seen from Russia
seen from Russia
seen from United Kingdom
seen from Argentina

seen from United States
seen from Argentina

seen from Canada
seen from Hong Kong SAR China
seen from Malaysia

seen from United States
seen from Mexico

seen from Australia

seen from United States
seen from China
seen from United States

seen from United States
seen from Hong Kong SAR China

seen from Chile
seen from United States

seen from Australia
«La vida humana se convierte en instante, y no porque supere la duración, sino porque se desvanece en la nada manifestando su vanidad en el seno de la mala finitud del tiempo en sí. En el ruidoso tic-tac del reloj se percibe el desdén de los años-luz por el palmo de la propia existencia. Las horas que ya han pasado como segundos antes de que el sentido interno las haya asimilado, anuncian a éste, arrastrándolo en su precipitación, que él y toda memoria están consagrados al olvido en la noche cósmica. Un olvido del que los hombres hoy se percatan de un modo obsesivo. En su estado de total impotencia, que se le ha dejado vivir le parece al individuo el plazo breve de un ajusticiado. No espera vivir por sí mismo su vida hasta el final. La posibilidad de la muerte violenta o el martirio, presente a cada uno, se continúa en la angustia de saber que los días están contados y la duración de la propia vida establecida en las estadísticas de saber que el envejecer en cierto modo se ha convertido en una ventaja ilícita que hay que sacar con engaño de los valores medios. Quizá esté ya agotada la cuota de vida dispuesta, con carácter revocable, por la sociedad. Una angustia semejante registra el cuerpo en la huida de las horas. El tiempo vuela.»
Theodor W. Adorno: Mínima moralia. Editorial Taurus, pág. 166. Madrid, 2001.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
OBJETO PERDIDO
Perdí algo sin ningún valor, nada de lo que no pudiera pasar; nada que albergara caros recuerdos; nada que no pudiera comprar en la esquina. Pero sólo porque no lo encontraba revolví sin fin todos los cajones; pasé tres horas dando vueltas y más vueltas. Perplejo, bajé al patio y miré a levante.
Cuando lució la primera estrella al filo del alero me pregunté por qué vivía... una duda inconexa que flotaba en mi cabeza. Bueno, ya van décadas que rumio eso. Claro... las respuestas no vienen así como así. Pero puedo buscar a fondo lo que perdí; alisarme la ropa, y con renovado valor volver a entrar en la sala, no sea que el conocido mobiliario haya expirado en la penumbra.
Tanikawa Shuntarō
Estoy pensando, todo el tiempo en esto
Entre medio de tantas cosas, a través de la tormenta en que convergen todas las dimensiones (como nos lo enseñan y aprendemos mediante saberes académicos) de lo social, lo económico, lo cultural; intentando inclinarme de cabeza verticalmente hacia mis sueños; con los pies sobre el suelo de lo real... Revuelvo mi propio huracán de pensamientos, sensaciones y deseos, sintiendo así mismo, la perplejidad ((de un) todo)
Mi persona tambalea entre la incertidumbre y la esperanza. Persigo las posibilidades de un mundo mejor sin teorizarlo en su totalidad, adaptando mis ideales a, justamente, las mismas posibilidades. Ser una soñadora, ser alguien, estudiar para ser, o trabajar para ser. Ser útil a la sociedad sin dejar de ser.
Una de las caras del amor es la muerte, en el humo de esta época eternamente juvenil. ¿Qué me queda ante ti sino la perplejidad de los reyes, los gestos del aprendizaje ante la crecida del río, las huellas de la caída de bruces entre la ceniza? La propia juventud decrece y trota la melancolía como una mula.
El vanidoso | Roque Dalton
«Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron: en efecto, los hombres —ahora y desde el principio— comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, y las del sol y los astros, y ante el origen del Todo. Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe (de ahí que el amante del mito sea, a su modo, “amante de la sabiduría”: y es que el mito se compone de maravillas). Así, pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el saber por afán de conocimiento y no por utilidad alguna. Por otra parte, así lo atestigua el modo en que sucedió: y es que un conocimiento tal comenzó a buscarse cuando ya existían todos los conocimientos necesarios, y también los relativos al placer y al pasarlo bien. Es obvio, pues, que no la buscamos por ninguna otra utilidad, sino que, al igual que un hombre libre es, decimos, aquel cuyo fin es él mismo y no otro, así también consideramos que ésta es la única ciencia libre: solamente ella es, efecto, su propio fin.»
Aristóteles: Metafísica. Editorial Gredos, págs. 76-77. Madrid, 1994.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
LA MONTAÑA
Algo me sigue de noche. Doy un respingo, me encojo, me paro, vacilando, y ardo. Pues desconozco mi edad.
De mañana es diferente. Me carea un libro abierto, tan cerca que no lo leo. Dime entonces ¿qué edad tengo?
Luego los valles embuten sus impenetrables nieblas como borra en mis oídos. Pues desconozco mi edad.
Tampoco es que me queje. Todos dicen que es mi culpa. Mas nadie me cuenta nada. Dime entonces ¿qué edad tengo?
Los jalones más profundos se aflojan lento, desvaen, como azuloso tatuaje. Pues desconozco mi edad.
Calan sombras, montan luces. ¡Luces que trepáis, rapaces! Nunca os demoráis bastante. Dime entonces ¿qué edad tengo?
Alas de roca cernieron con pluma templando pluma. Se han extraviado las garras. Pues desconozco mi edad.
Ensordezco. Los reclamos amenguan. Van las cascadas sin restaño. Se me escapa... Dime entonces ¿qué edad tengo?
Deja la luna colgando, los astros vuelan panderos. Yo quiero saber mi edad. Dime entonces ¿qué edad tengo?
*
THE MOUNTAIN
At evening, something behind me. I start for a second, I blench, or staggeringly halt and burn. I do not know my age.
In the morning it is different. An open book confronts me, too close to read in comfort. Tell me how old I am.
And then the valleys stuff impenetrable mists like cotton in my ears. I do not know my age.
I do not mean to complain. They say it is my fault. Nobody tells me anything. Tell me how old I am.
The deepest demarcations can slowly spread and fade like any blue tattoo. I do not know my age.
Shadows fall down, lights climb. Clambering lights, oh children! you never stay long enough. Tell me how old I am.
Stone wings have sifted here with feather hardening feather. The claws are lost somewhere. I do not know my age.
I am growing deaf. The birdcalls dwindle. The waterfalls go unwiped. What is my age? Tell me how old I am.
Let the moon go hang, the stars go fly their kites. I want to know my age. Tell me how old I am.
Elizabeth Bishop
di-versión©ochoislas
#laduda #incertidumbre #perplejidad #evidencia #convencimiento #bnw #blackandwhite #adelossantos https://www.instagram.com/p/Bt8WZXLBUne/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=soshf8jn46hu