«En efecto, ningún soldado sometido a la hipnosis del ejercicio que se llama disciplina, puede, estando en las filas a despecho de toda convicción política, dejar de obedecer al mando, de igual modo que ningún hombre puede dejar de entornar los párpados cuando su ojo está amenazado de recibir un golpe. Y los jóvenes reclutados a los veinte años, educados en la falsa escuela eclesiástica o materialista, pero siempre patriótica, están en la imposibilidad de negarse a servir, de igual modo que los niños no pueden negarse a ir al colegio cuando a él se les manda. Luego, entrados en el servicio, estos adolescentes, cualesquiera que sean sus convicciones, se transforman en un solo año, gracias a la disciplina perfeccionada durante siglos, en dóciles instrumentos de la autoridad.»
León Tolstoï: «A los políticos», en El gran crimen. Publicaciones de la Escuela Moderna, pág. 68. Barcelona / Buenos Aires, 1918.
TGO
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