien la música? Podríamos seducirlos para lograrlo –propuso con algo de picardía apareciendo en su forma de hablar y expresión. Esa no era una opción para conseguir aquello, sin embargo, quizás necesitarían ayuda de sus armas femeninas. –Prometo que te divertirás más conmigo que con todos los presentes.
—Tiene que haber algo más. Solo que lo están ocultando muy bien, ya sabes, se dejan lo mejor para ellos— comentó, sacando propias conclusiones aunque estaba casi seguro de que eran certeras. También observó a su alrededor, tratando de encontrar algún punto de la fiesta donde tuvieran ese tipo de bebidas más intensas. —Si, claro que sí. ¿Has visto si alguien más tiene?— respondió, imaginando que quizás la chica acababa de percatarse de ese tipo de bebidas.
–Seguramente pueda encontrar algo. Y si fuera así me parecería injusto, porque los dueños nos lo han ofrecido a todos, ¿no? –pequeña suposición que en teoría era como ella decía. Puede que algunos se hubieran pasado de listos, decidiendo esconder las botellas para ellos mismos. –Ahora vuelvo –se encaminó hacia su objetivo: un chico con dos botellas. De una daba tragos intentado que nadie se diera cuenta, y la otra la tenía a la vista, por lo que se la pidió amablemente. Sorprendentemente se la dio sin ninguna queja. Quizás se daba cuenta de que era algo egoísta por su parte. De camino a su lugar anterior, le dio varios tragos a la botella, los suficientes para que empezara a dolerle levemente la cabeza. –Toma. Cortesía de un conocido –pequeña mentira. En realidad no le conocía de nada. –Es bastante fuerte. Ya hasta he empezado a sentir pequeños mareos –explicó, soltando una risa más fuerte de lo que pretendía.
En ese mismo momento tiene que hacerse la pregunta: ¿vale la pena? Porque parece que todos se divierten y beben, todos, casi sin excepción. Él era el casi. “No debí aparecerme,” se lamenta. Tiene la nariz arrugada, tal como alguien que huele algo desagradable. No hay ningún olor en el ambiente, pero sí la visión de todo el campamento en descontrol, o haciendo el intento. “No beberé, no aquí, no con ustedes. Y de la única manera que puedo soportar esto es… bueno…” bebiendo, es la palabra que le no le escapa pero que está implícita. “Esto es un desastre. ¿Tú planeas beber más de la cuenta hoy?” No la culparía si su respuesta fuera positiva.
En uno de sus puños permanecía el papel arrugado de un reto, entregado por un muchacho al cual no había visto en su vida. Todos allí estaban obligados a cumplirlos si no querían sufrir un castigo al día siguiente, así que suponía que aquella era una oportunidad y no debía desaprovecharla. No sabía cómo reaccionaría el más mayor por lo que debía hacer, mas tampoco quería imaginarlo. Tal vez sería un error, pero no le quedaba otro remedio. –¿Por qué? Eres tan libre como nosotros de hacerlo –aseguró. –En teoría sí, y seguramente dentro de unos minutos lo haga. Pero antes quiero hacer algo… –dejó la frase ahí, aportándole un ápice de misterio a la situación. Se inclinó lentamente hasta posar sus labios en los contrarios, atrapándolos entre los suyos y finalmente separándose para ofrecerle una media sonrisa, tratando de descubrir si finalmente había sido un error.
“Ah, ¿Jess?” preguntó el británico apenas reconoció a la fémina de entre la espantosa multitud. No tardó en situarse en una silla contigua a la campista. “No puedes decirme que estás sobria…” pausó, con una mirada entretenida dirigiéndose a la mesa donde exponían alcohol. “Hm… Yo estoy sobrio,” realmente lo estaba, porque el aburrimiento estaba partiéndolo en dos. “Más o menos, supongo. Tengo una idea, trae una botella de esas y nos embriagamos juntos,” porque vaya que necesitaba a su contraria con algo de alcohol en las venas, de otra forma, seguro una bofetada aterrizaba contra su mejilla. @jessvxnce
Despegó la vista de las personas que conformaban todo el ambiente a su alrededor. Pronto reconoció al rubio, y una especie de alivio la invadió, más que nada por poder charlar con una cara conocida. –Lo estoy. Y me alegro de que me lo propongas. Ahora mismo solo quiero olvidar –una confesión que había estado guardando toda la noche en su cabeza. ¿El motivo? Lo que había tenido lugar allí, sin previo aviso, había encendido y avivado los recuerdos de su pasado. Todo por culpa de un campista ebrio con un reto entre sus manos, el cual la implicaba a ella, y es que a la fuerza había querido tocarla y a saber qué más. Ella huyó rápidamente mientras los recuerdos de su padre en una situación similar con su madre invadían sus pensamientos. Hasta ese momento solo había permanecido pensativa en una silla, aunque probablemente lo olvidaría. Había aprendido a vivir con todo aquello y simplemente superarlo, pero había veces que no podía evitar recordarlo. Rápidamente se hizo con dos botellas, extendiéndole una al contrario. Trató de forzar una sonrisa, cada vez alejando más lo ocurrido haciendo que se recuperara rápido. –¿Ya te has aburrido de bailar y de todas esas campistas? –alzó una ceja, acto seguido dandole un trago al liquido.
¿Y piensas continuar brindando? —no era una clase de advertencia o reto adelantado, simple curiosidad sobre el destino del equilibrio y la sobriedad de la menor con el pasar de la noche. Preocupación era el término que descansaba abajo de la lengua, algo que lo embargaba con más de un campista— ¿Eh? —ahí clara confusión, atención puesta sobre la fémina, lo había dejado casi desterrado y en el olvido— No, no, simplemente soy… pésimo bailarín—se rió por lo bajo, entretenido por el hecho de que su inicial comentario sea tomado con aquel nivel de seriedad por parte de la fémina— Aunque espero que tu noche no termine en una pelea nueva, por ejemplo. —otra simple tomada de pelo, el cigarro haciendo equilibrio entre sus labios encendiéndose en una rápida primera calada.
–Sí –sentenció, acompañando sus palabras con una sonrisa inocente. De alguna forma el alcohol la hacía divertirse más. Era una sensación extraña, una de pura libertad. Con ello, en su cabeza solamente existía el pensamiento de divertirse y bailar, lo último era algo que estaba deseando hacer, pero acompañada. –No te preocupes, simplemente improvisa. No creas que los campistas somos unos expertos –trató de animal, adornando sus facciones con una sonrisa. Aún recordaba la pelea por la cual el instructor se enfadó con ella. No fue una discusión seria, mas la británica había tenido motivos para verse envuelta en aquello. –Es muy probable que esta noche no haya ningún altercado por mi parte, de eso puedes estar seguro –le aseguró con total confianza, encogiéndose de hombros para restarle importancia al tema. Más tarde, en un intento de llamar su atención y que se despegara del cigarrillo, pellizcó su mano. Era una victoria para ella, debido a que era uno de los retos a cumplir aquella noche. –¿Entonces eso significa que bailarás conmigo? –cuestionó, mientras la esperanza invadía sus facciones.
Elevó un poco el tono de su voz para lograr hacerse oír por la contraria y luego, trató de oírla a pesar del potente sonido que resonaba allí abajo. La fiesta no estaba mal, pero aún buscaba algo más entretenido que quedarse de pie observando a los demás. —Veamos que tal está— murmuró, siguiendo la idea del a chica al dirigirse por dos vasos de ponche y después, extenderle uno. —Preferiría algo más fuerte en realidad, pero no está mal— opinó tras el primer sorbo encogiéndose de hombros.—¿Tú que crees?
Agarró el vaso que el contrario le ofrecía, llevándose el líquido casi desesperadamente a la boca. Era algo difícil de creer que, en todo el rato que la fiesta llevaba en marcha, no había bebido nada. –Debo decir que yo también prefiero algo más fuerte, aunque no sé si habrá algo por ahí –dijo, paseando la mirada por la sala. En una de sus manos sostenía el vaso, y en la otra su puño cerrado envolvía el papel que había recibido minutos atrás, con un reto escrito en él y que debía cumplir. Su idea era introducir un poco más de alcohol en ambos organismos, para que al final de la noche recordaran poco de aquello y también para evitar incomodidades. –¿Te apetece algo más fuerte?
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