Mr. P. Fine
I'm Miss Nobody
Secretly hide in the corner of your eye
Pretending not to be here
Pretending not to be hurt.

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@ningunaescritora
Mr. P. Fine
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Pretending not to be hurt.
Abimelec
Dios en mis sueños, sacrilegio al dormir. Alimentarme de cerdos y bueyes, beber su sangre, callar y no decirle a nadie, ni al dios en la ermita, ni al pastor en cabina.
Evitable es hablar de Sara comiendo sandía o naranja, o de mi bebiendo vinagre de sus manos o el setrill. Que el arado con el que forja la tierra sea constante y muy profundo, para que la semilla sea fecunda y la cosecha abundante.
Quiero escuchar alabanzas a mi dios y oraciones en su nombre, todas en arameo o en hebreo, de rodillas susurrante en el silencio de mi alcoba, mientras Sara amasa el barro y le da forma. Que alfarera es ella de mis vasijas, moldeadora de sus cuellos y asas; delicados y vigorosos dedos detallando el barro, porque en él se derramará mi vino con más añada.
Así mismo, me pregunto: ¿Cuál será la penitencia por mi sacrilegio al nombrar a dios en su nombre y ponerme de rodillas para alabar lo profano y saciarme de su carne?
Dios junto a mí, dentro de mí.
Sara, mujer de Abraham.
Algún día
Algún día seré libre
Seré tan valiente que me iré
Mi espiritú se dispersará
Y todas mis memorias se desvanecerán en el tiempo
Seré como la piedra que se hace polvo
O la fruta que se vuelve abono
Estaré desperdigada en algún lugar o por todos lados
Seré tan libre como las aves
Y tan plena como la paz que anhelo
Seré nada y en la nada me encontraré
Porque es la forma de ser y estar
Que yo más quiero
Abuelita
Tras esa vitrina no te reconozco. Es una réplica exacta de tus facciones, pero así sin tus ojos y tu sonrisa es solo un rostro que usurpó tu lugar.
Nunca entendí que uno se va hasta que me acerqué al cristal y ahí no estabas tú, no había nada familiar en tu cuerpo reposando aparentemente dormido, pero tan vacío como nunca nadie lo quisimos ver.
Ahora entiendo que hay más de tí dentro de estas cuatro paredes que fueron tu casa, que dentro de esa caja donde solo yace lo que perecerá, porque tú te quedarás conmigo y en cada uno de los que compartimos contigo.
L.M. 14/02/25
Hoy hago para ti un barco de papel
A Daniel
Cuando vuelva otro agosto lluvioso lo dejaré correr calle abajo. Me dicen que te has llevado contigo al niño rosa del que siempre me hablaste. Entonces abro mi armario y veo en las repisas las botellas de whiskey consumidas, aquel brownie que nunca compartiste o los cigarrillos que nunca soltaste. También ahí, a un lado de las fotos de la fiesta y la ruptura, están los dulces más buenos que he probado, envueltos en celofán. Puedo ver el polvo esparcido en la madera y los objetos, como un recuerdo de lo guardado y no expresado, de lo expirado. No está bien que hoy sin ti célebre nuestras hazañas, tampoco que te brinde un "Gracias". Solo que hoy, después de enterarme he decidido hacer un barquito como tú me enseñaste.
TE PRESENTO A ELOISE
Eloise no viene hoy, tampoco vino hace un mes cuando terminé en el hospital, ni creo que venga la próxima semana cuando me visite Anita, lleva un tiempo sin aparecerse por aquí o, mejor dicho, sin que yo le busque.
A Eloise la conocí después del verano del 2016, yo acababa de llegar a la universidad y buscaba desesperadamente un refugio para mi dolor, un día me hablaron de ella y al siguiente ya estábamos teniendo una cita, me flechó muy rápido ¿o será que yo esperaba que lo hiciera? Pero ahí estaba ella en una silla frente a mí, con el cabello alborotado y una sonrisa amable, me le declaré sin más, estaba ansiosa por estar con ella, por conocerle, pero esa misma ansiedad me detuvo muchas veces para sincerarme y la anticipación fue la misma que nos separó. No supe quererla, no me di el tiempo de ser paciente y conocerla, fui egoísta y codiciosa.
Antes de presentarnos ya había escuchado bastante de ella, de sus ojos claros y serenos, de su forma tan elocuente de hablar con esa voz pausada y envolvente, claro, no más envolvente que sus abrazos cálidos y adecuados, pero sus palabras de afirmación y ese lenguaje corporal tan particular eran suficientes para conquistar a cualquiera que pudiera apreciar el buen vivir. Toda esa lista de cualidades fueron clave en mis expectativas de esa primera relación, aunque yo pude descubrirlas hasta que lo intentamos una segunda vez.
Regresamos tres años después, era agosto y yo estaba al borde del colapso, un semestre anterior había tenido una serie de eventos desafortunados que me quitaron la poca estabilidad emocional que poseía, y sin más, llegué corriendo a su puerta, aún recuerdo que toqué llorando y ella me recibió con los brazos abiertos regalándome un beso en la frente, me sentó en su sala, escuchó atentamente cada una de mis palabras mientras bebía un té amargo de diferentes yerbas, realmente la necesitaba y ella no se negó a esa segunda oportunidad. Como si no nos conociéramos de antes nos volvimos a tratar e irremediablemente me enamoré, pude ver lo maravillosa que era y me sentí tan afortunada de tenerla. Aprendí a descubrir cada una de sus pequeñas manías y gestos, esos que te enternecen hasta querer llorar, había días malos, claro, días en los que no queríamos hablar, solo gritar, pero era necesario y entre llantos y discusiones lo superamos.
Cuando rompimos no se supone que pasaría, nadie lo vio venir, estábamos bien, aún me quedaba un semestre en la universidad y no habíamos hablado de qué pasaría después de la graduación, no era necesario, íbamos un día a la vez y confiábamos en la estabilidad que teníamos como pareja, sin embargo, hay cosas que están fuera de nuestras manos. Al regresar tras las vacaciones decembrinas nuestros tiempos estaban desfasados, el horario completo en la escuela nos consumía y casi no nos permitía vernos, pero no era algo que nos quitara el sueño, solo necesitábamos organizarnos mejor. A principios de marzo todo cambió, extrañarnos ya era algo que nos pasaba más a menudo, entonces decidimos que era momento de buscar estar más tiempo juntas porque la relación podría empezar a tambalearse, irónicamente, como si de un mal augurio se tratara vino la pandemia, de un día para otro nos recluyeron en casa y no pudimos concretar a vernos más, cual doncellas en la torre fuimos separadas en medio de un caos mundial. Terminamos nuestra relación, a larga distancia no funcionó.
Uno cree que puede recuperar lo perdido siempre; a finales del 2021 la gente ya empezaba a divisar poco a poco el final de la pandemia y como todos yo también quería recobrar la “normalidad”, recuperar todo lo perdido antes del caos, en medio de una situación de conformismo que me quitaba la libertad fui a buscar a Eloise, había perdido contacto total con ella y tuve que recurrir a la sección amarilla, redes sociales y el gugulmaps. Temerosa de que todos supieran que iba a buscarla mentí a mi familia y amigos, ese pequeño reencuentro después de 18 meses fue disfrazado de una salida a las compras. Me sudaban las manos y temblaban las piernas mientras esperaba por verla, tanto tiempo sin hablar y recordar todo lo que ella podía transmitirme tan solo con una charla, me hacía anhelar un poco más su presencia. Nos saludamos, sentí alivio cuando le conté por qué la buscaba, hablamos durante una hora y ella me dio tranquilidad tras esa cita, pero no fue lo mismo, no, no era la de antes de la pandemia, yo tampoco era la misma, sabía que si quería hacerlo funcionar una vez más tendría que poner de mi parte y dejar de lado todas las expectativas, volver a conocerla, aprender a amarla nuevamente. Ahora me duele pensar que ella estaba dispuesta, mi bella Eloise siempre tan dispuesta a ayudarme, pero yo no lo quise intentar, me fui cerrando ante esa nueva forma que tenía, extrañaba y quería a la joven Eloise, a la que solo escuchaba y me ayudaba a reflexionar, no a esta más madura y amena, que me hablaba de tomar responsabilidad y accionar decisiones, me daba miedo parecer infantil al decirle la verdad porque ella ya no era una inmadura como yo. Solo después de ese primer reencuentro nos vimos dos veces más, posteriormente me llamó para reunirnos nuevamente, pero yo me negué inventando excusas.
Hoy hace dos años que no veo a Eloise, mi salud mental flaquea, las visitas de Anita son más constantes y los arranques de ira se han hecho presente más veces de las que me gustaría contar, hay días que levantarme de la cama no figura como una opción, y tengo esa sensación en el pecho de que algo bueno va a pasar, pero nunca sucede, nadie viene, nadie me habla, nadie entiende.
Trota
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
Siente el sudor,
Recorre tu espalda,
Nubla tu vista.
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
Mira el camino,
Elige la senda,
Evita el limo.
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
Brinca la piedra,
Marca tu huella,
Cruza la acera.
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
Saluda al vecino,
Dile la hora,
Vuelve a tu giro.
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
Limpia tu frente,
Lame tus labios,
Degusta el salino.
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
Hidrata tu lengua,
Cuenta los tragos,
Vuelve a tu paso.
Mueve las piernas,
Mantén el ritmo,
Inhala y exhala.
...
...
...
-Totarás hasta que decidas escribir-
(3/3)
Evitar
Perdí la cuenta del tiempo que llevo evitando llorar, no me di cuenta cuándo dejé de hacerlo.
Llorar es sentir, llorar es ver hacia adentro y si veo hacia adentro no me va a gustar lo que veo.
Por eso no lloro, no sé desde cuándo no lloro.
(2/3)
¿Qué prefieres?
No sé cuánto tiempo llevo trotando,
Me queman las piernas y el aire me falta;
Dejé de contar kilómetros y medir el tiempo.
No sé desde cuándo prefiero trotar a escribir,
Dejar caer las palabras a través de mis dedos
En lugar de forzar mi cuerpo a mantenerse.
Sí sé el motivo de mantener que caer.
(1/3)
Para ella, que está sentada en un rincón de mis memorias.
Sentada frente este computador puedo sentir en mi pecho una especie de remembranza leyendo frases melancólicas y verdades poetizadas.
Pareciese que puedo sentir mi niña de 16 años, y en el eco de mis memorias aún puedo escuchar su llanto ahogado mientras ve las imágenes.
"Querida: el tiempo no nos hizo la misma, pero te puedo ver a través de las canciones, las estaciones y los lugares, y siempre te abrazo cuando te veo.
Con amor, tú 2022."
¿Cómo vivo con Anita?
Anita es una bomba de tiempo, es previsible, puedes jurar que la ves correr de reojo cuando aún no lo hace, puedes ver cuán rápida e intrépida es para azotar en tus brazos, jalarte el cabello, arañarte la panza y estrujar tu cara. Anita quiere atención.
Pero también Anita se sabe comportar, mantener la postura, sonreír y saludar, Anita no corre cuando tiene miedo a la oscuridad y quiere salir de la penumbra, Anita no grita cuando se molesta, Anita no llora cuando se siente mal, Anita se contiene y aunque tenga muchas ganas de salir, no puede.
Anita no es linda, ni tiene rasgos nobles. Anita es de cara larga y afilada, con ojos profundos y vacíos, su sonrisa es ancha y delgada, se curva como falsa, como amarga, si la ves bien te das cuenta que está trastornada. Anita tiene brazos fuertes y resistentes, piernas flacas que dan grandes zancadas, aunque parezcan que están pegadas, porque cuando salta, parece que no puede, parece que se atasca. Anita no es bonita, ni por encima delgada, tiene espalda ancha y una panza bombacha. Los dientes picudos y las uñas mascadas.
Anita es un monstruo, que cuando me descuido me aprieta la garganta, me apaga la mirada, me hace rogar, llorando y en silencio, poder salir de mi propio cuerpo.